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EL HOMBRE EQUIVOCADO
EL HOMBRE EQUIVOCADO
Por: Sofy
El inicio del fin

Mi cuerpo tiembla ligeramente ante la incertidumbre de lo que está a punto de ocurrir, mis ojos vendados no me permiten darme cuenta de lo que ocurre a mi alrededor. La habitación se ha impregnado de una fragancia fresca e intensa. Pisadas firmes se acercan hasta mí. Una mano grande recorre con delicadeza mis piernas desnudas y una voz que me parece familiar comienza a sonar. . .

Estoy a punto de entregar mi virginidad a cambio de dinero, si me hubiesen hecho esta propuesta hace un par de meses, me habría reído a carcajadas… no tenía la necesidad, había una persona que se preocupaba por mí, pero ahora mi vida ha dado un giro de 180°, podrían decirme que esta no es la única opción, pero en mi desesperación fue la única alternativa, ¿qué podía ser una chica en mi situación? Solo soy una estudiante con un puesto de pasante de medio tiempo, un historial crediticio nulo y sin nadie a quien poder recurrir

...... La venda cae de mis ojos y mi corazón late con fuerza al ver al hombre que tengo parado frente a mí

. . . . . . . . . . . . . . . .

Hace un mes

Cuando la alarma suena, mis ojos ya se encontraban mirando al techo de la pequeña habitación, últimamente no he podido conciliar bien el sueño y es que muchas preocupaciones rondan mi cabeza desde hace un tiempo, he acumulado muchas deudas universitarias y aunque trabajo en una de las agencias publicitarias más importantes, mi sueldo es muy bajo, ya que solo soy una pasante. El tema más importante que me tiene preocupada es que hace tres meses que no sé nada de mi hermana Stella, ella era la encargada de cubrir mis gastos universitarios, pero ese no es el punto, sino que Stella jamás me abandonaría de esta manera, sé que algo malo le ha pasado y peor aún es no tener idea de cómo está, no tengo a quien recurrir, mi padre se niega a verme y sus estúpidas esposa e hija tampoco me dan razón de mi hermana....

Cuando salgo de los dormitorios, el reloj marca las siete en punto, corro hasta la parada de autobuses para alcanzar el que está llegando, no quiero que se me vuelva a hacer tarde, ya que el día de ayer fui regañada frente a todos por llegar solo quince minutos tardes y el autor de ese bochornoso momento fue el mismísimo directo genera, el señor César Kouris, un tipo apuesto, pero arrogante a más no poder, nada que ver con su hermano, el señor Orlando es un encanto, amable, inteligente, generoso y sobre todo aún más apuesto, el tipo de hombre con el que todas las mujeres sueñan.

Al llegar al trabajo, me alegro al darme cuenta de que he llegado muy temprano, así que como compensación voy hasta la despensa y comienzo a prepararme un delicioso café gourmet..... esta es una de las cosas que amo de esta agencia, consienten a sus empleados con deliciosos aperitivos. Me siento en una de las sillas altas para disfrutar de diez minutos de relajación mientras el resto de mis compañeros llegan.

Cuando voy hacia mi escritorio veo al señor César rebuscando entre los archiveros.

— buenos días, señor, ¿necesita algo? - pregunto con amabilidad. Su mirada se clava en mí por unos instantes antes de apartarla con indiferencia

— sí, los documentos de la cuenta Harper.

— deme un momento, yo se los doy.

— llévalos a mi oficina - dice sin siquiera mirarme a la cara o decirme un simple gracias … Mi abuelo siempre decía que las palabras mágicas eran por favor y gracias, dos simples palabras que podían cambiarlo todo.

— si señor - digo al viento, ya que ese cretino se ha alejado sin prestarme más atención.

En primer lugar, comienzo a organizar todo lo que el director general ha desorganizado. Cuando al fin encuentro los documentos voy hasta su oficina y agradezco al ver a Elisa, su secretaria

— buenos días, Elisa

— hola Rowan, buen día

— tu jefe quería estos documentos

— muchas gracias, ya mismo se los llevo

— gracias

Vuelvo a mi escritorio y comienzo a prepararme para trabajar.

— es hermoso ese hombre —escucho a Scarlett murmurando a mi espalda

—¿quién?— pregunto sin despegar la vista del monitor

— el señor Orlando— cuando levanto la mirada, el señor Orlando va pasando frente a nosotras

— buenos días, señoritas — nos saluda, mostrándonos esa encantadora sonrisa que provoca un sin fin de emociones en cualquier mujer.

— buenos días, señor - respondemos al unísono. No puedo evitar emocionarme cuando sus ojos verdes se posan sobre mí por tan solo un par de segundos y las comisuras de sus labios se levantan ligeramente.

...

Son las doce y treinta de la tarde cuando me levanto de la silla, tomo mis cosas y me despido del resto de mis compañeros. Voy hasta los ascensores y cuando una de las puertas se abren entro a toda prisa, ya que se me hace tarde para mi primera clase, pero quedo tiesa al darme cuenta de que los hermanos Kouris están dentro de la caja metálica.

— Rowan! ¿Aún sigues aquí? Se supone que tu salida fue hace media hora. — dice el señor Orlando

— si señor, es solo que debía terminar de revisar un par de archivos.

— ¿no se te hace tarde para la universidad?

— solo un poco, pero tomaré un taxi.

— si gustas te puedo llevar— mi corazón late con fuerza cuando mi jefe se ofrece a llevarme

— hermano, recuerda que tenemos una junta dentro de una hora.

— pero sí me da tiempo de ir y venir.

— no se preocupe señor, un taxi ya me está esperando.

— está bien, pero hablaré con Karina para que te deje salir a la hora correspondiente

— no hay problema, solo fue por el día de hoy.

— bien, pero aun así, solo eres una pasante y el trabajo no debe afectar tus clases…

— gracias, señor— las puertas se abren al fin - buenas tardes y con permiso — digo antes de alejarme de aquellos dos, solo espero que ninguno se diera cuenta de lo fuerte que late mi corazón ahora mismo

*****

César Kouris

— ¿te gusta esa chica?— le pregunto a Orlando al ver las atenciones que ha tenido con Rowan ... Casi nunca me aprendo el nombre de los empleados a menos que trabajen directamente conmigo, pero el de esa chica es un nombre inusual así que se ha quedado grabado en mi mente.

— bueno... es una chica muy guapa a demás muy inteligente y talentosa.

— ¿te interesa?

— ¿no puedo ser amable solo por qué si?

— ¿eso es un no?

— ¡cállate ya!! O pensaré que a ti es a quien le interesa

****

Rowan

Cuando termina mi última clase, me dirijo hasta las oficinas de la universidad para pedir una prórroga, pero me es denegada, son varios los meses que llevo de atraso, me han dado solo un mes y eso fue mucho, para pagar el total de la deuda… podría postularme para una beca, pero solo cubriría el 50% de los gastos y a demás es un trámite que lleva tiempo así que por ahora no es una opción.

Llamo una vez más a Stella pero nadie responde. Me armo de valor y voy hasta la casa de mi padre.

— ¡señorita Rowan! - dice con sorpresa Emilia al verme parada en la entrada

-¿qué hace aquí?

— hola Emilia¿está mi padre?

— sí, pero no sé si quiera recibirla

— podrías decirle que estoy aquí

— deme un momento - Emilia entra a la casa y después de unos minutos, tras de ella sale también mi padre con una cara de pocos amigos

—¿qué haces aquí?— pregunta con el ceño fruncido

— pa… Papá - digo con dificultad y es que al verlo molesto, mi lengua se ha comenzado a trabar.

— ya te he dicho que no me llames así - mis ojos se vuelven cristalinos ante su desprecio.

— ¿sa..sabes al.. go de Stella?, hace m... meses q.. que no sé nada d.. de ella

— ni siquiera puedes hablar bien ¿eres estúpida?... - deja escapar un suspiro de decepción - Stella se mudó al extranjero por cuestiones de trabajo.

— p.. pero ella n..no me di.. jo nada

— se cansó de cargar contigo, eres como un lastre para toda la familia. — las lágrimas comienzan a caer sin parar.

— vete de mi casa y no vuelvas, no me gustaría que me relacionaran contigo.

— ¿por.. que no m.. me quieres? —pregunto con la voz entrecortada

— ¿por qué habría de querer a la bastarda de mi exesposa? Tú no eres mi hija Rowan, métete eso en la cabeza, si te cuidé por años fue por qué Otto me lo pidió, pero él ya no está más con nosotros así que no debo de preocuparme más por ti.

Mi padre, o más bien Octavio, se da la media vuelta y se marcha mientras Emilia me dedica un gesto de lástima. No puedo más con mis sentimientos y comienzo a llorar como una niña pequeña. Caigo de rodillas al suelo mientras un llanto desgarrador sale de lo más profundo de mi pecho, extraño a mi abuelo, extraño a mi hermana. Lloro hasta que no puedo más, mi voz se ha vuelto ronca y mis ojos se han secado al fin.

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