Luna
Mía estaba profundamente dormida, abrazando su oso de peluche con fuerza, con las sábanas revueltas alrededor de su cuerpecito. Su respiración era tranquila, acompasada, y de vez en cuando murmuraba cosas incomprensibles entre sueños.
Yo, en cambio, estaba sentada en el sillón junto a su cama, mirándola con la cabeza apoyada en la mano.
Nunca pensé que un trabajo que tomé por dinero me afectaría tanto.
Al principio, todo esto fue un reto, un juego para desafiar a Alexander y su ridícula manera de controlar cada aspecto de la vida de su hija. Pero ahora… ahora era diferente.
Mía me importaba.
AlexanderNunca antes había conocido a alguien tan obstinada, tan irreverente y tan absolutamente incapaz de seguir instrucciones como Luna Martínez.Desde el momento en que puso un pie en mi casa, supe que sería un problema. Uno grande.Y no me equivoqué.Cada día, cada maldito día, encontraba una manera de desafiarme. De empujar los límites que establecí con tanta precisión para la educación de Mía.Le permitía correr cuando debía caminar. Le dejaba ensuciarse cuando debía permanecer impecable. Le enseñaba a reír fuerte cuando la disciplina requería silencio.Era una molestia.Pero más molesto aún era
LunaCuando acepté este trabajo, lo hice por el dinero.Ahora… ya no estaba tan segura.El problema no era Alexander Black, aunque me sacara de quicio con sus normas estrictas y su manera de actuar como si fuera el dueño del mundo.El problema era Mía.Esa niña se estaba metiendo bajo mi piel sin que me diera cuenta.Y en esa noche en particular, no pude hacer nada para evitarlo.Eran las dos de la mañana cuando escuché un ruido.Al principio, pens&ea
AlexanderLuna era un maldito problema.Uno que cada día se volvía más difícil de manejar.Lo supe desde el momento en que apareció en mi oficina con su actitud desafiante y esa maldita sonrisa burlona que me sacaba de quicio.Pero anoche…Anoche fue diferente.Entrar en esa habitación y verla con Mía entre sus brazos, susurrándole una canción mientras mi hija dormía plácidamente, había sido un golpe que no vi venir.Era la primera vez que veía a Mía así de… tranquila.Feliz.Segura.
LunaNo iba a mentir.Sabía perfectamente que lo que estaba a punto de hacer era una completa locura.Que Alexander se pondría furioso.Que probablemente intentaría despedirme.Pero cuando vi la forma en la que los ojos de Mía brillaron al ver los juegos de la feria desde la ventana del coche, no pude evitarlo.—¿Alguna vez has ido a una feria, princesa? —pregunté con fingida inocencia.Mía negó con la cabeza, sus rizos d
AlexanderNunca nadie me había sacado tanto de quicio.Jamás.Pero Luna Martínez tenía un talento especial para desafiarme.La maldita se las ingeniaba para hacer exactamente lo que le pedía que no hiciera, y peor aún, lograba que Mía la viera como su heroína.Y ahora, después del desastre de la feria, después de que su pequeña travesura apareciera en cada maldita página de espectáculos, debería despedirla sin pensarlo.Debería querer borrarla de mi vida.Y sin embargo, no podía.Porque Mía…
LunaOdiaba los tacones.Los vestidos largos.Las fiestas elegantes.Odiaba todo lo que tuviera que ver con eventos de gala y protocolos absurdos.Y sin embargo, ahí estaba.Metida en un vestido que costaba más que mi sueldo de tres meses.Con el cabello recogido en un peinado que me daba dolor de cabeza.Y con unos tacones que claramente habían sido diseñados por alguien con una sed insaciable de venganza contra la humanidad.Todo porque Mía me lo había pedido con esos ojitos de cachorro que me hacían imposible decirle que no.
LunaSi hay algo que me revienta en la vida, además de los hombres con complejo de superioridad y las reglas absurdas, es estar sin dinero.Y en este momento, mi cuenta bancaria parece un páramo desolado.Me gustaría decir que es la primera vez que estoy en esta situación, pero la realidad es que mi vida ha sido una montaña rusa desde que tengo memoria. Perdí la cuenta de las veces que tuve que salir adelante sola, de las veces que me caí y me levanté con los nudillos sangrando, lista para pelear otra vez. No me quejo, soy una sobreviviente, pero joder, a veces la vida podría darme un respiro.Y no, no es que gaste en tonterías ni que sea una irresponsable. Es que los imprevistos me persiguen como si les debiera dinero. Literalmente.—Mierda… —murmuro al ver la notificación de mi banco.Saldo insuficiente.Otra vez.Aprieto los dientes y suelto un bufido mientras recorro las calles con el celular en la mano, buscando alguna oferta de trabajo. Llevo semanas enviando currículums sin éxi
AlexanderEn el mundo de los negocios, la eficiencia lo es todo. No hay espacio para errores, improvisaciones ni sentimentalismos.Así es como he construido mi imperio.Así es como mantengo el control.Y así es como he logrado convertirme en uno de los hombres más poderosos del país.Mi agenda está cronometrada al segundo. Cada reunión, cada decisión, cada acuerdo se planea meticulosamente. No hay margen para distracciones. No hay margen para el caos.Excepto en un aspecto de mi vida.Mi hija.Mía tiene cinco años y, aunque es mi sangre, sigue siendo un enigma para mí. Es un torbellino de emociones, palabras y energía. Algo que no sé manejar. Algo que… no encaja en mi mundo ordenado.Por eso necesito a la mejor niñera.Una mujer con experiencia, disciplina y, sobre todo, discreción. Alguien que entienda que mi hija necesita estructura y estabilidad, no mimos y concesiones.Alguien completamente opuesto a la mujer que mi asistente acaba de traer a mi oficina.—Señor Saint-Clair, le pre