Sofía soltó un gritito e inmediatamente se llevó las manos a la boca, tratando de cubrirla para no ser escuchada por el personal de servicio. Al hacer aquello, dejo caer el libro al suelo, del cual salió una fotografía de Eva y Demian juntos.
En aquella foto tanto Eva como Demian llevaban ropa de playa, el pecho de aquel hombre estaba descubierto, la abrazaba de manera tan íntima, Sofía dejo volar su imaginación.
Una oleada de celos, coraje, ira y frustración, la invadieron, Eva estaba enamorada de Demian al igual que ella, su hermana le llevaba ventaja, bastaba con ver aquella foto.
Pero una idea cruzo por su mente, algo era cierto de todo lo escrito ahí, entre ellos dos no podía haber nada, técnicamente eran…
- ¡HERMANOS! - Grito la chica al continuar leyendo como era que la fantasía que vivía Eva no era tan fantasiosa como ella describía.
Sofía se sentía evidentemente molesta, molesta, era poco, furiosa, era el término correcto. Ella ya tenía todo un plan de vida a lado de Demian, era el plan tonto de una adolescente de 16 años, uno que solo en su cabeza sonaba bastante bien.
- ¡Eres una m*****a mosca muerta! ¿Cómo demonios no lo vi? ¿Cómo es que esa idiota lo tiene a sus pies? – Se preguntaba y decía en voz alta.
Sofía quería llorar de coraje, Eva escribía varias cosas buenas ocurridas entre los dos. Sofía se sintió en desventaja, ya que ella apenas contaba con 16 años y Eva casi cumplía los 18 años, si ellos estaban enamorados y se querían casar, nadie se los podría impedir, nadie… Se decía para sí misma, hasta que algo volvió a cruzar su mente.
- ¡Claro, si la puedo detener! Al menos no yo, pero sí sé quién puede… - Dijo en voz casi inaudible.
En una parte de aquellas notas, Eva decía que lo que sentía por aquel joven apuesto, no podía ser posible, “Sus familias no se los permitirían”.
- ¡Eva eres una m*****a zorra desgraciada! Pero eso, eso hasta aquí llego… ¿Qué crees que digan tu adorado padre y madre de todo esto? Seguramente se desharán de ti, así como mi padre te dejo, ellos también…
Sofía salió de la habitación con el diario y la foto en mano, sabía que tenía que hacer y, lo haría ahora mismo. Sin un plan y llena de coraje, saco su móvil y busco el número de su hermana…
Mientras tanto, ajena de toda la tormenta que se avecinaba, Eva y Margarita reían de alguna tontería. Margarita era la única que conocía el secreto de Eva, antes muerta que soltar ese temido secreto, siempre le repetía a Eva.
La amiga de Eva, le recomendaba que se olvidara de su hermano, el mar estaba lleno de peces, eran jóvenes y bellas, cualquiera bien podría ser un prospecto interesante. Aunque en el corazón de Eva, solo había espacio para Demian, su interés, sus pensamientos y anhelos solo eran para él.
Casi pedían la cuenta cuando el móvil de Eva sonó, vio un número desconocido, no le hizo mucho caso, al menos no le dio importancia hasta que su móvil, comenzó a sonar como loco, ella lo sacó y vio cómo una gran cantidad de mensajes le llegaron del mismo número.
- “¡Eres una zorra! ¡Eres una fácil!”
- “¡Eres una puta!”
- “¡Maldita huérfana! ¡Maldita mosca muerta!”
- “¿Qué vas a hacer cuando tus padres se enteren?”
Eva leyó los primeros mensajes, obviamente no necesitaba ser adivina para saber de quién provenían, era obvio, ella no tenía registrado el número porque era de Sofía Díaz, su hermana y entre más lejos estuviese de ella, mejor.
La chica puso los ojos en blanco, creyendo que solo lo estaba haciendo para molestarla, pero, un sudor frío comenzó a recorrerla cuando comenzó a ver las fotografías de algo que su “hermana” le había enviado.
Fotos con hojas escritas, estaban marcadas con resaltador amarillo, era la letra de Eva, eran las hojas de…
- ¡MI DIARIO…! – Grito Eva levantándose de su mesa con las manos y mentón tembloroso.
Los ojos de Eva se llenaron de lágrimas y no sabía bien qué hacer, pero estaba segura de que, en las manos equivocadas, como en las de Sofía, aquellos textos podrían ser demasiado dañinos.
- ¡Eva! ¡Eva! ¿Qué sucede? – Dijo Margarita angustiada al ver a su amiga llena de preocupación.
- Es… ES… ¡ES SOFÍA! ¡MI M*****A HERMANA! Ella… Ella… Tiene mí, ¡MI DIARIO!… – Grito entre lágrimas, Eva.
Margarita no tenía que escuchar mucho, al ver los ojos llenos de terror de su amiga, entendía que eso no era nada bueno…
- Eva, ¡Tranquila! Vamos, te llevo a casa, vas y le arrebatas el puto libro y lo quemas…
- ¿Y las fotos? – Dijo Eva angustiada.
- Rompemos el maldito teléfono… ¡Anda entre las dos lo hacemos! Pero cálmate, vamos inmediatamente.
Mientras Margarita conducía a casa de Eva, podía ver cómo su amiga estaba llena de angustia.
- ¡Lo sabía! Algo me lo decía hoy por la mañana, ahora entiendo por qué la opresión. Pero si he de ser muy idiota, dejé mi diario en la mesita de noche, olvidando por completo que Sofía estaba ahí. – Decía Eva en voz alta.
- ¡No es tu culpa, Eva! Ella no tiene por qué meterse a tu habitación y menos sin permiso…
- ¡Ella es un maldito dolor de cabeza! ¿Crees que le va a importar si tiene o no permiso de entrar a mi habitación?
Al llegar a casa, Eva pudo ver cómo su madre y padre, además de Sofía, se encontraban en la sala, ambos tenían las hojas de aquel libro que contenía años de pensamientos, de recuerdos y sí, de dolorosas y penosas confesiones.
No tuvo que ser muy lista para darse cuenta de que Sofía había puesto principal énfasis en la parte que ella guardaba celosamente. Eva sintió una punzada en su pecho al ver cómo su madre y su padre le dirigían una mirada de entre incredulidad y molestia.
Al estar en la entrada, no se percató, pero sentado al fondo, se encontraba Demian, quien sostenía su diario, el cual tenía celosamente cerrado. Aquel hombre se notaba angustiado, avergonzado y, hasta cierto punto, indefenso, le dolía, pero ahora no tenía argumentos para defenderla.
- Eva, ¿Tienes algo que decir sobre esto? – Se escuchó la voz gruesa de Sebastián Monroy.
--- Actualmente ---
- ¿Abeja? ¡Despierta cielo! Hemos llegado… - Dijo Demian al abrir la puerta del lado de Eva.
- ¡Oh! Perdona… Me quedé profundamente dormida… - Dijo Eva limpiándose las lágrimas de los ojos.
- ¿Estabas llorando? – preguntó Demian con interés.
- ¡Ah, no! ¡No! ¿Cómo crees? Me lloran los ojos con el clima… Normalmente, uso anteojos para evitar eso, pero los traigo en el equipaje.
- Niña, ¡Ahí están bien…! - Dijo Demian mientras movía la cabeza en negación.
Cuando Eva y Demian regresaron a la casa, su madre adoptiva, Martina, los estaba esperando.
- ¡Mi cielo! ¡Mi niña! ¿Cómo estás? ¡Te extraño mucho! ¿Tienes hambre? Tu hermano llamó para decirme que habías vuelto e inmediatamente preparé tu comida favorita. – Dijo Martina, partiéndose en abrazos y demostraciones de afecto.
Martina Monroy era una buena mujer, solo que el hecho de enterarse de que su niña, su bebita había puesto los ojos en su propio hermano; uno le dolió, dos le angustió y tres, le decepcionó. El cúmulo de emociones que se sintieron en aquella época, había sacado lo peor de ella y su esposo; sin embargo, no habían tomado en cuenta cómo se sentía su hija, que de pronto, volvía a perder a toda su familia.
Eva se sorprendió al escuchar el tono tan cálido que su madre usó al hablarle, ya que 6 años atrás, sus últimos días en México, Martina evitaba lo mayormente posible el contacto con su hija y si por alguna razón hablaban, el tono era frío y cortante. Antes de lo ocurrido, el que la llamara Eva sonaba tan dulce y cálido, después de lo ocurrido, Eva se sentía como el frío del invierno.
- ¡Eva, cielo! ¡Mi niña…! ¿Qué descortesías son esas? Llegas y no saludas… - Dijo Sebastián en tono mandón.
Eva pudo ver a su padre, el cual pareciera que la vida no le había pasado, era claro que su cabello pintaba algunas canas, pero seguía siendo el mismo hombre que ella recordaba.
- ¡Pe… Perdón, papá! – Dijo Eva, apenada por no haber avisado de su llegada.
Sebastián sonrió y tomó la mano de su hija, la atrajo hacia su pecho, la abrazó fuertemente y dijo:
- ¡Mi niña…! ¡Te hemos extrañado! Me alegra tanto que estés de vuelta en casa… - Decía mientras la estrujaba fuertemente.
Mientras ello sucedía, Eva se percató de la hermosa mujer que estaba parada detrás de su padre, la chica era bella, muy bella, no era muy alta, su cuerpo era delgado, pero atractivo, tenía rasgos muy finos y unos preciosos ojos color verde claro.
- Demian, ¿Todo está bien? – Dijo aquella chica.
El padre de Eva dejó de abrazarla y dijo:
- ¡Oh! ¡Perdonen! Creo que estamos siendo muy mal educados. – Dijo Sebastián volteando a ver a la chica detrás de él.
- Eva, ella es Melissa Mendoza, la prometida de tu hermano…
Eva miró a la chica y sintió cómo la enterraban un cuchillo en el corazón, aquel cuchillo se le clavó más cuando Demian se acercó a la bella mujer esbozando una amplia sonrisa, la abrazó y la besó en los labios.
En la cena, Eva no tenía apetito, a pesar de que toda la mesa estaba llena de sus comidas favoritas. Tenía que admitir que Melissa y Demian eran una pareja perfecta, ni siquiera pudo fingir una sonrisa cuando vio la forma en que Demian cuidaba a Melissa.- Eva ¿Volviste a México como viaje de graduación? ¿Regresarás a Boston para trabajar en el futuro? - Martina preguntó con gran interés.- ¡Quiero quedarme en México! – Dijo Eva con sinceridad.Martina la miró con sorpresa y luego miró a Demian.- No te había escuchado mencionarlo, ¿Por qué es tan repentino? – Dijo Martina un tanto sorprendida y sin ocultar aquello.Eva capturó con precisión este momento y los cambios de emociones en los rostros de todos, incluso el de Melissa.- ¿Puedo quedarme en México? - Preguntó en lugar de responder a la cuestión de Martina.Toda la mesa estaba en silencio, Eva sabía que aquí nadie esperaba realmente que ella regresara.- ¿Cómo está tu amiga? ¿Necesitas mi ayuda? – Preguntó Demian rompiendo el i
A la mañana siguiente, casi sin poder cerrar el ojo durante toda la noche y con el corazón roto, cuidadosamente, Eva salió apresuradamente de casa de sus padres, dejando avisado que iría a ver a su amiga al hospital.Luego de escuchar la conversación de ayer, tenía nulas ganas de permanecer ahí, aún tenía mucho que pensar, no era millonaria, pero bien tendría que pensar en un lugar donde permanecer, donde convertirlo de ahora en adelante, en su lugar seguro, en su hogar.Minutos después de tomar un taxi de aplicación, llego al hospital, solo para encontrar a una Sara completamente despierta y furiosa. Aunque Sara al verla quería lucir solemne y tranquila, era evidente que no lo estaba, la llamada que estaba atendiendo se lo demostraba.- ¿Cómo pudo hacer esto? - Dijo Sara enfadada - Ha copiado nuestro nuevo producto y está discutiendo inversión con la empresa Mendoza.La empresa Mendoza es una empresa con la que estaba hablando de cooperar antes de enfermarme, pero ahora él me la va a
Alejandro Mendoza era un economista seguro de sí mismo, ambicioso y con una gran habilidad para manipular las circunstancias a su favor y, aunque su fachada denota su extrema confianza. El hombre que parecía ser intocable e inalcanzable poseía una profunda humanidad detrás de aquella imagen de éxitoAlejandro y Demian eran amigos desde que estaban en pañales, pero aunque eran amigos, ambos eran completa y absolutamente diferentes.El hombre se había percatado de la presencia de Eva Díaz cuando miro por el amplio ventanal mientras estaba reunido con Mark Thomson, el hombre al verla, sonrió y por dentro se preguntó de la razón de su presencia, por lo que sin que Mark lo notara, el hombre había accedido a las cámaras de recepción.Mark Thompson se había presentado ante él, ofreciendo varios beneficios si Alejandro desistía de su acuerdo con Sara y se pasaba al “equipo ganador”. Incluso para Alejandro aquella acción se le hacía repudiable, pero no lo expresaba al instante.Una vez que Ale
Eva salió rápidamente de la oficina de Alejandro, jamás imagino tal escenario, podía sentir como su rostro se encontraba rojo como un jitomate, como una cereza, no como una fresa, bien podía sentir como sus mejillas estaban calientes al igual que sus orejas.El hombre frente a ella, el hombre que infinidad de veces vio a lado de Demian era todo un egocéntrico, sabía perfectamente quien era y lo que valía, pero todo ello le molestaba a Eva.- Eva, Eva… Solita te metes en problemas. – Decía en voz alta.Molesta salió del edificio Mendoza y se dirigió inmediatamente al hospital, conforme iba llegando a este, el rubor y calor que le había provocado la pena de estar frente a ese famoso CEO, se iba disipando.- Eva, Eva ¿Cómo te fue? – Dijo Sara al verla llegar.- Sara no sé cómo explicarlo, ¿Estas completamente segura de que ya habías hablado con Alejandro Mendoza?- Si… Es un hombre serio, de pocas palabras, pero es muy bueno en lo que hace, si conseguimos su apoyo, créeme S&M se ira muy,
Eva llegó a casa de sus padres, todo el día había transcurrido de manera tan rápida que ni siquiera tuvo tiempo de pensar en lo que había escuchado una noche antes. Al llegar, lo recordó, le dolió, evidentemente le dolió, pero se hizo una nota mental para buscar un lugar donde vivir al día siguiente.- ¿Eva? ¿Eva, eres tú? – Se pudo escuchar la voz de Martina.- ¡Hola, mamá! Perdón, llevo un poco de prisa… - Dijo Eva corriendo al subir las escaleras.- Eva, hija, baja a…- Perdón, mamá… No puedo… - Grito Eva a lo lejos.- ¡Ay, esta niña! ¡Discúlpala!- ¡No se preocupe…! ¿Cuándo regreso?- Ella regresó ayer… Ella dice que viene por una temporada, aunque yo preferiría que continuara en Boston, allá existen muchas buenas oportunidades, pero Demian me dijo que viene a ayudar a su amiga que está gravemente enferma.- ¿Qué tiene?- Demian me dice que no se sabe, pero bien podría ser Lupus…- ¡Vaya! No lo sabía…- No es como si conociéramos a la chica, la verdad es que Eva casi no nos cuenta
El camino hacia el restaurante que había reservado Alejandro fue silencioso, el hombre llevaba el ceño fruncido y se notaba que estaba concentrado en lo que estaba haciendo. A su lado, una Eva nerviosa y un tanto preocupada, trataba de calmarse mirando hacia el exterior.Al llegar al lugar, el hombre bajó y Eva desabrochó el cinturón al voltear. Ya tenía la mano del hombre frente a ella para ayudarla a bajar.- ¡Gracias! – Dijo Eva un poco nerviosa.- ¡Anda! ¡Vamos! ¡Supongo que estás lista…! - Dijo Alejandro, mirándola muy seguro de sí mismo.- ¡Sí! ¿Mi maletín? – Preguntó Eva nerviosa.- ¡Vamos a cenar! – Dijo Alejandro con un tono serio.- Señor Mendoza, un placer… - Dijo el capitán al verlo.- ¡Buena noche! – Respondió Alejandro en un tono seco.- Por aquí… - Dijo el hombre señalando el camino.Alejandro vio que Eva se quedaba detrás, sin ningún aviso, posó su mano en la espalda desnuda de Eva, lo que hizo que ella sintiera una corriente eléctrica recorrerle al contacto con aquella
Las palabras de Alejandro habían dejado clara su posición, Eva no había probado bocado, eso prácticamente dejaría a su amiga Sara de lado. Ella debía consultarlo, así que se levantó, se excusó con el pretexto de ir al baño, el hombre solo la miró y le sonrió.Eva caminaba hacia donde estaban los baños, iba pérdida ante aquella difícil decisión. Cuando menos se lo imaginó, su cuerpo chocó con un atlético y atractivo caballero.- ¡Perdón! ¡Perdón! – Dijo Eva con evidente preocupación.El hombre, al ver aquella bella mujer, solo sonrió.- No te preocupes, no siempre una bella mujer como tú se tropieza con alguien como yo. – Dijo el hombre y Eva solo sintió un escalofrío al ver a aquel hombre cuando sonrió.- ¡Perdón! Estaba un poco distraída, espero no haber causado algún otro accidente. – Dijo Eva sonrojada.- Para nada… Sergio Carrasco ¡Mucho gusto, bella dama! – Dijo el hombre extendiendo su mano.Eva, un poco apenada, extendió su mano, a lo que el hombre, frente a ella, la tomó sutilm
Demian se había quedado a dormir en casa de sus padres, esperaba la llegada de Eva, porque el solo hecho de pensar en que su amigo Alejandro la había invitado a cenar le dejaba muchas dudas y no podía esperar para responderlas.El hombre ya se encontraba en pijama, daba vueltas de un lado a otro en el sofá de la sala, esperaba atento al sonido de la puerta de la entrada.Casi pasada la medianoche, el chofer de Alejandro entraba dentro de las instalaciones de la casa de los Monroy.Eva, realmente cansada, hambrienta e irritada, entraba a casa luego de que aquel horroroso hombre que la había invitado a cenar y luego la votó.Apenas cruzó la puerta de entrada, la voz gruesa de su hermano la asustó.- ¿Eva?- ¡Demian…! ¿Qué sucede? ¿Qué haces en casa? – Respondió Eva desconcertada.- ¿Quién te trajo? ¡Dime! ¿Fue Alex? ¡Ya es muy tarde para que llegues tú sola a casa! – Volvió a preguntar Demian un tanto intrigado e igualmente irritado.- ¡Ay, Demian! Estoy cansada, ¿podemos hablar mañana?