33. Cayendo en la tentación

Pov Juliette

Kian regresó poco tiempo después de que terminé de vestirme, o más bien, de cubrirme con lo poco que ya tenía puesto.

Desayuné junto a él y, aunque ninguno habló en ese tiempo, no fue tan incómodo como pensé.

—Bien, vamos, recuéstate en lo que atiendo tus heridas. Una sanadora vendrá en unos minutos; dijo que sabía lo que te habían dado para mantener a tu loba fuera.

Me levanté con cuidado y llegué a la cama. Me recosté como dijo, mirando cómo se movía con algunas vendas y otros pequeños frasquitos que olían a esos brebajes de la sacerdotisa.

—¿Fuiste tú quien me curó desde un inicio?

—Así es. En mi ejército no hay mujeres, como seguramente ya habrás notado.

—No sé de qué hablas, no sé nada—fingir demencia era lo mejor.

Suspiró derrotado antes de continuar. —No iba a permitir que ninguno de mis hombres te viera completamente desnuda; fuera de eso, tengo más conocimiento en algunas plantas de curación que no afecten a Dara.

Se sentó a mi lado, comenzando primero c
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