Mientras permanecía en cuclillas, sollozaba con mucho dolor. Su madre le presionó desde los hombros e intentó calmarlo.—Vamos a casa.Él siguió la petición de su madre y salieron del lugar. Una vez que llegaron a casa, las preguntas de Antón cayeron incomodando a Carlota.—Madre, ¿por qué mi padre dijo eso?—Está loco. Su mente está perdida y dice sarta de bobadas.—No me pareció una bobada. Después de tantos años volvió a hablar y se veía furioso contigo.—Me odia por haberle encerrado, pero tú más que nadie sabes por qué lo hice. Él se volvió violento y temí por nuestra seguridad —respondió Carlota con sus ojos llenos de lágrimas.Él suspiró, dejándose caer sobre el mueble. Las palabras de su padre le rodaban una y otra vez: ¡Yo la maté! Aunque le daba vueltas al asunto, no podía comprender a qué o a quién se refería.—Hijo, por muy doloroso que sea o por muy malvado que suene, tu padre jamás volverá a ser el mismo. Ya ves, aunque le cambiamos de manicomio, sigue igual.—No compart
—Señor Durant, buenos días.—Buenos días, Mary.Camilo Durant, un hombre de 58 años, dueño del centro de manicomios más exitoso de la capital, caminó hasta la habitación de Ramiro Montalvo, mientras la enfermera Mary le seguía el paso.—Este paciente es especial. Seré yo quien lo atienda, exclusivamente yo. ¿Comprendes, Mary?—¿El señor Mario tampoco puede? —preguntó la joven enfermera.—Marita, te estoy diciendo que solo lo atenderé yo.—Está bien, señor. Disculpa.—No te preocupes, hermosa... —respondió el agradable hombre de cabellos blancos.Minutos después de que la puerta se cerrara, llegó Mario, quien intentó abrirla y no pudo.—Mary, ¿por qué esta puerta está con seguro?—Señor Mario, son órdenes del señor Camilo.—¿Camilo está aquí?—Sí —respondió la joven—. Está en la oficina.Mario caminó hasta la oficina y encontró al hombre de avanzada edad sentado tras el escritorio.—¿No te enseñaron a tocar la puerta? —murmuró el anciano, aún con la mirada en la carpeta.—Disculpe, sue
Una vez que llegaron a casa, Antón rodeó a su esposa desde la espalda y le propinó un beso suave y delicado en su cuello. Luego la giró para que quedara frente a él.—Perdóname, soy un imbécil.—No digas eso, amor. Hasta yo me pondría histérica si me dicen que alguien toma de la mano a mi esposo.Él sonrió y aspiró el aire que su amada expulsaba; la besó en esos labios que le sabían a miel.—No quiero perderte. Te amo tanto —susurró mientras la besaba.—No me perderás. Siempre estaré junto a ti —murmuró ella mientras sacaba la camisa de su amado.Estando en el baño, se desnudaron, y se introdujeron en la ducha. Antón sentía que no habría más vida si no era junto a Alexa. Bajo la cálida agua que salía de la ducha, se amaron.En casa de los Durant, Mario tomó la llave y sacó una copia. Sin que nadie lo supiera, entró a la habitación de Ramiro e intentó darle una pastilla. Antes de que esta fuese puesta en la boca de Ramiro, varios pasos se escucharon.Al abrirse la puerta, él se escondi
Tan pronto como llegaron al hospital, Mikel volvió a tomar la mano de Alexa, pero esta vez ella se soltó.—Dime, ¿qué sucede? ¿Qué hacemos aquí? Y no vuelvas a tomar mi mano; ya sabes cómo se molestó ayer Antón.—Está bien, lo siento, pero tu mamá te está esperando en la habitación 143.—¿Mi mamá? ¿De dónde le conoces?—Solo entra.Ella caminó tras el doctor y subieron hasta la habitación de su padre.—Doctor, usted me está diciendo que mi esposo no podrá caminar y que tampoco nos recuerda.—El movimiento de las piernas es por el coma; los músculos están entumecidos. Una vez que reciba las terapias, recuperará la movilidad. En cuanto a los recuerdos, usted y toda su familia deberían ayudarle.—¿Esas terapias son caras?—Sí, pero existe una fundación donde le pueden ayudar. Pero no todo es color de rosa; necesita hacer grandes filas para poder obtener la ayuda.Segundos después, Raquel salió sin ánimos. El dinero siempre había sido un problema en su familia, ni cómo pedir ayuda al espo
Aquella noche, Alexa se quedó toda la noche con su padre, marcando incesantemente a su esposo, pero este no le respondía las llamadas. Por último, apagó el teléfono para no tener que ver el nombre de "Amorcito" sobre la pantalla.Se encontraba en una discoteca, bebiendo copa tras copa. El de la barra le servía coñac sin detenerse. Con los pensamientos ocupados por Alexa, Antón bebía sin parar, hasta que la mano de una agradable mujer rodó por su pecho.—¿Luna? ¿Qué haces aquí?—Lo mismo pregunto yo, ¿por qué estás aquí? Y bebiendo de esa forma.La mujer se sentó frente a él, llevó la mano entre las piernas de Antón y lo besó apasionadamente. Él no se rehusó al beso, correspondió y se dejó llevar.—Te extrañé tanto, gordo... —susurró ella al oído de él.Aquello despertó los vellos de la piel de él e hizo acelerar la tensión en su hombría.—¿Quieres ir a un hotel? —preguntó mientras rozaba su dedo índice en el labio de él.Antón asintió y caminó tras de ella. Subieron al auto y se perdi
Mikel buscó por todo el hospital a Alexa; la joven no contestaba las llamadas y, cuando al fin la encontró, fue demasiado tarde. Varios policías caminaban tras de Antón en dirección a la habitación de Axel.Hace años había cometido un delito al salir con una adolescente y tenía que pagar por ello.—Antón, amigo, no lo hagas —pidió Mikel, extendiendo los brazos para prohibirle la entrada.—Tú y yo ya no somos amigos —gruñó, mirándole con frialdad—. Quítate de mi camino —rugió, apretando la mandíbula.La puerta de la habitación de Axel se abrió y de ella salió Alexa. Al ver a los hombres tras de Antón, sintió una punzada en su vientre. Se sostuvo del borde de la puerta para evitar caer.—¿Qué vas a hacer? —preguntó con la voz quebrada.Él sonrió con malicia mientras la miraba directo a los ojos. El corazón latió con fuerza y, mientras más escuchaba ese sonido, más apretaba sus dientes.—Continúen; ahí dentro está.—No dejaré que se lleven a mi padre —sollozó Alexa, parándose frente a la
Inma fue llevada al hospital Andrade Marín. Rápidamente le revisaron y, afortunadamente, solo se fracturó algunas partes de su cuerpo. Una vez que Raquel dio la información a la policía, ellos empezaron las investigaciones.—Si hubiera grabado la placa del auto, nos facilitaría mejor las cosas.—No me dio tiempo; al ver caer a la mujer, solo me preocupé por ella.—¿Usted la conoce?—No.—Bueno, es todo. Puede irse.Mario llegó a casa de los Durant sonriendo; no habría nada que le impidiera quedarse con todo. Durant estaba en coma, Inma acababa de caer de una alta quebrada; era imposible sobrevivir. No había nadie más que pudiera pelear esa fortuna; aquel hijo perdido de Durant no sabía ni de la existencia de Camilo. Solo esperaba que al día siguiente salieran las noticias de la muerte de Inma.Esta última despertó muy asustada; al verse en el hospital, quiso pararse, pero la aguja en sus venas le detuvo. Minutos después, entró un guapo doctor.—Tranquila, estás a salvo.—¿Usted quién
—¿Nico? ¿Le pasó algo a la mujer del barranco?—No, pero ella quiere verte.—¿Para qué?—No sé, tal vez quiere agradecerte.—¿Y para eso me haces venir? Acabo de encontrar un trabajo y podría perderlo.—Lo siento, no lo sabía. Pero ya que estás aquí, pasa a verla.Ella asintió y abrió la puerta lentamente. Inma se exaltó y miró a la mujer extrañada.—No me lastime.—Tranquila, soy Raquel.—¿No eres enviada por él?—No, yo soy la persona que le ayudó anoche.Ella se sintió más tranquila.—Me dijo Nico que no recordaba nada y que quería verme. Si no recuerda nada, ¿por qué piensa que yo era enviada por él?—En realidad, no quiero recordar nada. Si él se entera de que estoy viva, puede venir por mí.—Puedes denunciarlo. Es su esposo, ¿novio? —indagó Raquel.—Mi esposo...En la mansión Durant, Mario revisaba página tras página; en ninguna se publicaba la noticia de una mujer muerta.—Maldita sea. ¿Será que...? No pudo sobrevivir. Mucha gente se ha lanzado de aquella quebrada y no han sobr