—Amor —susurró él. Ya en la habitación, ella le miró, se acercó suspirando con una ancha sonrisa. Miraba a Alexa y no se la creía; le tomó de ambas manos y procedió a besarla.—Te amo.—Yo a ti —le respondió a la vez que unían sus labios.Con la mirada impregnada, se acercaron, cerraron los ojos y se besaron con mucha delicadeza. Él la rodeó con un brazo desde la espalda y la alzó para quedar a su mismo nivel. Aquella noche se amaron como ninguna otra; los pálpitos de sus corazones resonaban con gran ímpetu.—¿Puedo estudiar? —preguntó ella, temerosa.—Sí, por supuesto. No quiero ser ese tipo de hombres que prohíbe a su esposa superarse.Se miraron, sonrieron y se dieron un pico.—¿Qué quieres estudiar?—Medicina, ese era mi propósito antes de...—Bien —la interrumpió—. Entonces, lo retomarás mañana mismo.Dicho eso, Antón se acomodó sobre ella y procedió a entrar. Hizo fuertes movimientos; sus ojos brillaban mientras se miraban. Suspiran e inhalaron el mismo aire que expulsaron.—Amo
En una humilde casita, al sur de la capital, se celebraba los dieciocho años de Alexa Ruíz, una joven hermosa en todos los aspectos, quien con su noble y bondadoso corazón se había ganado el cariño de todos los vecinos, los cuales se hicieron presentes en la pequeña celebración de sus dieciocho primaveras.Cuando Alexa bajó de su habitación, sonrió con mucha felicidad, puesto que todas las personas que ella quería estaban en su casa. Le saludaron al mismo tiempo, le dieron las felicitaciones y, por consiguiente, le hicieron la entrega de los regalos. Con emoción, caminó hasta la mesa y los posó sobre la antes nombrada. Seguido, se colocó tras los enseres. Los aplausos, acompañados del canto eufórico de sus vecinos, se escucharon. Inhalando profundamente, se acercó a la vela para, antes de apagarla, pedir un deseo, el cual esperaba se realizará pronto.Mientras mantenía sus ojos cerrados, un fuerte golpe que provenía de la puerta se escuchó, lo que hizo exaltar su corazón. Aquel golpe
Dicho eso, se giró y caminó hasta el auto, manteniendo una sonrisa maliciosa. Su gran plan era hacer pagar una a una las lágrimas que su madre había derramado por la muerte de su hermana. Si no podía vengarse del culpable, lo haría con la hija.Alexa dejó caer unas cuantas lágrimas y subió a despedirse de su padre. Besó las manos de su amado papá, que llevaba 13 años durmiendo. Dentro de su pecho se encontraban varios sentimientos; el más reciente era el miedo que le causaba ir con ese hombre hasta su casa.Suspiró, secó sus lágrimas y empacó maletas. No iba a permitir que desconectaran a su padre. No sabía qué le deparaba el destino, si algún día lo volvería a ver. Quizás esa familia la quería para enterrarla viva; no sabía qué mismo le iba a suceder.Todos los vecinos la abrazaron con lágrimas en los ojos. Sabía que esa familia era muy poderosa y, si no acataban sus órdenes, seguro la pagarían muy caro.Su madre la abrazó y le pidió que no lo hicieran. Le propuso escapar, pero lasti
Caminó temblorosa tras de él. Una vez dentro, sintió una ráfaga de viento soplar su cuerpo; la ventana de la habitación estaba abierta. Tras el frío que sentía por el agua helada que cayó sobre su cuerpo, se acurrucó con sus propios brazos.Antón empezó a soltar su corbata. La joven seguía parada en la puerta; con gran desprecio, la miró. El odio que habitaba en su corazón le hacía despreciarla. Con gran fiereza, le habló para que entrara al baño y se cambiara; no quería que se muriera antes de cumplir con el trato.—¿Piensas quedarte ahí? Entra al baño, dúchate con agua caliente si no quieres morir de frío.Mientras hablaba, sacaba su camisa y su pantalón; los colgó en el enganchador. Ante la desnudez de Antón, ella bajó la mirada y procedió a ir al baño. Él contempló a la tímida joven que caminaba mirando hacia un costado donde no se encontraba él; le presionó del brazo y la obligó a mirarlo.—¿Qué pasa? ¿No puedes mirar a tu esposo desnudo?Ante el temor que él le producía, unas lá
Una vez que Antón se fue, Carlota subió hasta la recámara. Alexa estaba saliendo del baño cuando vio a la mujer abrir las sábanas. Al no encontrar la mancha de sangre, se acercó a la joven y presionó sus dos brazos.—¿No eras virgen? Respóndeme, maldita mocosa.—Sí, sí lo soy, señora... —respondió ella con temor.—¿Entonces por qué la mancha que toda mujer deja en su virginidad no está sobre la cama?—Porque no hicimos nada; él no me tocó.Carlota empujó a la joven y la lanzó sobre la cama. Con gran odio, le habló:—No tienes que esperar a que mi hijo te busque; tú tienes que buscarlo. Debes embarazarte o tu padre pagará las consecuencias.—Señora, no puedo buscarle a su hijo; él me odia.—Debes hacerlo. De una u otra forma, esta noche tienes que entregarte a él. Me marcharé hoy; dentro de dos meses vuelvo y, si no te has entregado a mi hijo, mataré a tu padre y a tu madre.Las amenazas de Carlota eran como cuchillas afiladas. Alexa sintió pánico y terror al mirar los ojos de la mujer
Por la tarde, cuando salió Antón de su oficina, se dirigió hasta el asilo de ancianos. Ahí yacía un hombre mayor, atado con camisa de fuerza. Al abrirse la puerta, un dolor en el pecho agudizó su corazón; la mirada perdida de Ramiro estaba sobre el techo, y de sus grandes ojos se formaban grandes ríos de lágrimas.Desde hacía años, Ramiro vivía encerrado en un centro de ancianos y, a la vez, manicomio. La muerte de su hija lo volvió loco; intentó suicidarse varias veces por la culpa que yacía en su pecho. Con un nudo en la garganta y reprimiendo las lágrimas, Antón se inclinó y besó el rostro delgado de su padre.—Papá, ¿cómo estás?—Je... —el hombre río como un maniático. A pesar de llevar tantos años encerrado, no había mejoría.Una lágrima se desprendió de los ojos de Antón; tragó grueso a la misma vez que apretaba los labios contra sus dientes. Al sentir pasos, limpió la pupila de sus ojos para que no hubiera evidencia alguna de que estaba llorando.—Antón, cariño, ¿por qué no me
Antón paró de golpear la puerta luego de muchas horas; el cansancio lo dominó. Caminó hasta las demás habitaciones y se dejó caer sobre la cama. Al día siguiente, pidió a una de sus empleadas que le trajera las llaves de todas las habitaciones. Con gran rapidez, abrió la puerta y encontró a Alexa sobre la cama; se notaba que no había podido dormir toda la noche.Quizás por el dolor del tobillo o por el temor que le causaba pensar en el momento en que Antón entrara por esa puerta. Al ver el tobillo todo hinchado, Antón hizo una llamada y, en media hora llegó su amigo Mikel. Estuvo en la hacienda para revisar el tobillo de Alexa.El guapo y apuesto Mikel entró a la habitación mientras Antón miraba el jardín.—¿Qué pasó? —preguntó algo preocupado Mikel.—No hagas preguntas y arréglalo —gruñó Antón con molestia.—Esto dolerá, hermosa —replicó el joven con una sonrisa de coquetería.Las palabras de Mikel hicieron rodar los ojos de Antón y enseguida gruñó.—Ten cuidado; es mi esposa.Dicho
En la Ozono, Antón y Hanson se divertían. En el regazo del CEO se encontraba una hermosa mujer que recorría con sus manos los firmes músculos del hombre. Aquella noche, los hombres llegaron a altas horas de la madrugada. En la sala de Estar, siguieron bebiendo y riendo como dos locos.Por la mañana, el pie de Alexa ya estaba mejor; eran ya las 11 a.m. y sentía mucha hambre. En aquel lugar, hasta las empleadas le trataban con indiferencia.Llegó hasta la cocina cojeando y se preparó unos huevos revueltos. Gina le miró con desprecio y siguió haciendo sus labores.—Buen día, Ginita querida, ¿me puedes preparar algo? —replicó Hanson, que se había quedado a dormir en la hacienda.La empleada asintió. Hanson contempló a la mujer que estaba de espaldas a él. Con su boca y su rostro hacía expresiones de deseo al ver las curvas bien delineadas de Alexa.—¿Y tú cómo te llamas? —preguntó a la vez que se paraba a un costado, quería ver si el rostro era tan hermoso como esas pompas. En dos segundo