Tan pronto como llegaron al hospital, Mikel volvió a tomar la mano de Alexa, pero esta vez ella se soltó.—Dime, ¿qué sucede? ¿Qué hacemos aquí? Y no vuelvas a tomar mi mano; ya sabes cómo se molestó ayer Antón.—Está bien, lo siento, pero tu mamá te está esperando en la habitación 143.—¿Mi mamá? ¿De dónde le conoces?—Solo entra.Ella caminó tras el doctor y subieron hasta la habitación de su padre.—Doctor, usted me está diciendo que mi esposo no podrá caminar y que tampoco nos recuerda.—El movimiento de las piernas es por el coma; los músculos están entumecidos. Una vez que reciba las terapias, recuperará la movilidad. En cuanto a los recuerdos, usted y toda su familia deberían ayudarle.—¿Esas terapias son caras?—Sí, pero existe una fundación donde le pueden ayudar. Pero no todo es color de rosa; necesita hacer grandes filas para poder obtener la ayuda.Segundos después, Raquel salió sin ánimos. El dinero siempre había sido un problema en su familia, ni cómo pedir ayuda al espo
Aquella noche, Alexa se quedó toda la noche con su padre, marcando incesantemente a su esposo, pero este no le respondía las llamadas. Por último, apagó el teléfono para no tener que ver el nombre de "Amorcito" sobre la pantalla.Se encontraba en una discoteca, bebiendo copa tras copa. El de la barra le servía coñac sin detenerse. Con los pensamientos ocupados por Alexa, Antón bebía sin parar, hasta que la mano de una agradable mujer rodó por su pecho.—¿Luna? ¿Qué haces aquí?—Lo mismo pregunto yo, ¿por qué estás aquí? Y bebiendo de esa forma.La mujer se sentó frente a él, llevó la mano entre las piernas de Antón y lo besó apasionadamente. Él no se rehusó al beso, correspondió y se dejó llevar.—Te extrañé tanto, gordo... —susurró ella al oído de él.Aquello despertó los vellos de la piel de él e hizo acelerar la tensión en su hombría.—¿Quieres ir a un hotel? —preguntó mientras rozaba su dedo índice en el labio de él.Antón asintió y caminó tras de ella. Subieron al auto y se perdi
Mikel buscó por todo el hospital a Alexa; la joven no contestaba las llamadas y, cuando al fin la encontró, fue demasiado tarde. Varios policías caminaban tras de Antón en dirección a la habitación de Axel.Hace años había cometido un delito al salir con una adolescente y tenía que pagar por ello.—Antón, amigo, no lo hagas —pidió Mikel, extendiendo los brazos para prohibirle la entrada.—Tú y yo ya no somos amigos —gruñó, mirándole con frialdad—. Quítate de mi camino —rugió, apretando la mandíbula.La puerta de la habitación de Axel se abrió y de ella salió Alexa. Al ver a los hombres tras de Antón, sintió una punzada en su vientre. Se sostuvo del borde de la puerta para evitar caer.—¿Qué vas a hacer? —preguntó con la voz quebrada.Él sonrió con malicia mientras la miraba directo a los ojos. El corazón latió con fuerza y, mientras más escuchaba ese sonido, más apretaba sus dientes.—Continúen; ahí dentro está.—No dejaré que se lleven a mi padre —sollozó Alexa, parándose frente a la
Inma fue llevada al hospital Andrade Marín. Rápidamente le revisaron y, afortunadamente, solo se fracturó algunas partes de su cuerpo. Una vez que Raquel dio la información a la policía, ellos empezaron las investigaciones.—Si hubiera grabado la placa del auto, nos facilitaría mejor las cosas.—No me dio tiempo; al ver caer a la mujer, solo me preocupé por ella.—¿Usted la conoce?—No.—Bueno, es todo. Puede irse.Mario llegó a casa de los Durant sonriendo; no habría nada que le impidiera quedarse con todo. Durant estaba en coma, Inma acababa de caer de una alta quebrada; era imposible sobrevivir. No había nadie más que pudiera pelear esa fortuna; aquel hijo perdido de Durant no sabía ni de la existencia de Camilo. Solo esperaba que al día siguiente salieran las noticias de la muerte de Inma.Esta última despertó muy asustada; al verse en el hospital, quiso pararse, pero la aguja en sus venas le detuvo. Minutos después, entró un guapo doctor.—Tranquila, estás a salvo.—¿Usted quién
—¿Nico? ¿Le pasó algo a la mujer del barranco?—No, pero ella quiere verte.—¿Para qué?—No sé, tal vez quiere agradecerte.—¿Y para eso me haces venir? Acabo de encontrar un trabajo y podría perderlo.—Lo siento, no lo sabía. Pero ya que estás aquí, pasa a verla.Ella asintió y abrió la puerta lentamente. Inma se exaltó y miró a la mujer extrañada.—No me lastime.—Tranquila, soy Raquel.—¿No eres enviada por él?—No, yo soy la persona que le ayudó anoche.Ella se sintió más tranquila.—Me dijo Nico que no recordaba nada y que quería verme. Si no recuerda nada, ¿por qué piensa que yo era enviada por él?—En realidad, no quiero recordar nada. Si él se entera de que estoy viva, puede venir por mí.—Puedes denunciarlo. Es su esposo, ¿novio? —indagó Raquel.—Mi esposo...En la mansión Durant, Mario revisaba página tras página; en ninguna se publicaba la noticia de una mujer muerta.—Maldita sea. ¿Será que...? No pudo sobrevivir. Mucha gente se ha lanzado de aquella quebrada y no han sobr
—¿Axel Ruiz?El llamado le obligó a mirar hacia las rejas, las cuales se abrieron un segundo después. Carlota entró mirando con odio y desprecio a Axel; él suspiró al ver a la mujer con los ojos irritados.—¿Quién es usted?La mujer puso los ojos en blanco.—Soy la madre de Katy.Axel sintió que estaría en problemas.—¿Qué quiere, señora?—Matarte.Gruñó a la vez que apuntaba al hombre en silla de ruedas; él sonrió.—¿Por qué? No temo morir.—¿Por qué ríes, malnacido?—Porque estaría contento de morir y poder estar con ella.—Desgraciado —gruñó Carlota.Con el arma, golpeó al hombre en la frente. Axel tragó saliva a la vez que sentía cómo la sangre rodaba por su rostro; regresó a ver a la mujer que continuaba apuntándole.—Vas a ir directo al infierno.—No creo, señora; ese lugar está apartado para usted. Las madres como usted van derecho al infierno.—Cállate, maldito.Le abofeteó.—Golpéame todo lo que quieras, pero nada de lo que hagas limpiará tu conciencia. Sé perfectamente que q
Cuando el abogado llegó a casa de los Durant, Mario le recibió con mucho entusiasmo.—Bienvenido, abogado Marqués, tome asiento.—Gracias —expresó Marqués al extender la mano.—Cuéntame, ¿qué le trae por aquí? —indagó al extender una copa.—No, gracias; no le hago a la bebida.—¿En verdad?—Señor Mario, no he venido a tener una reunión de amigos con usted.—Entonces, ¿a qué vino?Marqués extendió unos papeles para que Mario firmara.—Son los papeles del divorcio.—¡¿Qué?! —exclamó, levantándose con los papeles en mano.—La señora Inma quiere divorciarse.—¡Imposible! Ella está muerta...—¿Qué dice? No puede escuchar lo que dijo.—¿Que mi esposa no está en el país? Ella salió al enterarse de la muerte de su padre; no pudo enviarme estos papeles.Estaba muy enfadado cuando escuchó el timbre de la puerta. No solo estaba enojado; el nerviosismo se había apoderado de él.—¿Por qué hay policías fuera?—No lo sé —Marqués se levantó y miró por la ventana.—No abras la puerta —gruñó Mario, apu
Una vez que Mario fue a prisión, Inma pudo estar más tranquila. Pudo llorar a su padre y pidió al abogado Marqués que se encargara del sepelio.Al día siguiente, Damm llevó la información recaudada por él investigando. Al tomarla en las manos, Antón descubrió que el hijo perdido de Durant era Axel. Se sentó para poder dar la noticia. Si tan solo el señor Durant hubiera pedido su ayuda a tiempo, habría podido conocer a su hijo y, por consiguiente, a su nieta.—Damm, debes entregarle esto a Inma.—Ella ha desaparecido; le estuve buscando y no pude localizarla.—¿Quién se está haciendo cargo del sepelio?—No sé...—Averígualo.Llamaron a la puerta y se dirigió a abrir.—Amigo, ¿podemos hablar?Antón miró a Mikel y asintió. Le dejó pasar y Damm se retiró.—Localiza a Inma.—Como ordene, señor.Suspiró y procedió a sacar una bebida.—Antón, ¿has ido a visitar a tu mamá?—No quiero verla —gruñó mientras extendía una copa a su amigo.—Sabes que tu padre se escapó del centro.—¿Cuándo? ¿Y tú