Capítulo 23

Una vez que llegaron a casa, Antón rodeó a su esposa desde la espalda y le propinó un beso suave y delicado en su cuello. Luego la giró para que quedara frente a él.

—Perdóname, soy un imbécil.

—No digas eso, amor. Hasta yo me pondría histérica si me dicen que alguien toma de la mano a mi esposo.

Él sonrió y aspiró el aire que su amada expulsaba; la besó en esos labios que le sabían a miel.

—No quiero perderte. Te amo tanto —susurró mientras la besaba.

—No me perderás. Siempre estaré junto a ti —murmuró ella mientras sacaba la camisa de su amado.

Estando en el baño, se desnudaron, y se introdujeron en la ducha. Antón sentía que no habría más vida si no era junto a Alexa. Bajo la cálida agua que salía de la ducha, se amaron.

En casa de los Durant, Mario tomó la llave y sacó una copia. Sin que nadie lo supiera, entró a la habitación de Ramiro e intentó darle una pastilla. Antes de que esta fuese puesta en la boca de Ramiro, varios pasos se escucharon.

Al abrirse la puerta, él se escondi
Sigue leyendo en Buenovela
Escanea el código para descargar la APP

Capítulos relacionados

Último capítulo

Escanea el código para leer en la APP