Capítulo 56
Sin embargo, el embarazo la hacía más propensa al sueño, y, a pesar de sus esfuerzos, Luciana terminó quedándose dormida.

A altas horas de la noche, Fernando llegó a Pomacollo. En el vestíbulo, encontró a Luciana. Recordó la imagen que ella había publicado en Ins, tomada desde ese mismo ángulo.

Luciana no llevaba mucho tiempo dormida, su cuerpo estaba acurrucado y su ceño ligeramente fruncido. Fernando, para no asustarla, se acercó con pasos silenciosos y se agachó frente a ella, debatiendo internamente si debía despertarla o no. Decidió que lo mejor era no hacerlo y, en su lugar, la tomó con cuidado en brazos para llevarla a una habitación.

Cuando Fernando la levantó, Luciana abrió los ojos. Fernando se congeló, sintiendo su corazón latir con fuerza. «¿Se enojaría?» Pero, para su sorpresa, escuchó a Luciana murmurar con voz ronca:

—Fer…

Fernando se quedó inmóvil, una oleada de felicidad recorrió todo su cuerpo. Cuando habló, su voz temblaba de emoción.

—Soy yo, Luci, estoy aquí.

—Mm
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