40MagnusEs ella.Es real.Evelyn está aquí, frente a mí, con su aroma inundando mis sentidos y el vínculo rugiendo en mis venas como una bestia encadenada que lucha por liberarse. Mi lobo gime en mi interior, desesperado, ansioso. “No lo dañes esta vez, Magnus.”Su voz en mi mente es un ruego, pero también una advertencia. “No lo haré.”Porque esta vez… esta vez no la dejaré ir.Me bañé tan rápido como y bajé las escaleras de dos en dos para verla de nuevo sentada en la sala de nuestra casa. —Evelyn…Su nombre se rompe en mis labios, apenas un susurro que se pierde en la habitación. Pero ella no se estremece, no se acerca, no me da tregua.—Vine para hablar.Su tono es firme, contenido, como si estuviera sujetando un océano de distancia de mí. Luego, con un leve movimiento de su mano, señala hacia el sofá.—¿Sabes quién es esta mujer?Su pregunta me toma desprevenido.He estado demasiado absorto en ella, en sus ojos más claros, en su cabello que parece haber atrapado el brillo de
41EvaCuando salí de mi aturdimiento, me alejé de él de inmediato, como si su sola presencia pudiera quemarme.—Aléjate de mí, Magnus —le advertí con voz firme, sin mirarlo directamente.Él abrió la boca, pero no le di oportunidad de hablar.—Solo vine a traer a tu madre porque recuperó la memoria y me contó lo sucedido. Ya puedo irme.Sentencié mis palabras como un golpe de martillo, ignorando su supuesta mirada de dolor. No me importaba. No podía importarme. Me di la vuelta y caminé con determinación hacia la entrada. Un paso. Dos. Tres…Entonces, un tirón en mis pantalones de cargo me detuvo.—No me dejes… no otra vez.El sollozo ahogado de Kasius destrozó lo poco que quedaba entero en mí. Mi corazón se hizo añicos en mi pecho.Me giré lentamente y me agaché hasta quedar a su altura. Su carita estaba bañada en lágrimas, sus ojitos color miel suplicaban con un dolor tan profundo que me dejó sin aire.—¿Quieres venir conmigo? —pregunté en un susurro, con miedo a la respuesta.Kasius
42EvaCuando me guiaron a mi antiguo cuarto, me frené en seco.El aire en mis pulmones se sintió pesado, como si de repente me hubieran sumergido en agua fría.Ese lugar. Ese maldito lugar.No podía entrar allí.—No quiero ese cuarto. Pásame a uno de invitados —ordené sin dudar.La chica frente a mí apretó la mandíbula y, por un segundo, vi la chispa de rebeldía en su mirada. Estaba a punto de poner los ojos en blanco cuando Magnus habló.—¡Haz lo que tu Luna dice! —su voz retumbó en el pasillo como un trueno, helada y afilada.La chica se encogió de hombros y asintió de inmediato.—S-Sí, Alfa Magnus.Sabía que su autoridad bastaba para que todos obedecieran, pero eso no me importaba.—Hay una recámara tan grande como la mía donde puedes estar cómoda —dijo Magnus, esta vez con un tono más contenido, como si midiera cada palabra.No dudé.—Bien. Guíame.No iba a rechazar la oferta. Demasiado tiempo fui menospreciada. Demasiado tiempo fui esclava. Si alguien quería darme algo, lo acept
43EvaCuando regresé a la casa, Magnus me seguía, me agarra la muleca lo que hace frenar mi avance en el pasillo.—Mi madre está muy emocionada con la fiesta de esta noche —dijo, con una sonrisa tranquila, mientras sus ojos se clavaban en los míos, como si supiera lo que estaba por decirme.—¿Fiesta? —pregunté, desconcertada, frunciendo el ceño.—Sí. Para celebrar su regreso —respondió con una calma fingida que no me convenció—. No puedes marcharte, Evelyn. No después de todo lo que ha hecho por ella, ella querrá que estes presente.Era una trampa. Una muy bien elaborada.—¿Cuándo planearon una fiesta? —lo miré desconcertada achinando los ojos con sospecha.—Ayer… —respondió despreocupadamente— después de que te fuiste a dormir, no podía dormir y la encontré en la cocina —se encogió de hombros.Me sentí atrapada. Si me negaba, sería un insulto para Melania, que se había abierto a mí y había sido tan amable. Pero si me quedaba… sería una victoria para Magnus, y no podía permit
44MagnusYa se escuchaba el ruido de los invitados llegando. El vínculo se hizo un poco más fuerte por su presencia lo que hizo que el dolor remitiera un poco. Cerverus había llevado la mayor carga del dolor por el lazo casi roto y por eso estaba tan débil, pero ayer que ella llegó pude dormir mejor que en todos estos seis meses y hoy me sentía con más energía.Pensé que podíamos avanzar, pero su mirada se heló y su voz salió cortante de sus hermosos labios rojos.—¿Tuya? —su risa fue despectiva—. No me fui por capricho, Magnus. Llevaba años pensándolo. —Esas palabras, que salieron de su boca me cortaran en pedazos mi alma, me dejaron paralizado por un momento. La herida que había intentado cerrar durante tanto tiempo se abrió aún más, y me sentí como si nada de lo que hiciera pudiera funcionar para recuperarla.“Eve, ¿cómo pude ser tan ciego?” pensé. Intenté acercarme, pero ella se apartó con cara de desagrado. Sabía lo que sentía. La rabia, la angustia que todavía arrastraba. Per
45EvaBajé las escaleras y caminé hacia el salón, donde la fiesta estaba en pleno apogeo. Observé a los integrantes de la manada y noté que, debido a lo apresurado de los preparativos, no había invitados de otras manadas. Aquello me dio un respiro de tranquilidad, aunque no lo suficiente.La mayoría de los presentes estaban alrededor de Melania, como abejas que siguen a su reina. No me sorprendía, después de todo, era la madre del alfa y una figura de respeto. Pero en cuanto me vio, se disculpó con los presentes y se acercó a mí con una sonrisa.—Gracias por quedarte unos días más —dijo con suavidad.La miré con una expresión neutra, pero con un brillo sabedor en los ojos.—Sabes que fue porque tu hijo saboteó las camionetas —solté sin rodeos.Melania dejó escapar una risa baja, sin intentar negarlo.—Magnus es terco —admitió con un suspiro—. Y sabe que hizo mal.Quise detenerla antes de que intentara mediar por él. Levanté una mano en señal de alto.—No lo hagas —le advertí—. Te apr
46MagnusNo volví a acercarme a Eve. No quería espantarla más… pero tampoco permití que saliera de mi vista.—Me alegra que la Luna haya vuelto —comentó Ciro, sosteniendo una copa de vino con aire despreocupado.—Sí —murmuré, sin apartar la mirada de ella.—Menos mal. Empezábamos a ponernos nerviosos.Esas palabras sí lograron captar mi atención. Lo miré con el ceño fruncido.—¿A qué te refieres?Ciro tomó un sorbo de su copa antes de responder con una calma irritante:—La manada ha estado perdiendo su buena fortuna. Si no conseguías que volviera, íbamos a tener que buscarte otra Luna.El gruñido se me atascó en la garganta. Mi lobo se revolvió dentro de mí, furioso.—Nunca estaré con otra mujer que no sea Eve —sentencié, sin espacio para discusión.Ciro levantó las manos en un gesto pacificador.—Por supuesto, Alfa.Mi paciencia estaba al límite. Quise alejarme, pero él me retuvo con un gesto más serio.—¿Qué sucede ahora? —pregunté con impaciencia, sintiendo el peso de la preocupac
47EvaMe quedé atónita viendo cómo Valentine se alejaba a paso apresurado, casi como si huyera.No entendía qué acababa de pasar.Solo habíamos estado hablando. Nada más. Y Magnus había actuado como si lo hubiera encontrado besándome en plena fiesta.Lentamente, volví la mirada hacia él, cruzando los brazos sobre mi pecho.—Esto es poco propio de ti —dije con frialdad.Magnus seguía mirándome con esa intensidad que tanto odiaba… porque ponía a mi lobo en alerta.—Estaba demasiado cerca de ti —soltó con voz grave, sin rastro de arrepentimiento.Levanté una ceja, incrédula.—¿Esa es tu excusa? Qué patético.Me giré para marcharme, pero él se movió rápido, interceptándome.—Piérdete, Magnus —espeté con inquina, intentando rodearlo.Pero no me dejó.Su mano se cerró alrededor de mi brazo, deteniéndome. Su tacto era firme, cálido… y demasiado familiar.Demasiado peligroso.Un escalofrío me recorrió la piel.Levanté la mirada y me encontré con sus ojos, que ardían con algo primitivo.Algo