45EvaBajé las escaleras y caminé hacia el salón, donde la fiesta estaba en pleno apogeo. Observé a los integrantes de la manada y noté que, debido a lo apresurado de los preparativos, no había invitados de otras manadas. Aquello me dio un respiro de tranquilidad, aunque no lo suficiente.La mayoría de los presentes estaban alrededor de Melania, como abejas que siguen a su reina. No me sorprendía, después de todo, era la madre del alfa y una figura de respeto. Pero en cuanto me vio, se disculpó con los presentes y se acercó a mí con una sonrisa.—Gracias por quedarte unos días más —dijo con suavidad.La miré con una expresión neutra, pero con un brillo sabedor en los ojos.—Sabes que fue porque tu hijo saboteó las camionetas —solté sin rodeos.Melania dejó escapar una risa baja, sin intentar negarlo.—Magnus es terco —admitió con un suspiro—. Y sabe que hizo mal.Quise detenerla antes de que intentara mediar por él. Levanté una mano en señal de alto.—No lo hagas —le advertí—. Te apr
46MagnusNo volví a acercarme a Eve. No quería espantarla más… pero tampoco permití que saliera de mi vista.—Me alegra que la Luna haya vuelto —comentó Ciro, sosteniendo una copa de vino con aire despreocupado.—Sí —murmuré, sin apartar la mirada de ella.—Menos mal. Empezábamos a ponernos nerviosos.Esas palabras sí lograron captar mi atención. Lo miré con el ceño fruncido.—¿A qué te refieres?Ciro tomó un sorbo de su copa antes de responder con una calma irritante:—La manada ha estado perdiendo su buena fortuna. Si no conseguías que volviera, íbamos a tener que buscarte otra Luna.El gruñido se me atascó en la garganta. Mi lobo se revolvió dentro de mí, furioso.—Nunca estaré con otra mujer que no sea Eve —sentencié, sin espacio para discusión.Ciro levantó las manos en un gesto pacificador.—Por supuesto, Alfa.Mi paciencia estaba al límite. Quise alejarme, pero él me retuvo con un gesto más serio.—¿Qué sucede ahora? —pregunté con impaciencia, sintiendo el peso de la preocupac
47EvaMe quedé atónita viendo cómo Valentine se alejaba a paso apresurado, casi como si huyera.No entendía qué acababa de pasar.Solo habíamos estado hablando. Nada más. Y Magnus había actuado como si lo hubiera encontrado besándome en plena fiesta.Lentamente, volví la mirada hacia él, cruzando los brazos sobre mi pecho.—Esto es poco propio de ti —dije con frialdad.Magnus seguía mirándome con esa intensidad que tanto odiaba… porque ponía a mi lobo en alerta.—Estaba demasiado cerca de ti —soltó con voz grave, sin rastro de arrepentimiento.Levanté una ceja, incrédula.—¿Esa es tu excusa? Qué patético.Me giré para marcharme, pero él se movió rápido, interceptándome.—Piérdete, Magnus —espeté con inquina, intentando rodearlo.Pero no me dejó.Su mano se cerró alrededor de mi brazo, deteniéndome. Su tacto era firme, cálido… y demasiado familiar.Demasiado peligroso.Un escalofrío me recorrió la piel.Levanté la mirada y me encontré con sus ojos, que ardían con algo primitivo.Algo
48SofíaEl aire de la mañana tenía un frío cortante, pero yo apenas lo sentía mientras caminaba de un lado a otro en mi habitación, con las manos temblorosas y la mente enredada en pensamientos oscuros. La fiesta de la noche anterior no había sido más que una distracción pasajera. La realidad volvía a caer sobre mí como una losa: Valentine seguía aquí, y yo seguía atrapada en un compromiso que nunca quise.Un golpe en la puerta me sobresaltó. Me giré con rapidez, el corazón en la garganta.—Entra —dije con voz más firme de lo que me sentía.La puerta se abrió y Valentine apareció con su expresión cuidadosamente calculada, esa sonrisa que parecía encantadora para los demás, pero que yo sabía que ocultaba algo más. Cerró la puerta tras de sí con tranquilidad, pero la tensión en sus hombros lo delataba.—Buenos días, mi prometida —saludó con suavidad, pero en sus ojos brillaba una advertencia.—No soy tu prometida —le recordé con frialdad, cruzando los brazos.Él soltó una pequeña risa
49.EvaEl aire estaba cargado de tensión cuando vi a Sofía y Zed terminaron de hablar. No supe qué habían discutido, pero la expresión de Sofía era oscura, y Zed se marchó sin despedirse, lo que me pareció inusual. Algo no estaba bien.Antes de que pudiera acercarme a preguntar, Sofí se giró y me miró y llegó a mí en pocos pasos, prácticamente me jaló del brazo sacándome de la cocina.—Ven conmigo —susurró, su voz temblaba, pero intentaba sonar despreocupada.Levanté una ceja. Sofí jamás estaba nerviosa sin razón, y si lo estaba ahora, significaba que algo grande estaba ocurriendo.—¿Qué ocurre? —pregunté, pero ella ya me estaba arrastrando escaleras arriba.—Nada, solo quiero que veas algo —respondió con una sonrisa que no les llegó a los ojos.No le creí ni por un segundo, pero lo dejé pasar.Caminamos por los pasillos hasta la habitación de Kasius. Mi hijo. Mi pequeño.Sofí abrió la puerta con cuidado, como si no quisiera que nadie la escuchara. Y ahí estaba él.Kasius estaba arro
50EvaEntrenar con Magnus era un desafío en todos los sentidos. Había escuchado las historias. Nadie lo había vencido en todos estos años, ni siquiera los guerreros más experimentados. Era un lobo feroz, un estratega nato y un monstruo en el campo de batalla.Pero yo no era cualquiera.Me coloqué en posición de defensa, los músculos tensos y listos. Sin embargo, no lo ataqué de inmediato. Nos movimos en círculos, midiéndonos el uno al otro, estudiando nuestros movimientos, respiraciones y el mínimo temblor en nuestros cuerpos.El silencio en la habitación era opresivo.—Ataca —ordenó Magnus, con una sonrisa torcida.Le sostuve la mirada, inclinando la cabeza con diversión.—No. Primero los caballeros —me burlé.Su sonrisa se evaporó y, sin previo aviso, lanzó un ataque directo. Apenas tuve tiempo de esquivarlo. El viento de su golpe rozó mi mejilla y sentí el cosquilleo de la adrenalina recorrer mi columna.No me estaba conteniendo.Me enderecé, los ojos brillando con desafío.—Te vo
51Magnus Observé cómo Eve se alejaba sin mirar atrás.Una sonrisa satisfecha se formó en mis labios. No me había rechazado.Sí, se fue. Sí, seguramente estaba maldiciéndome ahora mismo, tratando de convencerse de que no sintió nada. Pero lo vi en sus ojos. La confusión. La lucha interna.Me recargué contra una de las columnas del gimnasio y exhalé con calma. No la presionaré… o tal vez sea mejor decir que lo intentaré.Antes, cuando la perdí, la quise de vuelta a la fuerza. Cometí errores, dejé que mi ira y mi desesperación hablaran por mí. Ahora sé que eso no funcionará. Si quiero que vuelva, debe ser ella quien dé el primer paso.La quiero con todo su fuego, con toda su fuerza. No la frágil mujer que alguna vez fue, sino la guerrera que se ha convertido. Y si para eso debo esperar, esperaré.Pero no sin hacerle ver que sigue siendo mía.—¿Está bien, alfa? —la pregunta me trae de nuevo al presente y me fijo en Orión.—Mi luna es difícil de reconquistar —dije con sinceridad
52EveDespués de pasar el día con Kasius y entrenar me bañé y me puse un vestido rojo y unas botas de caña alta, ahora que la noche estaba cayendo decidí buscar a Orión para que me lleve a la ciudad. Quería alejarme de la mirada penetrante de Magnus.Lo que no esperaba era encontrarme con Ethan Lupin. —Eve —dijo con una sonrisa al verme— que alegría verte de nuevo por aquí. Ethan, el Beta de una manada aliada.Fuerte, atractivo, confiable. Perfecto para mi plan de distracción. —Ethan —sonreí mientras me acercaba con naturalidad—. ¿Qué haces aquí? —Negocios —respondió encogiéndose de hombros—. ¿Y tú? —Disfrutando de mi libertad —dije con un tono juguetón, sintiendo el ardor de la mirada de Magnus a lo lejos. Ethan arqueó una ceja, curioso. —¿Libertad? —Sí, es agradable no estar atada a nadie. La mirada pesada de Magnus se acercó con calma, pero no interrumpió. No todavía.Ethan sonrió y extendió su brazo. —¿Te gustaría tomar algo conmigo, entonces?