Me senté junto a la ventana, la carta todavía sobre la mesa, arrugada, como si pudiera deshacerse de la verdad que me había revelado. ¿Quién había escrito eso? ¿Quién sabía sobre mi encuentro con Kian? El miedo no se había ido, pero ahora se sentía más como un compañero persistente, un susurro en mi mente cada vez que pensaba en él. Me preguntaba si la advertencia era real o simplemente un intento de mantenerme alejada. Porque, a pesar de todo lo que había escuchado, a pesar de las leyendas, algo en mí seguía deseando verlo, seguirlo. Algo más profundo, más primitivo que el miedo.La luz de la tarde se filtraba suavemente a través de la ventana, pero mi mente seguía llena de sombras. Me levanté, dispuesta a distraerme, pero mi cuerpo no me respondía como yo esperaba. Todo parecía en cámara lenta. Mis pasos, mis respiraciones, mi corazón… todo era más intenso, como si un imán invisible me estuviera arrastrando hacia algo que no quería, pero deseaba con una fuerza inexplicable.Tomé un
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