SUSURROS DEL ALFA
SUSURROS DEL ALFA
Por: ANALI
1

La brisa nocturna acariciaba mi rostro mientras caminaba hacia mi casa. El aire fresco del otoño se filtraba entre las hojas caídas, que crujían suavemente bajo mis botas. La luna llena brillaba intensamente sobre el pueblo, iluminando las calles vacías. Era una de esas noches en las que todo parecía estar en su lugar, todo tranquilo, todo como siempre. Pero, por supuesto, las cosas nunca permanecen tranquilas por mucho tiempo en mi vida.

El sonido de los árboles moviéndose me hizo detenerme en seco. Al principio, pensé que era el viento, pero luego algo en la atmósfera me hizo sentir incómoda. La sensación era extraña, como si algo estuviera observándome. Me giré lentamente, mi corazón empezando a latir más rápido. La última vez que sentí algo similar fue cuando era niña, corriendo por el bosque y sabiendo que algo o alguien me seguía.

Un ruido rompió el silencio de la noche, una rama que crujía a lo lejos, justo dentro de la franja oscura del bosque. No era normal, y no pude evitar dar un paso hacia el sonido. La curiosidad me ganó, como siempre.

"Emma, no hagas esto…" me susurré a mí misma, pero mi cuerpo se movió hacia el bosque como si una fuerza invisible me arrastrara.

Entré entre los árboles, donde la sombra parecía devorarlo todo, y apenas pude ver la forma de un hombre de pie, en la distancia. La figura estaba rígida, casi como una estatua. Mi pulso se aceleró, y una extraña punzada de miedo me recorrió la columna vertebral. ¿Quién demonios estaba allí a estas horas de la noche?

¿Un cazador? No, no podía ser. Los cazadores no rondaban tan cerca de los pueblos.

La figura se giró lentamente hacia mí, y, por un momento, mi respiración se detuvo. Sus ojos. Esos ojos dorados, como dos luceros en la oscuridad, me atravesaron como si pudieran ver todo lo que había dentro de mí. Me sentí vulnerable, pequeña, pero a la vez, algo extraño se encendió dentro de mí, algo profundo y visceral.

El hombre no se movió. Seguía observándome fijamente, pero no dijo una palabra.

"¿Quién eres?" mi voz tembló, pero traté de mantener la calma.

Sus labios se curvaron levemente en una mueca de desdén, y su postura se endureció aún más.

"No deberías estar aquí", dijo con una voz grave, que me recorrió todo el cuerpo como si cada palabra fuera un destello de electricidad. Era un tono autoritario, y me hizo dar un paso atrás, aunque mis piernas no querían moverse.

"No es seguro para ti", continuó, sin moverse ni un centímetro. Sus ojos brillaban con una intensidad que me hizo sentir completamente expuesta.

"¿Por qué?" pregunté, el aire entre nosotros estaba cargado de una tensión palpable. No sabía si estaba más aterrada o intrigada.

Él no respondió. En su lugar, dio un paso hacia mí, con una velocidad que no supe de dónde había salido, pero que me dejó sin aliento. Mi corazón comenzó a latir desbocado, y me vi obligada a retroceder. No sé por qué, pero sentí que si no lo hacía, algo iba a pasar que no podría manejar.

"Vete ahora", me dijo, su voz más suave pero aún llena de advertencia.

Lo miré por un momento más, sin poder moverme. Y luego, de repente, todo lo que sentí en su presencia desapareció, como si él nunca hubiera estado allí. La sensación de miedo, la intensidad de sus ojos, todo se desvaneció en el aire frío de la noche. Y lo peor de todo, la atracción. Un deseo inexplicable por estar cerca de él, una conexión que no podía comprender.

Grité hacia atrás, volviendo sobre mis pasos, el eco de mis botas resonando entre los árboles. Mi respiración se agitaba mientras me alejaba, sin atreverme a mirar atrás, aunque mi mente no dejaba de pensar en él. ¿Qué demonios acababa de pasar?

Al llegar a mi jardín, me detuve en seco. Mi vista se dirigió automáticamente hacia el suelo, donde una serie de huellas grandes y profundas marcaban la tierra mojada. Las huellas no pertenecían a un ser humano, eso era seguro. Pero… ¿qué eran?

Mis dedos se apretaron alrededor del borde de la puerta, mientras un escalofrío recorría mi columna vertebral. La presencia de esa figura, las huellas, la extraña sensación en el aire… algo no encajaba.

Entré rápidamente, cerrando la puerta detrás de mí, y me dejé caer contra ella. Mi respiración era rápida, mis manos temblaban. El miedo había desaparecido, pero el deseo seguía ahí, latente, recorriendo mi piel.

"¿Qué está pasando?" susurré, y esa fue la primera vez que me hice una pregunta que sabía que cambiaría mi vida por completo.

Los días siguientes fueron una mezcla de caos interno y la normalidad de siempre. El pueblo seguía siendo el mismo, pero yo ya no podía ver las cosas de la misma manera. Las huellas en mi jardín se borraron al día siguiente, pero la sensación de que algo estaba mal persistía. Y Kian… había algo en su mirada, algo que me seguía a todas partes. Como si estuviera buscando algo en mí, o tal vez, quería que lo buscara.

Esa noche, cuando la luna llena volvió a brillar en el cielo, algo en mí me impulsó a salir. El aire fresco me acarició, y mi mente volaba de un pensamiento a otro. ¿Y si lo que vi no fue una alucinación? ¿Y si era real?

En el horizonte, una figura apareció entre los árboles. Kian.

Me detuve en seco, mis piernas temblaban, y mi cuerpo se tensó. No podía evitarlo, no quería acercarme a él, pero tampoco podía quedarme allí, parada, sin hacer nada. La atracción era demasiado fuerte, demasiado real.

Él se giró, sus ojos dorados brillando en la oscuridad. Cuando me vio, sus labios se curvaron en una sonrisa. No era una sonrisa amable, era la sonrisa de un depredador, y yo estaba a punto de caer en su trampa.

"Pensé que te había dicho que no te acercaras", dijo suavemente, su voz como un susurro en el viento.

"Lo sé", respondí, pero mis palabras sonaban vacías. Lo que realmente quería decir era que no podía evitarlo. No podía evitarlo.

Él lo sabía.

Y en ese momento, supe que mi vida nunca volvería a ser la misma.

Al regresar a mi casa esa noche, algo había cambiado dentro de mí. Las huellas ya no estaban en el jardín, pero la sensación de su presencia seguía ahí, como un eco en mi mente. Y mientras cerraba los ojos, me di cuenta de que no podía alejarme de él, aunque lo intentara.

"Nos vemos pronto, Emma", susurró la voz en mi mente, la voz de Kian, y en ese momento supe que lo que había comenzado, no terminaría fácilmente.

La puerta se cerró con un suave golpe, y mi cuerpo se desplomó contra ella. Aún podía sentir su presencia. Kian. Esa presencia extraña, dominante, que no dejaba espacio para pensar con claridad. Como si cada respiración que tomara se llenara de él. Como si me arrastrara hacia algo que no podía comprender, pero que, al mismo tiempo, no podía evitar desear. ¿Qué había sido esa mirada? ¿Qué quería de mí?

Cerré los ojos, y un torrente de emociones me invadió, todo a la vez: miedo, confusión, pero también una curiosidad ardiente que se prendía como fuego en mi pecho. ¿Cómo podía alguien tan... intimidante, tan peligroso, hacerme sentir como si lo deseara de manera tan desesperada?

Me sacudí la cabeza, como si pudiera borrar esa sensación, pero no lo conseguí. En cambio, el eco de sus palabras resonaba en mi mente: “No es seguro para ti.” ¿Seguro para mí? ¿Qué significaba eso? ¿Quién era él para decidir lo que era seguro o no en mi vida? Y, sin embargo, esa misma voz, profunda y grave, había dejado una huella en cada rincón de mi ser.

Mis pasos resonaron en el pasillo mientras me dirigía a la cocina, tratando de darme algo en lo que concentrarme, algo que no fuera en la figura oscura del bosque o en los ojos dorados que me observaban como si pudieran ver hasta lo más profundo de mi alma. Abrí la nevera sin pensar y saqué una botella de agua. El aire estaba cálido dentro de la casa, y la única luz que iluminaba el pequeño espacio provenía de una lámpara tenue sobre la mesa. Era la luz de la comodidad, de la rutina, de un mundo que se sentía seguro... hasta esa noche.

Mi mente, sin embargo, no se detenía. Algo dentro de mí seguía preguntándose qué estaba pasando. Había visto huellas de lobo en mi jardín, y aunque mi lógica me decía que era imposible, una parte de mí sabía que Kian, el hombre del bosque, tenía algo que ver con eso. La conexión que había sentido no era solo una coincidencia. Algo más profundo, algo más primal, nos unía.

“Maldita sea, Emma,” me regañé en voz baja. Necesitaba dormir, olvidarme de la imagen de Kian y de esa extraña atracción que todavía palpitaba en mi cuerpo.

Me dejé caer sobre el sillón y traté de despejar mi mente. Pero no pude. Los minutos pasaron lentos, como si el tiempo mismo se hubiera detenido en el aire, y, en ese espacio suspendido, mi mente no dejaba de volver a él.

De repente, la ventana de la sala se sacudió, y el sonido del viento me hizo saltar. La oscuridad en el exterior parecía volverse más densa, más cerrada, como si algo o alguien estuviera observándome desde más allá de lo visible. Mi respiración se aceleró, y me levanté rápidamente, pero algo me detuvo. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no podía simplemente dejar de pensar en él?

Con el corazón latiendo rápidamente, me dirigí a la ventana. Pude ver la franja de árboles que bordeaba el borde del pueblo. Estaban ahí, al alcance de la vista, pero en ese momento parecían estar más allá de lo conocido. Como si el bosque fuera algo ajeno a la realidad. Algo que Kian controlaba.

Sentí una punzada en el pecho, un miedo visceral. Pero también sentí la necesidad de saber más. Necesitaba comprender qué era lo que me atraía hacia él, hacia ese hombre que había aparecido de la nada, de forma tan misteriosa y extraña. Sin embargo, mi mente seguía diciéndome que me alejara. Que no debía involucrarme en algo que claramente no entendía.

La noche avanzaba rápidamente, y la oscuridad envolvía el pueblo como una manta pesada. Podía escuchar los susurros del viento, como si me estuvieran hablando, pero no lograba distinguir las palabras. La sensación de ser observada volvió a apoderarse de mí, pero esta vez, no era solo una sensación. Sabía que alguien estaba allí, afuera, esperando. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

Dediqué un suspiro a la oscuridad antes de tomar la decisión de salir, sin pensarlo más. Me abrí paso hacia la puerta trasera, el aire frío de la noche golpeando mi rostro. La sensación de estar viva, de estar a punto de hacer algo prohibido, me envolvía con cada paso que daba.

El jardín estaba oscuro, la luz de la luna apenas iluminaba el sendero hacia el bosque, y el suelo húmedo bajo mis pies hacía crujir las hojas secas. La adrenalina comenzaba a elevarse. ¿Qué hacía? ¿Realmente iba a adentrarme de nuevo en el bosque, después de lo que había ocurrido anoche? Pero no pude evitarlo. Algo dentro de mí me empujaba hacia allí.

Al llegar al borde del bosque, la sensación se intensificó. Era como si el aire estuviera cargado de electricidad. Mis piernas temblaban, pero el deseo de ver a Kian, de saber si realmente estaba allí, de confrontarlo, me mantuvo en pie. Lo peor de todo es que, en el fondo, sabía que no debía estar aquí. Pero cada fibra de mi ser deseaba encontrarlo, aunque lo que me esperaba no fuera lo que pensaba.

El sonido de las ramas quebrándose me hizo levantar la cabeza. Y ahí estaba. Kian. De pie, inmóvil, como si hubiera estado esperando todo este tiempo. Su figura alta y oscura emergió de las sombras del bosque, casi fusionándose con ellas, como si no fuera parte de este mundo.

Mis ojos se encontraron con los suyos, y una corriente eléctrica me recorrió entera. No dije nada, y él tampoco. Solo nos observamos, como si estuviéramos midiendo la distancia, como si el espacio entre nosotros fuera una línea que no debíamos cruzar. Sin embargo, la atracción, esa necesidad salvaje de estar cerca de él, no dejaba de crecer.

Finalmente, fue él quien rompió el silencio.

“Te dije que no vinieras,” murmuró con un tono casi amenazante, pero bajo esa amenaza, pude detectar una voz que apenas podía contener algo más profundo. Algo como… deseo.

“No puedo quedarme tranquila, ¿verdad?” respondí, aunque sabía que no era una pregunta, sino una afirmación que salía directamente de mi ser.

La distancia entre nosotros se redujo un poco más, y el aire se volvió más espeso, como si estuviéramos a punto de desbordarnos, como si el momento estuviera preparado para explotar.

“Vas a tener que decidir, Emma. No sé si estás preparada para lo que eso significa.”

Su voz, grave y cargada de una amenaza inconfundible, me hizo darme cuenta de lo cerca que estábamos. Y lo que eso podía significar para mí.

Al mirar hacia sus ojos dorados, sentí una mezcla de miedo y deseo. Sabía que mi vida nunca volvería a ser la misma. Pero, ¿estaba dispuesta a enfrentar lo que Kian me ofrecía? ¿A aceptar lo que él representaba?

Mis labios se separaron para decir algo, pero no pude. Él ya se había dado la vuelta, perdiéndose en la oscuridad del bosque.

La última palabra de su susurro flotó en el aire, mientras mi corazón seguía latiendo con fuerza en mi pecho:

"Nos veremos pronto."

Y entonces, todo volvió a ser silencio. Pero ese silencio estaba cargado de promesas y peligros. Un silencio que resonaba más fuerte que cualquier ruido.

 

 

 

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