Alina PetrovnaHabía pasado un mes desde el incidente. Desde que mi cuerpo se estampó contra el asfalto de la calle, desde que el dolor se convirtió en mi única compañía y desde que Viktor me trajo a su mansión, negándose a dejarme sola.Un mes desde que perdí algo que nunca supe que tenía, mi bebé.A pesar de que mi cuerpo comenzaba a sanar, mi mente seguía atrapada en el momento exacto en que escuché el rugido del motor y el grito de Sergei. A veces me despertaba en la madrugada con la sensación de que el impacto volvía a repetirse, con un sudor frío pegado a mi piel. Y, sin embargo, cada mañana, Viktor seguía allí, a mi lado en la cama, con su rostro descubierto, pero una mirada llena de cosas que parece costarle admitir en voz alta.Pero el mundo no se había detenido. Y yo no podía seguir encerrada en esta burbuja.Me obligué a salir del cuarto ese día. Me duche con cuidado y luego me vestí, asegurándome de que cada movimiento no tensara demasiado mis heridas casi curadas, no me q
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