¿No tiene padre? No esperaba que la historia de Andi fuese de veras tan triste. No es de sorprenderse, después de todo, en las tres veces que lo vio, no había familiares cerca. Solo había escuchado la voz de su tía, pero nunca la había visto en persona. Si tuviera hijos, María no dudaría en llevarlos a todas partes para presumir de ellos frente a sus amigas millonarias. ¿Qué está pensando? Si ni siquiera ha podido superar la pérdida de la mujer que más amaba en el terremoto, Andi nunca tendrá hijos. Pensando así, empezó a mirar a Andi con mucho más cariño. Terminó el almuerzo sin prisa, aunque le hubiera gustado llevar a Andi con él, temía que su familia se preocupara. Después de pedirle permiso a Andi, le pasó el teléfono a su tía. Los tipos vestidos de negro no pudieron encontrar a Andi ni dentro ni fuera de la casa. Marina estaba pensando en dónde más podría estar, cuando, de repente, sonó el celular. Cuando vio el número en la pantalla, Marina casi deja caer el celula
En la hacienda. Álvaro colgó y rápidamente le lanzó el celular a Marina. Ella se quedó quieta, mirando fijamente la alfombra, sin saber qué pensar. Solo reaccionó cuando Álvaro le gritó varias veces. —Marina, ¡Marina! —¡Ah! —gritó Marina, dándole un manazo a Álvaro. —¿Qué es lo que haces? De repente pones esa cara y me asustas. Álvaro no se movió, solo la miró, confundido, y preguntó: —¿En qué piensas? Estás tan distraída que ni me escuchaste. Luego, como si hubiera sacado una conclusión, se rio: —Desde la cena de ayer estás rara. ¿Estás saliendo con alguien? Dime quién es, soy tu hermano mayor, debo darte mi opinión. Álvaro apoyó su codo en el hombro de Marina. Ella lo miró con enojo y lo empujó: —Ve a jugar a ser Batman y no te metas en mis cosas. Álvaro no se molestó. Sonrió y dijo: —Si no me dices nada, igual puedo investigarlo. Esa cámara en tu Porsche la instalé yo. En cuanto entre al sistema, veré todo… ¡Ya sabes! Marina le tapó la boca rápidamente. Lo
Andi eligió un juguete de Ultraman y luego ayudó a su hermano a escoger una pistola de juguete amarillita. César pensó para sí mismo que a los niños les gustan este tipo de cosas, mientras cargaba a Andi y lo llevaba a la caja para pagar. —Muchas gracias, tío César —dijo Andi, pensando un momento. Mi abuela me enseñó que siempre debemos ser agradecidos. No podemos recibir cosas sin devolver algo. Me dijo que, si quieres agradecerle a alguien, debes hacerlo en el momento, pero si quieres mantener una amistad a largo plazo, deberías esperar y buscar una oportunidad para dar el regalo adecuado después. Andi pensó en eso un momento. Como su reloj estaba sin batería, decidió que le daría algo a César después. Quería ser su amigo por mucho tiempo. Al salir de la tienda de juguetes, el sol de la tarde seguía muy fuerte. César cargó a Andi y lo llevó al carro, donde esperaron a que su familia llegara, con el aire acondicionado encendido. Rajiv, al mirar por el retrovisor, vio algo
En la amplia cama de un hotel en el extranjero de Valle Motoso.Dos almas estaban estrechamente abrazadas haciendo el amor. En el clímax de la pasión, la voz ronca llena de un magnetismo casi sensual de César Balan, le susurraba al oído:—Lorena, quiero que tengamos un hijo producto de todo este amor.Ella, perdida en el deseo del momento, respondió un sí.Al terminar y aún abrazados, Lorena recordó lo que él había dicho.—¿Dijiste que quieres que tengamos un hijo?Sus ojos todavía brillaban con el deseo que no había desaparecido por completo, y esa mirada encendió de nuevo los pensamientos de César. Por alguna razón, su cuerpo siempre ejercía una lujuria irresistible sobre él. Intentó contenerse y sacó un anillo de compromiso que deslizó en el dedo anular de Lorena.—¿Estás en verdad pidiéndome en matrimonio?—Sí, quiero que seas mi esposa, y ¿así me podrás dar ese niño que tanto anhelo tener? —preguntó César con una sonrisa. En sus ojos había indulgencia, pero no amor.Pero esa mirad
No supo cómo, pero las lágrimas comenzaron a caer, y el maquillaje de ojos recién hecho ya estaba vuelto nada. Sus ojos se posaron entonces en el anillo de diamantes. Lorena tenía una corazonada, una especie de presentimiento. Esa aparecida, ¿destruiría acaso la felicidad que ella había tanto esperado?Pero algo si era cierto, no podía quedarse ahí parada de brazos cruzados; tenía que saber quién era esa mujer.Después de quedarse un momento en su lugar, se levantó sin más y regresó al hotel.El avión había alcanzado su destino, Puerto Mar.En el hospital del Sagrado Corazón.Lorena estaba parada frente a la puerta de la habitación del hospital, abrazándose a sí misma. A través de la ventana de la puerta, intentaba mirar hacia dentro. Allí estaba el intimo amiguito de César; Ricardo Meyer, director del hospital, y otros doctores quienes chequeaban a la mujer que se movía inquieta en la cama.Dos enfermeras sostenían a la mujer para que no se alborotara tanto. En el avión, ya le había
En el jardín del Hospital del Sagrado Corazón.La noche primaveral aún era fría. El sereno soplaba con un silbido áspero, a veces suave como un lamento y otras veces venía feroz, se sentía como un susurro mordaz o quizás una voz de reproche perene. El sonido de una fosforera rompió el silencio, y dos puntos de luz se encendieron. El humo del cigarro flotaba en el aire, confundiendo la vista de cualquiera.—Ya que Teresa ha regresado. ¿Qué piensas hacer ahora? —preguntó Ricardo Ignacio.No mencionó a Lorena, pero ambos sabían de qué hablaba.Una era el primer amor de la universidad, ese recuerdo juvenil que siempre queda en el corazón, la mujer que había salvado la vida a César.La otra, su novia durante tres años, con quien había compartido las mayores intimidades y aventuras y a quien ya le había propuesto matrimonio.César permaneció en silencio un buen rato antes de responder:—Ella solo es un reemplazo. Su existencia era únicamente valida solo para sustituir a Tere. Compararla con
Buscó el control de las luces, encendió la lámpara y apagó las velas con lo primero que encontró.Sacó del armario su pijama para luego darse un baño. Antes de entrar al baño, notó sin querer que todavía llevaba el anillo en su mano izquierda. Se lo quitó y lo arrojó al fondo de la caja de joyas.Cuando salió del baño, sacudió de la cobija los pétalos de rosa de la cama. Luego se metió bajo las sábanas cubriéndose la cabeza para dormir.Como de costumbre, se acostó en el lado izquierdo de la cama. César siempre la abrazaba por detrás convirtiéndose en una sábana más dispuesta a abrigarla a ella. Ahora, la gran cama tenía un enorme espacio vacío.Miró hacia la derecha, y ese vacío le molestaba. Se acomodó en el centro de la cama y tiró la otra almohada con desdén. Solo entonces se sintió cómoda.Apagó la luz y cerró los ojos.Pasaron dos días sin recibir noticias de César. Probablemente estaba en el hospital acompañando a Teresa, o trabajando quizás en la oficina.A Lorena no le importa
Dicen que los tipos adinerados como él, son fríos e insensibles en cuestiones personales, que cambian de mujer como de ropa interior, porque creían que con tener dinero podrían hacer lo que se les viniera en gana. Sin embargo, el presidente solo había tenido a Lorena durante estos tres años. Todos pensaban que era alguien fiel, pero al final, cambiar de pareja le resultaba igual que nada. ¿Quién sabe cuánto tiempo podrá quedarse Teresa a su lado?Clara había entrado en la empresa cuando César tomó las riendas del Grupo financiero Runpex hace tres años. No sabía nada sobre el enredo emocional entre Teresa y César.En el centro comercial Lorena estaba seleccionando ropa. Cada prenda que escogía estaba completamente alejada del estilo dulce y tierno que a Cesar tanto le encantaba.—Bebé, ¿has cambiado de estilo? —preguntó Marina al verla sostener un vestido largo negro con tirantes sensuales y una abertura en el dobladillo. Ese vestido, ajustado al cuerpo curvilíneo de Lorena, seguramente