4. No lo conoces

La disputa se volvió más acalorada, las palabras hirientes se cruzaban entre nosotros como cuchillos afilados. 

—Eh, chicos —interrumpió Michael, un tanto aturdido—. Nuestra única finalidad aquí es discutir acerca de este acuerdo.

Alexander me observo con rabia, con un tono visceral murmuro —Por supuesto, es fácil hablar de negocios. Al menos esta vez Dorothea tiene la decencia de venir a terminar el contrato, no como su divorcio.

—Nunca quise hablarte porque tú no vales la pena ni para eso, Alexander.—Sabia que debia alejarlo para poder estar tranquila. Me acercaba a el, olfateando su perfume tomando el papel que tenia Michael colocandolo delante de Alexander.— Firma esto. No quiero que tus restaurantes sigan enlazados a mis hoteles.

Alexander observó el documento con desprecio, como si fuera una criatura repugnante.

—Me niego a hacerlo, Dorothea. Mis restaurantes van a estar enlazados con tus hoteles, te guste o no.

—No me interesa lo que desees —retumbaba mi voz en el salón.

—A pesar de nuestro divorcio, continuaremos colaborando. Si sientes molestias al colaborar conmigo, ¿por qué no renuncias a tu puesto como CEO?

Lo miré, desafiándolo con la fuerza de mi mirada. El fuego en mi interior se avivó.

—No trabajaré para ti ni contigo, Alexander. Tengo el poder aquí así que te quiero de patita de mis hoteles.

Su sonrisa esbozó la crueldad de su respuesta. —Seguirás vinculada a mí, aunque lo odies.

—Eres un infantil, ¿sabes? —le dije, tratando de debilitar su muro.

—Al menos no soy tan infantil como para dejar un divorcio abandonado en la mesa del salón y salir corriendo como un niña pequeña.

—¡Cual es tu problema!

—¿Sabes cual es mi problema? —su voz se tornaba visceral. —Mi problema es que mi ex esposa no solo dejo tirado nuestro divorcio como si fuese una simple servilleta junto a su anillo si no que se busco a un hombre en un abrir y cerrar de ojos. No fuiste lo suficientemente madura para hablarme de frente, no eres lo suficientemente madura para estar trabajando como ceo ¡Ese es mi problema!

En ese preciso instante, Michael, decidió que era buen momento para interrumpir la pelea verbal.

—Creo que sería mejor que esta reunión la dejáramos para otra ocasión —dijo, tosiendo ligeramente, intentando aligerar el ambiente con un gesto casual.

—Alexander, no te quiero en mis hoteles. Manda a tu representante o a quien sea pero para esto no te quiero.

Sin decir nada más me levantaba de la mesa para dirigirme a la salida. No pensaba dejar que me afectara sus provocaciones. Al dirigirme hacia la puerta, percibí un impacto en mis piernas. Al bajar la cabeza, percibía unos lazos en forma de orejas de conejo. Al alzar su mirada, Anastasia me regaló una sonrisa tan dulce que parecía capaz de derretirlo todo.

—Mi pequeña, ya estás aquí.—Anastasia la cual sonrió sin dejar de abrazarme asistió con la cabeza en un solemne silencio. —¿Quieres salir a pasear con tu mami ahora?

Fui respondida con una leve sonrisa de confirmación.

—¿Mami?

Observó de soslayo cómo Alexander se ponía de pie con curiosidad y dirigía la mirada hacia Anastasia. Por el cariño a mi hija habia olvidado que Alexander se encontraba allí, algo que me helo la piel…debía alejar a mis hijos de él. Desde lejos, observaba a Emely con Alejandro tomados de la mano, lo cual me generó un gran temor.

¿Qué sucedería si descubria que mis hijos eran sus hijos también?

¡Me lo iba a quitar!

Alexander, en el ámbito empresarial, era conocido por su implacable crueldad. Los sentimientos y las emociones no le importaban si se trataba de algo que consideraba suyo. Hace años atrás por un tiempo, él asistió a audiencias legales para disputar la propiedad de una mujer algo mayor, ya que consideraba que le correspondía. La mujer lloró, imploró y suplicó, ya que ese establecimiento tenía un significado especial para su familia cuando se lo vendieron por error, sin embargo, no le importó y simplemente se lo quitó.

Llena de temor, al divisar a Emely, le indiqué discretamente que alejara a Alejandro, ya que de mis dos hijos, él era quien más se asemejaba a su padre. A pesar de poseer sus propios ojos, Anastasia tenía una combinación de tonos verdes en su mirada, lo que la hacía tener un aspecto tan único y especial que resultaba complicado identificarla.

—¡Dorothea! ¿Tienes una hija?

La consulta se escuchó como un leve murmullo en la habitación. Nuestros ojos se cruzaron cuando lo vi tratando de observar a nuestra pequeña. Anastasia totalmente emocionada se escapo dirigiéndose a Michael mostrándole un conejito.

—Oh, es un conejo nuevo. ¿Te lo han comprado? —Preguntaba Michael en un tono sumamente suave.

Anastasia negó con la cabeza a lo cual Michael se agacho donde se encontraba.

—Ya veo, ¿Fue un regalo? —Anastasia asistió con la cabeza sonriéndole de manera vivaz. ——¿De la escuela? —Su sonrisa respondía completamente por ella. —¿En serio? —sostenía—se ve hermoso. Creo que es tan bonito que seria hermoso que se lo mostraras a mi asistente ¿Quieres ir?

Michael se levantaba saliendo con Anastasia agarrado de las manos, pues el más que nadie sabia de mi insistencia de esconder mis hijos de Alexander. En mi mente, expresé gratitud al darme cuenta de la mirada intensa de Alexander hacia mí.

—¿Tienes hijos?.. ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Es mía?

—¿Tuya? —me burlaba con ironía —No te creas tan arrogante, Alexander, puedo conquistar al hombre que quiera. Y por eso no pude aguantar en buscarme a alguien mas.

—¿Te casaste de nuevo? ¿Con el hombre del restaurante? Digo, porque no veo anillo.

—No, simplemente es alguien con quien salgo.

—¿Quién es el padre de la pequeña?

—Ha fallecido. Tras mi separación contigo, experimenté la relación más maravillosa y hermosa de mi vida. —Mentía —Un amigo que trabajaba en la biblioteca que se mantuvo esperándome hasta que volví. Una relación muchísimo mejor de la que tuvimos tu y yo donde nació mi hija. Solo mi hija.

Exhaló suavemente como si soportara un peso considerable en su espalda y luego ajustó su corbata.

—Tengo que volver a Inglaterra, pero quiero que sepas que no tengo la intención de aceptar el acuerdo que estás proponiendo, Dorothea. En caso de necesitar acudir a los juzgados, lo haré.

Sin pronunciar palabra alguna, abandonó la sala de conferencias y por un instante pude sentir una sensación de tranquilidad. Con mi mano sobre el pecho, sentía cómo mi corazón latía con fuerza. Le mandé un mensaje a mi hermana preguntándole su ubicación. Ella respondió que estaba en el parque del hotel y al llegar, vi a Michael en los columpios con los niños. Michael y mi padre se habían encargado de cubrir esa necesidad paternal de mis hijos.

—¿Por qué vino Alexander?

Mientras observaba a mis hijos divirtiéndose, Emely me lanzó una mirada seria de reojo.

—He intentado rescindir un contrato con él, pero no quiere aceptarlo. No imagine que había venido a hablar con Michael, lo he estado intentando evitar.

—Ya veo ¿Le dijiste?

Incliné ligeramente la cabeza para arreglar mi melena. —No lo haré y no tengo intención de hacerlo.

—Dory, sé que eres mi hermana y has pasado por mucho dolor, pero son sus hijos Dory, nada podrá quitar ese hecho —murmuró en voz baja.

Cuando me llamó por mi sobrenombre, supe que se acercaba con seriedad.

—No lo son, son mios…ademas si se lo digo….Y si un juez me los quita…—con tristeza y pesar susurraba con pavor notando a mis dos niños sonreir.

—No ocurrirá. Tus niños están bien cuidados, los mantiene, tiene una familia que los quieren, están mentalmente estables. No creo que eso ocurra.

—Emely, no lo conoces. —Susurré con tristeza en mi voz. —Siempre que él desea algo y acude a la corte, siempre sale victorioso, lo he presenciado. No quiero compartir a mis hijos, son mios. Yo los di con dolor, yo los he cuidado cuando se enferman. He estado ahí para todo y se que el querrá quitármelos. No puedo permitirlo.

—Bien, pero si no deja de venir al hotel debes avisarme. Si llegaras a encontrarse con Alejandro, estarías en serios aprietos.

—Sí, lo se. En eso tienes toda la razon. —Exhalé suavemente —De momento, es mejor mantenerlo en secreto.

Para todos mis hijos hijos fueron producto de una relacion fugas que tuve con un bibliotecario el cual visitaba todos los días después de regresar de Inglaterra. El fue un buen amigo el cual lamentablemente, falleció en un incendio en su casa. Para todos, mi amigo era el padre de mis hijos.

Por eso, debia pensar con la cabeza fria por mis hijos. El era un Lennox, un hombre que solo pensaba en su propio beneficio y eso solo significaba que debía alejar a mis hijos de el. Si el se enteraba que esos niños eran suyos, no dudaría en arrancármelo de las manos si eso fuese necesario. Mi telefono sonaba, lo levante notando en las notificaciones de mensaje de mi red social un mensaje que me helo la piel.

***SecretShadow***Yo se tu secreto y muy pronto se lo dire.

Me paralizaba de golpe intentando pensar que ese mensaje era un simple loco que quería molestarme…que mi secreto estaba a salvo y nadie mas lo descubriría.

Sigue leyendo en Buenovela
Escanea el código para descargar la APP

Capítulos relacionados

Último capítulo

Escanea el código para leer en la APP