Ese dia salí del hotel, el sol apenas asomaba en el horizonte y sentí la frescura matutina envolviéndome como una brisa suave. Mis ideas se movían de un lado a otro, sin embargo, lo que más me atraía era la sensación de libertad que experimentaba en ese momento. En el momento en que me disponía a salir por la puerta, lo divisé. Daniel se aproximaba hacia mí con una sonrisa amigable en el rostro.
—Por fin pude volver a verte, mira que te traje. —Elevo el ramillete de rosas rojas mientras sacaba una caja que muy seguramente tenia un brazalete. —¿Es posible que salgamos hoy?
—Que amable Daniel, pero hoy tengo algo que hacer porque…—mientras hablaba mire a la distancia como se acercaba, y todo mi cuerpo se congelo como si tuviese un magnetismo por el.
Desde lejos, la silueta de Alexander se erguía, con la mirada clavada en mí, irradiando una furia palpable a gran distancia. Un escalofrío recorrió mi espalda, sin embargo, decidí no permitir que eso me asustara. Al llegar a nuestro destino, era capaz de desintegrar a Daniel con su penetrante mirada de forma asombrosa.—¿Qué haces aquí? —le lancé, con una mezcla de curiosidad y desafío. —¿No has recibido la documentación de mis abogados?
—Con mi mas mayor respeto, te digo que me vale m****a lo que tus abogados me enviaron. Continuaremos trabajando juntos, Dorothea. —Su respuesta llegó como un estruendo, erguido en toda su arrogancia. —También he venido porque es necesario que firmes unos documentos relacionados con uno de mis establecimientos de restaurantes que requiere tu autorización.
Dejé escapar una risa burlona que se oyó en la gélida atmósfera. —¿No tienes algo más productivo en qué ocuparte? —permitía que la burla se excediera. —Tener el título de un contribuyente en mis hoteles no te convierte en una diva del negocio que viene aquí a exigir trato VIP.
Un gesto de enojo unió sus cejas en una expresión de furia. —Tú vas a venir conmigo —ordenó, y el tono de su voz me hizo sentir que, aunque no había duda de que quería que lo obedeciera, yo me negaría a hacerlo.
—Vete al diablo —respondí, sintiéndome fuerte e indomable mientras el desafío brillaba en mis ojos. Justo cuando estaba finalizando mi oración, Daniel se apresuró a intervenir, levantando la mano.
—Perdona, no es necesario que seas tan brusco, sobre todo considerando que Dorothea y yo estamos en una relación.
Aquellas palabras desencadenaron una terrible tormenta que parecía dispuesta a consumirlo. Su mirada volvió hacia él como un relámpago apunto de acabar con todo en cuestion de segundos.
—No le traigas más flores a mi mujer —su voz grave llevaba la rabia de mil tormentas, y el silencio se adueñó del momento, haciendo que la tensión se volviera palpable.
Antes de que pudiera responder, Alexander me agarró del brazo con fuerza, de manera casi violenta. La arrastraban de forma impactante, como si la estuvieran secuestrando.
—Déjame en paz —grité mientras él me arrastraba hacia su auto, la realidad se asentaba sobre mí: su rabia, celosa y voraz, estaba a punto de estallar.
Nos subimos al vehículo, y mientras comenzó a conducir, la feroz rabia en su mirada no se disipaba. La carretera se convertía en un desenfreno, y a pesar de estar en el mismo espacio, la distancia entre nosotros se sentía abismal. Pero yo no me rendiría tan fácilmente.
—¿Quiere detenerte?
—¡No! No permitiré que estés con otro hombre. ¿Te diviertes pavoneándote con otros en mi presencia? No lo permitiré.
—Ah no, bájale dos rayitas a tu tono Alexander. Tu y yo no somos nada.
—¡Claro que lo somos! Eres mi mujer.—Exmujer Alexander. —reitere—Contigo no tengo nada que hacer.
Después de mi comentario, Alexander no dijo más palabras. Continuó al volante con una furia descomunal, apretando con fuerza el volante. Mientras ocupaba el asiento del copiloto, mantenía los puños apretados sobre las rodillas, percibiendo una tensión tan intensa en el ambiente que parecía posible cortar el papel con nuestra mera presencia. Frente a nosotros se desplegaba la carretera, sin embargo, mi atención se enfocaba únicamente en una idea: necesitaba abandonar el vehículo, ya que mi profundo rencor hacia Alexander sería mi perdición.
—Alexander. —le hablaba pero este me ignoraba—Detén el auto, Alexander, o voy a saltar —exclamé, sintiendo cómo la adrenalina subía por mi cuerpo.
Él me miró de reojo, sus ojos reflejando una mezcla de preocupación y exasperación.
—No permitiré eso, Dorothea —respondió con determinación y firmeza.
Dejé escapar una carcajada sarcástica, casi desde lo más profundo. Había algo en su insistencia que me irritaba, como si él pudiera controlar mis decisiones.—Si no paras, lo haré —le advertí, desafiándolo.
Tomó una profunda bocanada de aire y, con una expresión sarcástica en el rostro, expresó —Tu especialidad es evadir los conflictos, ¿verdad? No te gusta hablarlos y ese es tu problema. Escapas como una niña pequeña y asustada. Fue por eso que optaste por irte sin brindarme razones, ya que careces de la madurez necesaria para hablar. Mira, seis años, cinco meses, tres días desde que huiste de Inglaterra y aun sigues huyendo como loca.
Su comentario me golpeó como un puñetazo en el estómago. La rabia me hirvió en las venas.
—Te dejé por una razón, Alexander —le respondí, sin poder evitar la ironía en mi voz.
—¿Cuál es el motivo de eso? —se burló con una risa sarcástica— ¿Fue por Cassidy, acaso? Si la razón fue por ella, permíteme decirte que fue una completa tontería.
Sus palabras me golpearon y noté cómo la furia crecía entre nosotros, como un volcán a punto de hacer erupción. En el preciso instante en que estaba a punto de responder, su móvil comenzó a sonar, interrumpiendo así el instante. Colocó los auriculares y frunció el entrecejo al observar la pantalla. Después de un momento de silencio como si la otra persona del otro lado terminara de hablar, expresó su necesidad de regresar a Inglaterra, como si esa decisión pudiera alterar nuestra situación.Una sensación de frustración se apoderó de mí. De repente, el entorno conocido se transformaba en un escenario distante. Cuando finalmente llegó a casa de mis padres, me detuvo en la entrada.
—Tenemos algo que hablar, así que espera a que vuelva. —mencionó, pero su voz no contenía ni la más mínima certeza.
Solté una risa sarcástica, incapaz de contenerme.
—Entre tú y yo no hay absolutamente nada que hablar. —fue todo lo que pude responder, mi voz cargada de enojo. Ambos nos miramos con el mismo rencor, las palabras hirviendo en los labios, cada uno atrapado en su propia tormenta. En ese memento, supe que la batalla apenas comenzaba.POV. Alexander Lennox Ese día mi objetivo era obligar a Dorothea a salir conmigo. Había traído otro contrato el cual tendría que firmar, así que le propondría salir y mentiría un poco diciéndole que tal vez, firmaría para separar nuestros negocios…no lo haría, pero ella no sabría eso. Mientras me dirigía hacia el hotel, el sol iluminaba delicadamente el parque por el que caminaba. De pronto, el sonido alegre de una pequeña captó mi interés. La observé en el balancín, disfrutando con entusiasmo mientras sus dos trenzas parecían danzar al compás de sus movimientos. En ese instante, aunque era simple, algo en su aura me hizo quedarme quieto. La reconocí enseguida, era la hija de Dorothea la cual parecía una pequeña risueña. Mostré una suave sonrisa y le di un saludo con la mano. Inesperadamente, ella frenó de golpe, sus ojos brillaron al encontrarse con los míos, y me respondió con una sonrisa. Se bajó del columpio con una agilidad que sólo los niños tienen y corrió hacia mí. Antes de
Había corrido con mi hija hacia mi oficina donde me encerré con ella. En la oficina, reinaba un silencio cargado de tensión, como si reflejara la inquietud que me embargaba en ese momento. Observé a Anastasia y en su rostro se reflejaba esa pureza que me partía el alma. Ella no hablaba con nadie, y al escucharla despedirse de Alexander supe que la sangre la llamaba, era un llamado que no podia ser ocultado pero si distanciando. Por ahora mi plan seria convencer a Anastasia que se alejara de Alexander…lo mas posible. Me agaché un poco para estar a su altura, y con voz suave, pero decidida susurraba—Anastasia, mi pequeña princesa, la reina de mi corazón, hay algo muy importante que debes escuchar. No debes acercarte a ese hombre que viste en el parque. Por favor, evítalo, aléjate de él. Con sus enormes ojos, dirigió su mirada hacia abajo en silencio, lo cual aumentó aún más mi desasosiego. Aunque no hablara, podia sentir que dentro de si había una protesta silenciosa. —Ese hombre e
Durante las próximas semanas mis peleas con Alexander se habían disminuido por el mero hecho de que estaba planeando con mi abogado que hacer sin que el se enterara. En esos días, me tocó organizar la fiesta anual de los empleados, la cual solía realizarse en junio, un momento ideal para festejar. Mi asistente se ocupó de coordinar con nuestro equipo de relaciones públicas para elaborar una lista de invitados, la cual firmé sin revisar ya que estaba ocupada con mis asuntos legales. Aquella noche, dejé a mis hijos al cuidado de mi madre ya que, aunque prefería no asistir a la celebración, como CEO ocupaba no eludir estos eventos sociales. Llevaba un elegante recogido en el cabello que combinaba con mi vestido de color dorado. Una tela fina que se deslizaba como una cascada, creando un contraste visual tan sutil que me hacía sentir como una criatura marina. La sofisticación y elegancia se hacían evidentes gracias al resplandor del vestido y mi maquillaje. El evento se destacaba
Mientras recorría el pasillo del hotel, mis pasos resonaban fuertemente en las paredes, reflejando mi ira desbordada. A través de las ventanas, la luz de la luna se colaba directamente en mis ojos, sin embargo, no había manera de disipar la sombra que invadía mi interior. Tenía la sensación de que Alexander me seguía de cerca, como una presencia constante a la que no lograba evadir. —¡Dorothea! —su voz resonó, firme, mientras me acercaba al jardín del hotel, una especie de refugio en medio del caos que habíamos creado. Seguía corriendo cuando percibí un firme tirón en mi brazo. Me vi obligado a detenerme, por lo que me volví hacia él para encararlo. Mis ojos destellaban de ira. —¿Por qué escapas? —cuestionó, mostrando en su rostro una clara expresión de incredulidad. El temor que tenía era tener que revivir nuevamente todo lo que experimenté. Me aterrorizaba la idea de que se llevara a mis hijos. Lo quería lejos, tan lejos que no pudiera volverse a acercar a mi. —Porque te odio —
Esa mañana estaba enviando unos correos electrónicos a varios de mis contribuyentes. Toda la noche tras alejarme de Alexander me la pase recordando como me sujetaba…como me respiraba….como me besaba… —¡No lo hagas bajo ninguna circunstancia! Mientras me regañaba, golpeaba con intensidad mi mesa derramando mi café. Con rabia me levantaba para limpiar el desastre que habia hecho. A diferencia del beso en el baño, este mostraba un deseo físico intenso, de tenerme, de hacerme suya por completo. —¡Sobre mi cadaver! —exclamaba con intensidad. —Whao, tranquila Dorothea. Alcé la vista viendo a Michael que acababa de llegar a mi despacho. Sostenía unos documentos con una ligera expresión en el rostro. —¿A qué se debe tu enfado? —Por nada. —Acababa de terminar de ordenar el caos que había causado. —¿Acaso esto es por lo de anoche? La verdad es que ustedes dos arrasaron en la pista de baile, ¡fue impresionante verlos bailar! Parecían un reloj suizo, el te llevaba y tú lo seguías con
POV. Alexander LennoxDesde la ventana de mi despacho, contemplo el extenso panorama que se asemeja a un lienzo donde las nubes danzan para esconder al sol. Dejaba que un susurro suave me llevara, una combinación de desilusión y curiosa atracción. La figura de ella se forma en mi pensamiento, como un eco que no desaparece: Dorothea. Reconozco que la menospreciaba, la odiaba por haberme abandonado y, sin embargo, entre nosotros parecía existir una fuerza magnética. La odiaba, a fondo, no podía creer que alguien tan... compleja me cause este impacto tan inquietante. Podría tener a cualquiera que quisiera con solo el chasquido de mi dedo. Reconocido como el "hombre de oro" en Inglaterra y considerado uno de los partidos más destacados a nivel mundial por diversas revistas. He tenido la oportunidad de tener en mi cama a modelos que impactaban por su belleza, actrices que cautivaban con su encanto y cantantes que emocionaban con su habilidad... Empresarias inteligentes y decididas que est
POV Alexander LennoxHabía regresado de Inglaterra ese día. ¿Cuál fue la razón que me impulsó? Los treinta correos por parte de Dorothea diciendo en palabras textuales que preferiría estar muerta antes de trabajar conmigo…entonces tendríamos que ayudarla. Mi objetivo era hacerla sufrir, quería que se revolcara de sufrimiento. Yo, el gran Alexander siendo abandonado....ni en mis mas mórbidas pesadillas. ¿Por qué? Yo era el que siempre las abandonaba.Después de la reunión con mis abogados donde me entregaron unos documentos para llevarle a Dorothea el día siguiente sabía que ella explotaría del enojo. Se trataba de un acuerdo sencillo para que todos estuviéramos en calma, pero sabiendo lo impulsiva que era, estaba destinada a rechazarlo. Eso implicaría que tendríamos que comparecer ante el tribunal durante varios meses si no llegábamos a un acuerdo. Solo para molestarla, la llame a su teléfono personal que me proporciona su padre con la excusa de hablar con ella para firmar, solo r
—No puede ser…—murmuraba mientras leía el correo que había recibido de los abogados de Alexander. En el último correo me solicitaban que, en retribución a todos los inconvenientes que estaba generando, incluya una reunión mensual obligatoria con Alexander por las molestias causada. En esta reunión se plantearía diferentes platos que se harían en nuestros restaurantes, según ellos, para compensar todas las reuniones que hacía con mi padre. Con mis dedos presionaba el puente de la nariz en un intento por reducir el estrés, ya que de lo contrario el estrés me mataría. Treinta y cinco por ciento perdería, sus abogados exigían unos diez por ciento extra en compensación de querer romper la asociación…para muchos serian unos miseros cuarenta y cinco porciento…para mi lo era todo. El resto se quedaría dividido entre mi hermana Emely que tiene diez en acciones al igual que mi padre que aún tenía quince…y en mi caso solo me quedarían el resto. Perderlo todo….absolutamente todas las decision