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Elizabeth. Las horas pasaban, y me encontraba cada vez más angustiada, no sabíamos nada de Alex, aún no había regresado con el médico, la fiebre de mi bebé no quería ceder y eso ya me estaba causando mucho miedo. Había perdido mucho en los últimos tiempos, y no quería que mi bebé formará parte de esa estadística trágica. Me llene de pánico y las lágrimas brotaban de mis ojos sin parar, era como si una vez más el destino jugará en mi contra para enseñarme que la felicidad no se había hecho para mí. Necesitaba calmarme y pensar con la cabeza fría, entender que las cosas simplemente ocurren y ya, pero cuando se trata de los hijos es muy difícil mantener la cordura, pensar con la cabeza fría se vuelve imposible, así que tendría que respirar profundo y pedirle con toda mi alma adiós para que me ayudara en la recuperación de mi pequeño. Lo metí a bañar varias veces a temperatura ambiente, y de pronto recordé un remedio natural que la abuela utilizaba conmigo cuando era pequeña, por fortuna
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