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Cuándo las puertas se abrieron, no podía creer lo que veía frente a mí, mis ojos contemplaban la figura de la mujer que añoré por tantos años, su rostro reflejaba más edad de la que recordaba, habían pasado tantos años desde la última vez que la vi, aquella vez en la que me abrazaba a ella para impedir que se fuera, recuerdo sus ojos con la mirada perdida, en esos últimos tiempos mi madre ya no era ella, su mente estaba nublada por el dolor y sólo pensaba en mi padre, jamás pensó en mí, nunca buscó sobreponerse para estar conmigo y eso aún me lastimaba profundamente. No pude evitar que Las lágrimas se deslizaran por mis mejillas cuando la enfermera nos dejó a solas, seguía estando tan hermosa, las huellas del tiempo ya habían hecho sus estragos, pero aun así su belleza se hacía presente. Sentí unas infinitas ganas de correr a sus brazos y comportarme como aquel niño pequeño que alguna vez tanto la necesitó, pero no podía hacerlo, necesitaba explorar el terreno para ver cómo se comport
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