Tuve un sueño bastante reparador, honestamente me hacía falta, en los últimos días casi no había podido dormir debido a los acontecimientos que se estuvieron presentando, pero tener a Elizabeth y a mis hijos junto a mí definitivamente suponía un bálsamo para tranquilizarme y dejar de pensar todo el tiempo en lo mismo. La tía Amelia estaba resultando mucho mejor anfitriona de lo que pensé, estar en su casa se sentía como un verdadero hogar, era tan distinta a mi abuelo en su forma de ser, pero eso sí, bastante obstinada cuando se le metía algo en la cabeza. Bajamos a desayunar, ella personalmente cocinó para nosotros, buscaba hacernos sentir especial en todo momento, acción que agradecíamos muchísimo. – Muchachos les he preparado un itinerario bastante divertido, y no está en discusión, porque ya te conozco Alex, aunque no haya compartido contigo sé que eres igual de terco que tu abuelo, te hace falta despejarte, cambiar un poco de aires para que empieces a sentirte mejor – me dijo ell
Llegamos a la casa bastante agotados, había sido un día lleno de aventuras, la pasamos genial, como hace mucho tiempo no lo hacíamos. Nuestros gemelos y la tía Amelia ya nos esperaban, Alex y yo no teníamos hambre, nos habíamos dado un gran festín en el día de campo con el que terminamos nuestro paseo. – Vaya, pero si se les ve muy bien, sus rostros brillan de manera especial, me da mucho gusto que se hayan divertido – exclamó Amelia eufórica. – tenías razón doña generala, salir me hizo mucho bien – contestó Alex bromeando como siempre. – Con que ahora soy doña generala, sólo eso faltaba, aunque pensándolo bien, el nombre me queda genial – sonrió victoriosa. – ¿Por lo que veo no te puedo ganar una? – Dijo Alex. – Pues claro que no, soy una Turner, recuérdalo – contestó ella. – Eso me queda más que claro, tan parecida pero tan diferente al abuelo – señaló. –Somos hermanos, aun cuando ese viejo necio se empeñe en no querer reconocerlo – expresó Amelia. – Eso tarde o temprano tendrá que
Cuando abro la puerta, una mujer con un rostro angelical me da la bienvenida, al parecer estaba al tanto de qué iría a visitarla, me miró con unos ojos llenos de ternura y yo la saludé con un gesto afectuoso, era inevitable no sentirme nerviosa, no tenía la menor idea con lo que iba a enfrentarme, pero sé que la señora Amelia y el doctor Vallejos no me habrían permitido el acceso si eso representara algún peligro para mí. Aquella mujer parecía inofensiva, incapaz de haber perpetrado algo como lo que me contó Alex, se veía mucho más serena y tranquila de lo que hubiese imaginado, al parecer el tratamiento había rendido sus frutos y ella se encontraba mucho mejor, lo cual me alegraba profundamente porque así mi esposo y los niños podrían conocerla y aceptarla en su vida tal como debería ser. – Bienvenida cariño, muchas gracias por estar aquí, me hace muy feliz tu visita – dijo ella. – mucho gusto, soy Elizabeth la esposa de Alex – me presenté. – Estoy al tanto de quién eres, El doctor V
La gran fiesta de la tía Amelia no podía estar más animada, invitados iban y venían, la pista de baile estaba a reventar, nuestra querida generala se veía radiante, su hospitalidad tenía encantados a todos los asistentes a la celebración que me había dicho sería algo pequeño e improvisado, y para nada resultó ser de esa forma. –Menos mal que sería una fiesta improvisada, tía, imagínate si lo hubieses planeado – le dije entre risas mientras bailábamos. – Es bueno que me vayas conociendo jovencito, conmigo nada es a medias, ya deberías saberlo – contestó con una gran sonrisa en los labios. – Ha sido increíble conocerte tía, estoy muy feliz de qué hayas aparecido en nuestras vidas, ¿debiste regresar desde antes? – Le dije. Ella me miró con sus ojos llenos de ternura, se notaba su gran cariño hacia mí, y en verdad era algo que yo apreciaba con toda el alma, nunca fui una persona que contara con grandes afectos, estuve rodeada de tan pocas personas en lo que a lo familiar se refiere, que m
Aquella noche de reencuentros, sin duda había marcado el parteaguas de una nueva etapa en nuestras vidas, Alex se veía más relajado, mucho más tranquilo, cómo si el haber hablado con su mamá le hubiese producido el alivio que tanto necesitaba, aún cuando seguía cargando mucho dolor Y no terminaba de decidirse a perdonarla, a olvidarlo todo y seguir adelante. Regresamos a casa y todos nos recibieron con los brazos abiertos, extrañaban mucho a los gemelos, así que se desvíen en atenciones para ellos. Alex tenía muchos pendientes en la compañía, por lo que era muy poco tiempo el que podíamos verlo, mientras tanto yo tomé la determinación de hacer actividades referentes a la publicidad, y desde casa realizaba algunos aportes para industrias Turner, me sentía muy productiva, y me encantaba que Alex confiara en mis capacidades, cuando los gemelos estuviesen más grandes me incorporaría para ayudar a mi esposo desde la empresa, claro un tiempo parcial solamente para no descuidar a la familia.
La cena en mi casa había transcurrido mejor de lo que imaginábamos, por esa noche nos dimos la oportunidad de disfrutar de una atmósfera diferente a la que estábamos acostumbrados. Por muchos años arrastramos el dolor, y por única ocasión tuvimos la posibilidad de vivir algo distinto. Al día siguiente me levanté más temprano de lo normal, quería darle una sorpresa a Elizabeth, le informaría acerca de la decisión que había tomado respecto a su trabajo en la empresa, no se me hacía justo que ella tuviese que sacrificar sus capacidades y la inteligencia que poseía para la publicidad por mi afán de qué se dedicara exclusivamente a los gemelos, al final de cuentas ella podía perfectamente encargarse tanto de su rol de madre como de su trabajo si se lo proponía, los niños estarían muy bien a cargo de mi nana y su niñera, además la tía Amelia estaría muy presente, a partir de qué los conoció, siempre estuvo muy pendiente de ellos, primero desde España, y ahora que estaba en el país, con mayo
Mi llegada a la empresa fue bien recibida por la mayoría, pero no para Elena, una de las creativas del departamento de publicidad donde yo trabajaría. Cuando Rachel nos presentó, no pude evitar notar su profundo disgusto, tal vez porque pensó que yo representaría un obstáculo para su desempeño profesional. Me instalaron en mi oficina, lo cual me causaba una profunda emoción, así que no dejaría que las malas experiencias ensombrecieran la felicidad que estaba experimentando en ese momento. – Elizabeth, espero que te sientas muy cómoda en este lugar, estamos trabajando en el lanzamiento de los nuevos productos de telefonía celular, por lo que realizaremos los diseños de muestra para ver quién irá al frente en la campaña, enseguida te paso los prototipos para que puedas ir trabajando en tu propuesta – explicó Rachel. – Me encanta empezar a trabajar, así que esperaré con ansias tus instrucciones, a fin de cuentas tú eres la experta, y créeme que haré todo lo que esté a mi alcance para apr
Decidimos marcharnos temprano a nuestra habitación, Elizabeth y yo necesitábamos estar a solas, por tantas complicaciones con la familia no habíamos tenido oportunidad de dedicarnos tiempo como pareja, estar con ella me hacía sentir el hombre más afortunado sobre la tierra, ella y mis hijos representaban el amor más grande que hubiese podido sentir jamás. – Necesitaba tanto estar así contigo mi amor– Le dije mientras la besaba apasionadamente. – También tú me habías hecho mucha falta cariño, te amo tanto– contestó con la respiración entrecortada causando una excitación descomunal en mí. – Tus besos me vuelven loco, te necesito con desesperación – musité. Comencé a deslizar mis manos sobre su cuerpo, la iba despojando de sus prendas poco a poco y ella hacía lo mismo conmigo. Sentir nuestros cuerpos desnudos nos llevaba al borde de la locura, y juntos habíamos logrado encontrar la fórmula perfecta para explorar una aventura diferente cada vez que hacíamos el amor. Posaba mis labios sobr