Esa noche fue muy difícil para todos nosotros, la vida nos había cambiado de un momento a otro y era imposible que las cosas volvieran a ser lo mismo, cada uno tendría que lidiar con los fantasmas que lo atormentaban, cargar con sus vacíos existenciales y reponerse como mejor pudieran . me levanté e intente recomponerme, me sentía sumamente afectado, pero también muy culpable por desapegarme de esa manera de mi esposa y mis hijos, al final de cuentas Amelia tenía razón, ellos no eran culpables de nada de lo que me estaba sucediendo Y no tenía por qué hacerlos pagar por cosas que yo debía resolver, pero no podría hacerlo solo, los necesitaba a ellos, mi única fuente de vida, mi motor para seguir adelante, ellos lo representaban todo para mí, y necesitaba con todas mis fuerzas aferrarme a su cariño para poder reconstruirme. Agarré mi teléfono y marqué el número de Elizabeth, y al escuchar su voz del otro lado de la línea, sentí una inmensa paz que sólo me provocaba ella con su ternura.
Fue muy angustiante escuchar en ese estado a mi esposo, por lo que de inmediato comencé a prepararlo todo para viajar hasta donde él estaba, por fortuna Ashley era una chica bastante eficiente y sabía que tendría todo listo a la brevedad posible. La llamé por teléfono para ultimar detalles, me dio las indicaciones pertinentes y en compañía de Eduard nos dirigimos a abordar el avión que nos llevaría hasta España, habían pasado muchos días sin Alex, y era preciso estar con él en esos momentos de dificultad por los que estaba atravesando, no sabía de qué se trataba exactamente, pero intuía que sería algo muy fuerte, seguramente relacionado con su familia, pero al escuchar cómo se encontraba, no quise preguntarle nada y decidí a guardar a estar frente a él para poder ofrecerle mi consuelo y escucharlo. Nuestra querida Lu se quedaría a cargo de la casa así que no había ningún problema con que yo pudiera irme. Abordamos el avión, sería un viaje de muchas horas después de todo, pero nada imp
Tuve un sueño bastante reparador, honestamente me hacía falta, en los últimos días casi no había podido dormir debido a los acontecimientos que se estuvieron presentando, pero tener a Elizabeth y a mis hijos junto a mí definitivamente suponía un bálsamo para tranquilizarme y dejar de pensar todo el tiempo en lo mismo. La tía Amelia estaba resultando mucho mejor anfitriona de lo que pensé, estar en su casa se sentía como un verdadero hogar, era tan distinta a mi abuelo en su forma de ser, pero eso sí, bastante obstinada cuando se le metía algo en la cabeza. Bajamos a desayunar, ella personalmente cocinó para nosotros, buscaba hacernos sentir especial en todo momento, acción que agradecíamos muchísimo. – Muchachos les he preparado un itinerario bastante divertido, y no está en discusión, porque ya te conozco Alex, aunque no haya compartido contigo sé que eres igual de terco que tu abuelo, te hace falta despejarte, cambiar un poco de aires para que empieces a sentirte mejor – me dijo ell
Llegamos a la casa bastante agotados, había sido un día lleno de aventuras, la pasamos genial, como hace mucho tiempo no lo hacíamos. Nuestros gemelos y la tía Amelia ya nos esperaban, Alex y yo no teníamos hambre, nos habíamos dado un gran festín en el día de campo con el que terminamos nuestro paseo. – Vaya, pero si se les ve muy bien, sus rostros brillan de manera especial, me da mucho gusto que se hayan divertido – exclamó Amelia eufórica. – tenías razón doña generala, salir me hizo mucho bien – contestó Alex bromeando como siempre. – Con que ahora soy doña generala, sólo eso faltaba, aunque pensándolo bien, el nombre me queda genial – sonrió victoriosa. – ¿Por lo que veo no te puedo ganar una? – Dijo Alex. – Pues claro que no, soy una Turner, recuérdalo – contestó ella. – Eso me queda más que claro, tan parecida pero tan diferente al abuelo – señaló. –Somos hermanos, aun cuando ese viejo necio se empeñe en no querer reconocerlo – expresó Amelia. – Eso tarde o temprano tendrá que
Cuando abro la puerta, una mujer con un rostro angelical me da la bienvenida, al parecer estaba al tanto de qué iría a visitarla, me miró con unos ojos llenos de ternura y yo la saludé con un gesto afectuoso, era inevitable no sentirme nerviosa, no tenía la menor idea con lo que iba a enfrentarme, pero sé que la señora Amelia y el doctor Vallejos no me habrían permitido el acceso si eso representara algún peligro para mí. Aquella mujer parecía inofensiva, incapaz de haber perpetrado algo como lo que me contó Alex, se veía mucho más serena y tranquila de lo que hubiese imaginado, al parecer el tratamiento había rendido sus frutos y ella se encontraba mucho mejor, lo cual me alegraba profundamente porque así mi esposo y los niños podrían conocerla y aceptarla en su vida tal como debería ser. – Bienvenida cariño, muchas gracias por estar aquí, me hace muy feliz tu visita – dijo ella. – mucho gusto, soy Elizabeth la esposa de Alex – me presenté. – Estoy al tanto de quién eres, El doctor V
La gran fiesta de la tía Amelia no podía estar más animada, invitados iban y venían, la pista de baile estaba a reventar, nuestra querida generala se veía radiante, su hospitalidad tenía encantados a todos los asistentes a la celebración que me había dicho sería algo pequeño e improvisado, y para nada resultó ser de esa forma. –Menos mal que sería una fiesta improvisada, tía, imagínate si lo hubieses planeado – le dije entre risas mientras bailábamos. – Es bueno que me vayas conociendo jovencito, conmigo nada es a medias, ya deberías saberlo – contestó con una gran sonrisa en los labios. – Ha sido increíble conocerte tía, estoy muy feliz de qué hayas aparecido en nuestras vidas, ¿debiste regresar desde antes? – Le dije. Ella me miró con sus ojos llenos de ternura, se notaba su gran cariño hacia mí, y en verdad era algo que yo apreciaba con toda el alma, nunca fui una persona que contara con grandes afectos, estuve rodeada de tan pocas personas en lo que a lo familiar se refiere, que m
Aquella noche de reencuentros, sin duda había marcado el parteaguas de una nueva etapa en nuestras vidas, Alex se veía más relajado, mucho más tranquilo, cómo si el haber hablado con su mamá le hubiese producido el alivio que tanto necesitaba, aún cuando seguía cargando mucho dolor Y no terminaba de decidirse a perdonarla, a olvidarlo todo y seguir adelante. Regresamos a casa y todos nos recibieron con los brazos abiertos, extrañaban mucho a los gemelos, así que se desvíen en atenciones para ellos. Alex tenía muchos pendientes en la compañía, por lo que era muy poco tiempo el que podíamos verlo, mientras tanto yo tomé la determinación de hacer actividades referentes a la publicidad, y desde casa realizaba algunos aportes para industrias Turner, me sentía muy productiva, y me encantaba que Alex confiara en mis capacidades, cuando los gemelos estuviesen más grandes me incorporaría para ayudar a mi esposo desde la empresa, claro un tiempo parcial solamente para no descuidar a la familia.
La cena en mi casa había transcurrido mejor de lo que imaginábamos, por esa noche nos dimos la oportunidad de disfrutar de una atmósfera diferente a la que estábamos acostumbrados. Por muchos años arrastramos el dolor, y por única ocasión tuvimos la posibilidad de vivir algo distinto. Al día siguiente me levanté más temprano de lo normal, quería darle una sorpresa a Elizabeth, le informaría acerca de la decisión que había tomado respecto a su trabajo en la empresa, no se me hacía justo que ella tuviese que sacrificar sus capacidades y la inteligencia que poseía para la publicidad por mi afán de qué se dedicara exclusivamente a los gemelos, al final de cuentas ella podía perfectamente encargarse tanto de su rol de madre como de su trabajo si se lo proponía, los niños estarían muy bien a cargo de mi nana y su niñera, además la tía Amelia estaría muy presente, a partir de qué los conoció, siempre estuvo muy pendiente de ellos, primero desde España, y ahora que estaba en el país, con mayo