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Alex. Habíamos llegado a mi refugio, un lugar maravilloso con todas las características necesarias para pasar un tiempo espectacular en compañía de mi hermosa familia, nunca me había atrevido a llevar a nadie aquel lugar, pues lo consideraba mi santuario, un lugar exclusivamente diseñado para mí. Desde muy joven, empecé a recrearlo, y a ponerle todos los matices necesarios para transformarlo a mi manera. Pero ya era momento de dejar atrás el hermetismo y permitir que las personas más importantes de mi vida pudieran formar parte de ese pequeño mundo mágico. Elizabeth estaba maravillada ante semejante vista, se respiraba un aire de tranquilidad que definitivamente le daría nuevos bríos tanto a nuestra relación como a la vida misma. La casa estaba ubicada en una isla cuyo Mar dejaba entrever su inmensidad, el agua tenía un azul inspirador, el nivel de las olas Era Perfecto, la suavidad de la arena hacía que te relajaras incluso con caminar. En ese pequeño santuario podía verse un atardec
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