Cuando el chofer le dice que ya llegaron, debe darse la vuelta para ver por qué ella no le responde, pero la verdad es que le causa una mezcla de diversión y ternura ver a aquella chiquilla con la cabeza apoyada en el respaldo del asiento, con la boca medio abierta y un papel desparramado en el asiento.
Le envía un mensaje al jefe y en menos de un minuto, el teléfono de Giselle suena, despertándola algo desorientada, mira a todos lados y busca en su bolso el sonido insistente. Cuando lo saca, se da cuenta que está fuera del edificio.
—¿Aló? —contesta mientras ordena sus cosas para bajar, sij saber quién le responderá—.
—Giselle, quiero invitar a mi madre a cenar esta noche, a casa, ¿te molesta si lo hago?
—No, por supuesto que no, ¿acaso olvidas que es tu casa? —le dice algo distraída y bajando del auto—. Puedes invitar a qu
No se puede negar que esa afinidad entre Rob y Giselle es fuerte, ambos tienen temas muy comunes, interesantes y profundos. Resulta que aquel hombre entiende muchas de las cosas que habla Giselle, algo que ella aprecia, porque por primera vez en mucho tiempo puede entablar una conversación seria con un hombre que no se Tomy.Uno que no le hace escenas de celos ni se toma las cosas como broma.—Y dime, Giselle, ¿qué piensas hacer de aquí a cinco años? ¿Te ves con familia, hijos o en el mismo lugar?—¿Sabes? Esa es una pregunta que jamás me he hecho —dice ella bebiendo de aquel té que pidió para alargar más el momento—. Y ahora que me la haces tú, me hace pensar que en cinco años estaré a puertas de los treinta.—Seguro te verás igual de bella que ahora.—Jajaja, eso no es lo que me preocupa… por el traba
De más está decir que Giselle está como agua para chocolate, hirviendo de la rabia y casi echando humo por las orejas. Pero se la va a cobrar de la mejor manera que se le ocurre. No entiende cómo un hombre en poco más de una hora pudo terminar así de ebrio, pero lo que menos logra comprender, es qué o quién lo puso así.Lo oye balbucear palabras ininteligibles y eso le causa algo de gracia. Al menos no es de esos borrachos llorones, sino de los divertidos.Al llegar al estacionamiento, lo tira de uno de los pies para obligarlo a bajar y con ayuda del chofer logra sacarlo de allí.—¿Quiere que la ayude a subirlo?—No se preocupe, seguro que desde ahora podrá caminar solo. Gracias.Max comienza a caminar, con ella rodeando su cintura para guiarlo hasta el ascensor. Las puertas se abren y entran en él, Giselle marca la clave y espera que nadie se suba, pero este se detiene en el primer piso y suben dos mujeres, una mayor y otra tan joven como Giselle.Una de las mujeres no deja de mirar
El jueves pasó como si nada, al menos por parte de Max, porque Max cargaba la culpa en todo el cuerpo.Aunque durante el día trabajó como loca, para agotarse y poder dormir, por la noche no puedo sino dormir un par de horas, porque la consciencia y las ganas de ir con Max, enterrarse en sus brazos y besarlo como si no hubiera un mañana, eran tremendas.Pero ya era viernes, y ese día era el concierto. Aunque quería ir, no le había dicho nada a Max sobre aquellas entradas, especialmente porque no sabía si él iba a querer ir con ella.En realidad, no le había dicho a Max sobre nada, lo de ellos se había convertido en una relación de trabajo muy silencioso y solo se dijeron los buenos días, que tal el día y las buenas noches.Sale de su habitación, pensando en la rueda de prensa del día anterior, donde desmintió cualquier relación que
Veinte minutos después, llama a Tomy y le entrega el contrato de ella.—Por favor, dáselo a Jason, él se hará cargo de ella.—Sí, señorita Sparks —Tomy sale de allí y Max se va con el de Rob.Una parte de ella le dice lo mismo que con Megan, que es un terrible error, pero no puede rechazarlo, en especial porque Rob accedió a ser uno de los clientes con programas comunitarios que puede entregar muchísimo a los niños y jóvenes sin familia.Conocer a los niños de la señora Peck le abrió los ojos de una manera que no se esperaba y el estar ella misma casi sin familia, le ha dejado esas sensación de hacer algo más por aquellos chiquillos que solo enseñarles cosas.Tras revisar todos los puntos de aquel contrato, lo firma y le envía un mensaje a Rob, diciéndole que en cuanto tenga un tiempo libre, que la l
Cuando Max se citó con aquella mujer con tanta urgencia, no se imaginó que terminaría huyendo de ella… literalmente hablando.Y mucho menos el problema en que lo metería con su bonita.Se citó con Dalia en un café, lo más concurrido posible para esa hora, porque él conocía la reputación de la mujer, creyó que eso la detendría, pero se equivocó tremendamente.Tras conversar un poco, Max le pidió que contactara a su hija, por un par de pases VIP Super Star en el spa de su hija. La mujer habló con su hija por aquellos pases de todo lujo, los que estaban reservados para personalidades como JLo, Mariah Carey o Salma Hayek.Le costaron un dineral, pero ella lo valía y, para asegurarse de que no iban a cancelarle la reserva en cuanto corriera de allí, se aseguró de pagarla, confirmarla y fijar la fecha para el día s
Ella se pone de pie y camina emocionada hacia esas rosas, Tomy firma el recibo y toma aquel sobre. Giselle huele las rosas, es un arreglo hermoso, comienza a contarlas y ve que son veinte rosas en total.—¿Qué tiene el sobre? —le pregunta a Tomy sin dejar de ver las rosas.Tomy abre el sobre, saca el contenido y se queda petrificado. Ella se gira para saber por qué su amigo no habla y se acerca para ver aquello que lo dejó tan pasmado, hasta que posa la vista en aquel pase.—No… —dice ella sin poder creérselo.—Sí… — le responde Tomy.—Pero… pero, estas cosas valen una fortuna.—Doscientos cincuenta mil, cada uno.—Y aquí hay dos —Giselle le quita el sobre y deja el arreglo de rosas sobre el escritorio.Saca otro papel dentro y ve una bella caligrafía, Tomy la tiene que sostener cuando ella co
Sobre el día de spa solo podemos decir que fue relajante, a cada uno lo llevaron a una sección diferente, por lo que no se vieron en todo el día. Sin embargo, ambos salieron con la misma cara de satisfacción después de todos esos mimos y se durmieron en el camino, Giselle con su cabeza apoyada en el hombro de Max.Luego de eso, los días pasaron con ciertas discusiones acera de algunas citas que Max había agendado con mujeres de dudosa reputación mediática. En todas ella estuvo presente, solo para saber que era eso tan importante a negociar y solo eran excusas para ver a Max.Al menos eso era lo que ella decía, pero era para asegurarse de que Max no se citara con ninguna fuera de la oficina.Hoy, ya es viernes otra vez. Por la noche del jueves, Giselle se acostó tarde y vio a Max trabajando en su despacho, por lo que no le causa sorpresa el no verlo en la cocina cuando va por el chocolat
Unos minutos después, Giselle aparece con una bandeja y se la coloca en frente. Huele delicioso y Max recuerda que no ha comida nada durante la mañana, así que ataca su plato como si no fuese a comer más.—Buen apetito… es una buena señal.—Creo que voy a querer más, esto está delicioso.Giselle se lleva el plato vacío y cuando regresa, trae dos.—No te emociones, que uno es para mí.Se sienta a su lado, sube los pies a la cama y comienza a comer, sin quitarle la mirada de encima a Max. Ambos terminan casi al mismo tiempo y ella se lleva los platos sucios de una vez, cuando regresa, le coloca el termómetro a Max otra vez y respira cuando ve que la temperatura ya está en 38°C—Bueno, yo iré a quitarme el disfraz de ejecutiva, regreso en seguida.—¿Me vas a vigilar todo el día?—Sí, porque quiero asegurarme de que esa botella de agua desaparecerá antes del atardecer —lo mira con ojos acusatorios y Max suelta la carcajada—.Sin pensarlo mucho, Giselle se mete a la ducha, luego se viste r