El escándalo de la prueba de embarazo revelada por Nico no tardó en convertirse en una celebración improvisada. Vanessa y Alex felicitaron efusivamente a Mariana y Damián, quien seguía en estado de shock.—Hermano, ¿estás bien? —preguntó Alex, dándole una palmada en la espalda.—No lo sé… —murmuró Damián, todavía procesando—. O sea, sé cómo pasó, pero… ¡¿cómo pasó?!Mariana soltó una carcajada.—Si necesitas que te haga un dibujito, avísame.—No es necesario amor, gracias —dijo Damián, pasándose una mano por el rostro—. Dios… ¿Voy a ser papá?—¡Sí! —exclamó Vanessa con entusiasmo—. Y eso hay que celebrarlo.Mariana sonrió con ternura al verlo en ese estado, pero su sonrisa se desvaneció cuando Damián le tomó las manos y la miró con intensidad.—Esto no cambia nada, ¿verdad? Yo… sigo siendo el mismo idiota que no sabe cómo ser un hombre de familia.—Sí, pero ahora eres un idiota con un bebé en camino —respondió Mariana con una sonrisa divertida.—Exacto —intervino Vanessa—. Y los idiot
La fiesta en el jardín de Vanessa y Sofía estaba en su punto máximo. Luces colgantes iluminaban el espacio, la música sonaba animada y Mariana y Damián recibían felicitaciones por su bebé. Todo era risas y brindis… hasta que él llegó.Un amigo de Mariana de la universidad, Andrés, guapo, con una sonrisa encantadora y confianza de sobra, apareció con una botella de vino como regalo. Apenas vio a Vanessa, le lanzó un cumplido descarado.—Vaya, Mariana no me dijo que tendría que cuidarme de una diosa en esta fiesta.Vanessa soltó una risa divertida, tomándolo como una broma. Sofía, al lado, levantó una ceja y le susurró:—Muerta en 3, 2, 1…Porque Alexandro Montenegro había visto y oído todo.Desde el otro lado del jardín, Alex dejó su copa en la mesa con tanta calma que solo Sofía y Damián notaron el fuego en su mirada antes de que se pusiera de pie y se acercara a Vanessa como un depredador marcando su territorio.—¿Diosa? —repitió con una sonrisa afilada cuando estuvo lo suficientemen
A la mañana siguiente... El sol entraba por la ventana cuando Vanessa se despertó. Alex aún dormía a su lado, su brazo pesaba sobre su cintura y su respiración era lenta y profunda. Se veía tan tranquilo que por un momento pensó en no despertarlo. Pero tenían cosas que hacer. Se removió un poco, logrando que él gruñera en protesta y la apretara más contra su cuerpo. —Cinco minutos más —murmuró contra su cuello. Vanessa sonrió y deslizó los dedos por su cabello. —No podemos, Montenegro. Tengo que contarte algo. Eso llamó su atención. Alex entreabrió los ojos y la miró con curiosidad. —A ver… Vanessa se acomodó mejor y suspiró. —Ayer hablé con mi mamá. Me contó más sobre Elena Duarte. Resulta que en algún momento desapareció del mapa y nadie sabe exactamente qué pasó con ella… pero mi mamá logró conseguir una posible dirección. Alex se incorporó un poco, apoyándose en su codo. —¿Dónde? —En un pequeño pueblo a unas horas de aquí. No es nada confirmado, pero es lo mejor que te
El viento soplaba con fuerza cuando Vanessa y Alexandro estacionaron frente a una pequeña casa en las afueras de la ciudad. La pintura de la fachada estaba gastada por los años, y las ventanas apenas dejaban entrever luces cálidas en su interior.Habían pasado semanas intentando encontrar a Emilia Duarte. La dirección que les había dado la madre de Vanessa resultó ser incorrecta, y cada pista los había llevado a un callejón sin salida. Pero finalmente, después de mucho insistir, la encontraron. Emilia fue una exmodista de Montenegro Luxe, alguien que había trabajado en la misma época que Isabel, la abuela de Vanessa. Si alguien conocía la verdad sobre lo que ocurrió en aquellos años, era ella.Vanessa respiró hondo y tocó la puerta con firmeza. Su corazón latía con fuerza, cada golpe contra la madera parecía resonar dentro de ella. Si Emilia sabía algo, podría cambiarlo todo.Unos segundos después, la puerta se entreabrió con un crujido. Apareció una mujer de cabellos grises y ojos ca
El boceto temblaba en las manos de Vanessa, pero su mirada estaba fija en Alexandro. Él no decía nada. No se movía, no parpadeaba, no respiraba. —Alex… —susurró ella, pero él levantó una mano, pidiéndole silencio. Vanessa cerró la boca. Podía verlo romperse en tiempo real. —No tiene sentido… —murmuró Alex, dando un paso atrás, como si necesitara más distancia de la verdad—. Esto… no puede ser cierto. Emilia suspiró. —Lo es, muchacho. —Mi abuelo… —Alexandro negó con la cabeza, pasándose una mano por el cabello—. Él estuvo casado con mi abuela toda su vida. —Pero amó a Isabel —dijoEmilia con suavidad—. Lo vi con mis propios ojos. Y cuando su familia lo obligó a casarse con otra, le rompieron el alma a ambos. Alexandro soltó una risa incrédula y amarga. —No. No. —Alex… —Vanessa se acercó a él, pero él retrocedió de inmediato, como si ella quemara. Su respiración se volvió errática. —Si esto es verdad… —dijo, con la voz temblorosa—Significa que toda mi vida ha sido una mentir
Vanessa bajó del auto casi al mismo tiempo que Alexandro. Apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que él avanzara con paso decidido hacia la gran mansión Montenegro.—¡Alex, espera! —lo llamó, corriendo tras él.Él se detuvo, su espalda rígida y los puños cerrados. Giró solo lo suficiente para mirarla con el ceño fruncido.—Vanessa, no intentes detenerme.—No quiero detenerte —dijo ella, acercándose con cautela—. Quiero que pienses.Alexandro la miró con incredulidad, su pecho subiendo y bajando con la furia contenida.—¿En qué quieres que piense? ¿En cómo mi familia destruyó la vida de la tuya?Vanessa tragó saliva, sintiendo el peso de sus palabras.—En que no podemos confiar en lo que nos dijo Emilia ciegamente.Él apretó la mandíbula con fuerza.—¿Dudas de lo que nos dijo?Vanessa respiró hondo, tratando de mantenerse firme.—No digo que mienta, pero es una historia demasiado grande para aceptarla sin pruebas sólidas. No conocemos toda la verdad. Solo tenemos bocetos, cartas y s
El día en la oficina pasó con la tensión palpable en el aire, pero el trabajo no podía detenerse. Vanessa se sumergió en sus proyectos, aunque su mente no dejaba de girar en torno a la revelación de Emilia y la angustia en los ojos de Alexandro. Él también parecía concentrado, revisando documentos y tomando llamadas, pero sus gestos delataban su intranquilidad. Cada cierto tiempo, su mirada se posaba en la puerta de su oficina, como si esperara que Vanessa entrara, como si su sola presencia pudiera aliviar el peso que llevaba en los hombros.Sin embargo, Vanessa no entró. Se obligó a mantenerse ocupada, a no buscarlo. Sabía que Alexandro tenía que procesar todo por su cuenta, aunque una parte de ella deseaba ir, tomarle la mano y decirle que no estaba solo.A medida que las horas avanzaban, la puerta de la oficina de Alexandro se mantuvo cerrada. Vanessa aprovechó el momento para tomar un respiro. Se estiró en su silla y justo en ese instante, Mariana entró con una sonrisa traviesa, c
El sol brillaba alto en el cielo mientras Vanessa y Alex pasaban la tarde en el jardín de su casa.Vanessa estaba sentada en el césped, hojeando un libro de diseño, mientras Alex, con una cerveza en la mano, la observaba con una media sonrisa. Cerca de ellos, Nico corría de un lado a otro, rebosante de energía.De repente, el perro se detuvo bajo el gran roble y empezó a cavar frenéticamente, lanzando tierra en todas direcciones.—¿Qué haces, niño? —preguntó Vanessa, entrecerrando los ojos con sospecha.Alexandro soltó una carcajada.—Debe estar escondiendo uno de tus zapatos otra vez.—No lo dudes… pero espera, está demasiado concentrado.Nico siguió escarbando como si su vida dependiera de ello, removiendo la tierra con un entusiasmo desmedido. Y entonces, algo quedó al descubierto.Un viejo baúl de madera asomó entre el polvo y las raíces.Vanessa se puso de pie de un salto, su corazón latiendo con fuerza.—¿Qué demonios es eso?Alexandro se acercó, frunciendo el ceño.—Parece… una