Todo era un murmullo. Un zumbido lejano, como si el mundo se filtrara a través de una pared de agua. No sabía si estaba soñando o si había despertado en un sueño, uno donde todo dolía sin doler, donde respirar era un esfuerzo y abrir los ojos, una batalla.Lo primero que sentí fue la presión en mi mano. Alguien me sostenía. Una calidez familiar, un ancla en medio de la nada. Abrí los ojos con lentitud y el rostro de Aurora se fue dibujando como si emergiera de una neblina espesa.Su voz. Su mano.“Estás a salvo”, dijo. ¿Estaba?Intenté hablar, pero mi voz era un susurro quebrado. “¿Fue un accidente?”Aunque no supe cuánto tiempo había pasado desde la última vez. La luz era distinta, más clara, más cálida, como si el sol se hubiera colado por alguna ventana invisible. Todo seguía igual y todo era distinto. Mi cuerpo dolía menos, o tal vez me había acostumbrado al dolor. Me sentía pesada, pero no rota.Y por un momento, pensé que lo del bebé había sido solo un sueño.Una pesadilla sembr
Finalmente me encontraba en casa. Después de una larga semana en el hospital, pude salir de alta no sin antes una serie de cuidados estrictos para mantener con vida a mi bebé."Mi bebé."Ni siquiera podía creer que me encontraba embarazada.Aún me costaba asimilarlo. Sentada en el borde de la cama, con una almohada presionando suavemente mi espalda, pasé mis manos por mi vientre aún plano, como si buscara confirmar que algo estaba creciendo dentro de mí. El silencio de la habitación contrastaba con el bullicio de emociones que llevaba por dentro: miedo, incertidumbre… pero también un destello de esperanza.El doctor había sido claro: necesitaba reposo absoluto, nada de estrés ni movimientos bruscos. Las amenazas de perder al bebé no eran menores. Y aunque mi cuerpo estaba débil, era mi mente la que más me pesaba.Durante los días en el hospital Dimitri , no se apartó de mi lado. Dormía en una silla incómoda, pendiente de cada sonido que hacía, de cada gesto, de cada contracción repent
—Señorita Adams, escuché que ya no está impartiendo los cursos de cocina.—Así es, profesor. De hecho, estoy en busca de un empleo urgentemente; necesito mantenerme para poder seguir estudiando.—He hablado con la profesora Claxton y me comentó que eres una chef prometedora. Conozco a alguien que necesita una cocinera con urgencia, ¿te interesaría?—¡Claro! —respondí, sonriendo de emoción—. Sería una excelente oportunidad.El profesor me extendió una tarjeta con dirección y contacto.—Preséntate mañana. Hablaré con mi colega esta tarde para que esté al tanto.—Gracias, profesor, en serio.El profesor me dio una palmada en el hombro antes de marcharse, y yo miré la tarjeta, sintiendo una mezcla de ilusión y nervios. Era la oportunidad que tanto necesitaba. Los últimos meses había estado trabajando en el restaurante de mi profesora Claxton como asistente en los cursos, pero por razones personales, ella tuvo que cancelar las clases, dejándome sin empleo.Guardé la tarjeta y regresé a cas
Había pasado una semana desde que empecé a trabajar en la mansión Yilmaz, y aún no había tenido la oportunidad de conocer al señor Dimitri Yilmaz en persona. Sin embargo, estaba tranquila, ya que había pasado la prueba y finalmente firmado el contrato como chef de planta. Ahora llegaba cada mañana para preparar las comidas del día, incluida la de los empleados, y en las tardes, el pequeño Azad me hacía compañía hasta que su madre o el chofer venían por él. Esta tarde, tras terminar las preparaciones asignadas y limpiar la cocina, me quedé con ganas de explorar la casa, ya que no había tenido la oportunidad de verla en detalle. Con cautela, me adentré en la sala principal, envuelta en un silencio casi solemne. Los arreglos florales, las piezas de arte y los retratos familiares decoraban el salón con elegancia. Observé con atención los cuadros de una pareja con dos niños, seguramente la familia del señor Yilmaz. Me detuve en una serie de fotos de Azad, en las que estaba junto a su madr
No había podido dormir en toda la noche. La ansiedad me tenía al borde, revisando las noticias cada pocos minutos con la esperanza de encontrar alguna actualización sobre Azad y su madre. Pero nada. Silencio absoluto.Al amanecer, no pude soportar más la espera. Salí de inmediato rumbo a la casa del señor Yilmaz, buscando algo, cualquier cosa que me diera paz. Al llegar, me encuentro con uno de los guardias de seguridad.—Señorita Kate, tal vez debería tomarse el día. El señor Yilmaz no ha vuelto desde anoche, y no creo que regrese pronto.—¿Sabe algo sobre Azad y su madre? —pregunté, con la voz temblorosa.—No, señorita... Solo rezo para que se recuperen.Tragué saliva, sintiendo cómo mi corazón se contraía. —Voy a preparar algo para nosotros. La angustia me está matando en casa, y aquí al menos puedo hacer algo.Él asintió, comprensivo. Caminé hacia la cocina y comencé a preparar el menú del día con las manos temblorosas, cada corte, cada mezcla, una distracción para mis pensamient
Había sido una semana extenuante, llena de angustia y pequeños triunfos para el pequeño Azad. Los médicos, tras días de incertidumbre, finalmente le dieron el alta, y él no dudó en pedir ir a la casa de su tío. Quería estar conmigo, no permitía que me separara de él ni un instante. La psicóloga decía que me veía como su ancla, su refugio en medio de la tormenta, por la conexión profunda que habíamos formado desde aquel día trágico.Luego de bañarlo y leerle un cuento, lo llevé a la cama. Me quedé a su lado hasta que, poco a poco, su respiración se volvió tranquila y se durmió profundamente. Con cuidado, me levanté, bajé las escaleras y fui a la cocina a buscar un vaso de agua, intentando ahogar la tristeza que me asfixiaba cada vez que pensaba en el dolor que este niño cargaba.—Señorita Adams...Di un respingo y dejé escapar un pequeño jadeo al escuchar esa voz. Me giré y vi al señor Yilmaz observándome en silencio, como si hubiera estado ahí mucho tiempo.—No quería asustarla —dijo
Me encontraba en el despacho de su abogado, un lugar frío y solemne que esta vez parecía aún más opresivo. Estaba allí para escuchar los detalles del testamento de mi hermana y mi cuñado. Aquellos asuntos legales que tanto había postergado. No podía concebir que ahora, tras perderlos, estuviera en esta situación, pero la reciente amenaza de Adelia y Mauro me dejó claro que necesitaba saberlo todo para proteger a Azad.El abogado, un hombre de rostro severo y mirada compasiva, me miró desde el otro lado del escritorio.—Señor Yilmaz, ¿está listo para conocer los detalles? —preguntó con una voz suave.Asentí, aunque el nudo en su estómago solo aumentaba.—La última voluntad de su hermana fue elaborada de forma muy específica —continuó el abogado, hojeando un documento—. De acuerdo con su testamento, la custodia de Azad recae automáticamente en usted, su hermano mayor. Sin embargo... —hizo una pausa, mirándome directamente a los ojos— hay una condición que debe cumplirse para que se hag
Habían sido días difíciles después del sepelio de los padres de Azad. Aunque su ánimo no era el mejor, trataba de buscar la manera de sacarle una sonrisa y hacerlo sentir un poco mejor cada día.Tras un día largo, finalmente se ha dormido y yace plácidamente en su cama. Yo regreso a la sala para recoger los juguetes que el pequeño había dejado esparcidos.Observo al señor Yilmaz, quien luce pensativo y bastante nervioso, algo poco común en él.—¿Está todo bien, señor Yilmaz? —le pregunto, aun sabiendo que su respuesta podría ser brusca.—Kate, necesito hablar contigo —musita finalmente.Me señala el sofá. Tomo asiento y noto que su nerviosismo crece aún más.¿Qué le sucede?—Hoy fui a ver al abogado de la familia —comienza, y tras una pausa, prosigue—. Me informó sobre los términos de la última voluntad de mi hermana.¿Voluntad?—Sí, la última voluntad de mi hermana... —continúa—. Es que, para obtener la custodia de Azad, yo... debo estar casado."Oh..."—¿Casarse...? —murmuro, asombr