Benjamín abrió la puerta de un golpe y la cerró rápidamente una vez que entraron. Luego, con la maleta en la mano, subió las escaleras al segundo piso, entro en la habitación de invitados y la dejo sobre la cama. Dafne lo seguía en silencio.—Puedes dormir aquí. Si tienes miedo, puedes llamarme ¡A mí no me molestaría dormir contigo! —esbozó una sonrisa descarada y arrogante.—¡Ni en tus sueños! Mejor sal, quiero descansar —exclamó Dafne con una mezcla de enojo y desaliento. Recordó la última vez que estuvo en ese edificio y lo vio con su novia, lo que avivó la rabia en su interior. Cuando llamó a Ava y le propuso irse a trabajar con ella, sintió que era lo mejor que podía hacer para alejarse de él, y ahora, irónicamente, estaban bajo el mismo techo.Benjamín, divertido por su actitud, se dio media vuelta y se marchó a su habitación.A la mañana siguiente, Sofía abrió los ojos con pereza. Su cuerpo se sentía pesado y le costaba reaccionar. Parpadeó varias veces hasta recuperar la conci
Ava dejó caer la cabeza sobre su hombro y gimió con tristeza.—Yo quiero trabajar —protestó con un suspiro—. Tenía planes para esa empresa. Quería contratar nuevos empleados con buenos contratos laborales, buscar inversores, hacer que volviera a ser importante en el mercado como la tuya. Las chicas iban a ayudarme con ese proyecto, pero ahora se me escapa de las manos porque mi esposo quiere mantenerme en una burbuja de cristal.Dante se giró hacia ella y le besó la mejilla con ternura. La barba rubia oscura, que había crecido durante la noche, le rozó la piel, causándole un escalofrío.—Te comprendo, pero ahora mismo no puedes hacerlo. Necesito que entiendas que esto no es un juego, allá afuera hay un psicópata sin alma. ¿Te imaginas cómo me sentí ayer cuando me dijiste que les estaban disparando? Desde que entraste en mi vida te has convertido en una parte esencial de mí, y no voy a permitir que te pase nada. No tienes idea de la angustia que experimenté y que solo desapareció cuand
Dafne se despertó sofocada. Había soñado con aquel beso que Benjamín le dio en su oficina cuando renunció. Su corazón latía con fuerza, y el calor le subió al rostro al recordar la intensidad de aquel momento. Se sacudió la cabeza con frustración, intentando ahuyentar el pensamiento.«Deja de sonar tonterías, él es un hombre ocupado.»Se dirigió al baño. Después de asearse, sacó la maleta y la metió en el clóset sin ordenarla. Solo la abrió para sacar una camisa ancha y un pantalón corto holgado. Se sentó en la cama y se vistió.Luego salió de la habitación y caminó hacia la cocina. Al llegar, quedó atónita al ver a Benjamín sentado en el mesón con una laptop y una taza de café a su lado. Sus ojos se abrieron de par en par ante el descaro de él. Tragó saliva al verlo sin camisa, con solo unos pantalones cortos de algodón blanco que resaltaban su trasero perfecto. Balbuceó mentalmente.«Bienvenida a su mundo. Veremos cómo salimos de este departamento sin sucumbir a ese cuerpo, pero no
A la distancia, la joven que entregó las flores apenas había dado unos pasos cuando una sombra se interpuso en su camino. Ernesto, vestido de negro, con su postura rígida y su expresión inescrutable, la observó con intensidad.—Soy el guardaespaldas de la señorita Olivia. ¿Quién te dio esas flores? —su voz era firme, sin espacio para rodeos.La chica sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Sus manos se crisparon alrededor de la correa de su mochila.—U-un chico de la universidad… —murmuró, con la garganta seca—. Me pagó cien dólares para entregarlas.—¿Nombre?—No lo sé. Solo me dijo que estudiamos en la misma universidad.Ernesto sostuvo su mirada unos segundos más, evaluándola. No parecía una amenaza. Apenas una mensajera asustada.—Puedes irte.La joven corrió rápidamente y desapareció entre la multitud. Ernesto, sin perder tiempo, sacó su teléfono.—Jefe, Olivia recibió flores. Una chica se las entregó, pero no sabe quién se las envió.Al otro lado de la línea, la voz de Alan
Ava se sentía decaída y sin ánimos de hacer nada. Estaba a punto de quedarse dormida cuando su esposo entró a la habitación acompañado del médico.—Hola, Ava. Me contaron que no te has sentido bien. Dime, ¿cuáles son tus síntomas? —preguntó Josué con voz amable.—Doctor, me da mucho sueño. Últimamente tengo un hambre voraz y no paro hasta saciarme. A veces siento muchas náuseas, pero hoy ha sido horrible, vomité todo lo que comí —respondió Ava con un gesto de desagrado.El médico, que conocía a Dante desde hacía años, esbozó una sonrisa y dirigió una mirada significativa a su amigo antes de responder.—No te preocupes, Dante, tu esposa no tiene nada malo —aseguró, rebuscando en su maletín. Sacó una pequeña caja y se la extendió a Ava—. Anda al baño y hazte esta prueba de embarazo. Es posible que tus síntomas sean motivo de alegría. Será mejor confirmarlo para indicarte los suplementos que debes tomar.Ava abrió los ojos como platos. Su período siempre había sido irregular, pero su cue
Estas dos semanas habían sido un tormento para Dafne. Benjamín la llevaba de vez en cuando a la empresa para recoger documentos y luego la regresaba al departamento. Ella estaba ansiosa de que atraparan al lunático de su primo y poder recuperar su libertad y tranquilidad.Era domingo cuando Benjamín le propuso ver una película y luego pedir comida de afuera. Dafne aceptó sin pensarlo demasiado. Mientras conversaban, él preparó palomitas y ella arregló la sala. No entendía por qué se sentía ilusionada con ese momento, deseaba que fuera algo más que una simple película.Dafne escogió "Siempre el mismo día", entre las películas románticas era una de sus favoritas. Siempre que la veía, terminaba llorando, no podía evitarlo. Para Benjamín, la película era aburrida, pero verla con ella le resultaba relajante. Se sentaron en extremos opuestos del sofá, pero eran pocos los sentimientos que los separaban.A mitad de la película, el teléfono de Benjamín sonó. Lo tenía sobre la mesita. Estiró la
Dafne estaba harta de los insultos de Alexa, del descaro de Benjamín y de su estúpido juego de manipulación. Si él creía que tenía el control, estaba muy equivocado. Ya no iba a quedarse callada, ya no iba a permitir que la tratara como una segunda opción. Esta vez, ella movería las piezas a su favor.—Alexa, mi chocolatico y yo estamos viviendo juntos —soltó con una dulzura empalagosa, bajando la mirada como si estuviera avergonzada—. No me digas que no te ha contado —Alzó la vista con fingida inocencia—. ¿Ya sé por qué? Me ha dicho tantas veces que solo siente lástima por ti.Alexa se quedó inmóvil al escuchar esas palabras. El aire pareció volverse denso a su alrededor. Sus mejillas se tornaron rojas y sus labios temblaron, no de miedo, sino de rabia. Sus puños se cerraron con tanta fuerza que las uñas se clavaron en sus palmas.—¡No te creo! ¡Él no pudo decir eso! Él me ama, solo a mí —espetó con desprecio, fulminando con la mirada a Dafne—. Tú solo eres una arribista, como todas
El abuelo se mudó a la casa donde había instalado a Marcela y a Hermes, quería darle espacio a Dexter. La residencia quedaba cerca de la mansión y se encontraba en una zona con máxima seguridad.Sofía permanecía en su habitación, sintiéndose cada vez más frustrada por su situación. Los días transcurridos la habían desgastado emocionalmente. La monotonía de su rutina la asfixiaba: salía solo para ir a la cocina y luego volver a encerrarse en su habitación a trabajar con su laptop. La falta de libertad comenzaba a afectarla.Decidió que necesitaba distraerse y salir de esa habitación. Bajó las escaleras, notando lo silenciosa que era la casa. La servidumbre, después de terminar sus labores, apenas rondaba por allí, y los guardias de seguridad permanecían siempre vigilando afuera. Mientras caminaba por el pasillo, entró en una habitación cuya puerta estaba entreabierta. Sus ojos se iluminaron al descubrir estantes repletos de libros. Sonrió, divertida.—Al menos el macho alfa tiene buen