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Capítulo cuarenta y tres 43

A la distancia, la joven que entregó las flores apenas había dado unos pasos cuando una sombra se interpuso en su camino. Ernesto, vestido de negro, con su postura rígida y su expresión inescrutable, la observó con intensidad.

—Soy el guardaespaldas de la señorita Olivia. ¿Quién te dio esas flores? —su voz era firme, sin espacio para rodeos.

La chica sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Sus manos se crisparon alrededor de la correa de su mochila.

—U-un chico de la universidad… —murmuró, con la garganta seca—. Me pagó cien dólares para entregarlas.

—¿Nombre?

—No lo sé. Solo me dijo que estudiamos en la misma universidad.

Ernesto sostuvo su mirada unos segundos más, evaluándola. No parecía una amenaza. Apenas una mensajera asustada.

—Puedes irte.

La joven corrió rápidamente y desapareció entre la multitud. Ernesto, sin perder tiempo, sacó su teléfono.

—Jefe, Olivia recibió flores. Una chica se las entregó, pero no sabe quién se las envió.

Al otro lado de la línea, la voz de Alan
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