A la distancia, la joven que entregó las flores apenas había dado unos pasos cuando una sombra se interpuso en su camino. Ernesto, vestido de negro, con su postura rígida y su expresión inescrutable, la observó con intensidad.—Soy el guardaespaldas de la señorita Olivia. ¿Quién te dio esas flores? —su voz era firme, sin espacio para rodeos.La chica sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Sus manos se crisparon alrededor de la correa de su mochila.—U-un chico de la universidad… —murmuró, con la garganta seca—. Me pagó cien dólares para entregarlas.—¿Nombre?—No lo sé. Solo me dijo que estudiamos en la misma universidad.Ernesto sostuvo su mirada unos segundos más, evaluándola. No parecía una amenaza. Apenas una mensajera asustada.—Puedes irte.La joven corrió rápidamente y desapareció entre la multitud. Ernesto, sin perder tiempo, sacó su teléfono.—Jefe, Olivia recibió flores. Una chica se las entregó, pero no sabe quién se las envió.Al otro lado de la línea, la voz de Alan
Ava se sentía decaída y sin ánimos de hacer nada. Estaba a punto de quedarse dormida cuando su esposo entró a la habitación acompañado del médico.—Hola, Ava. Me contaron que no te has sentido bien. Dime, ¿cuáles son tus síntomas? —preguntó Josué con voz amable.—Doctor, me da mucho sueño. Últimamente tengo un hambre voraz y no paro hasta saciarme. A veces siento muchas náuseas, pero hoy ha sido horrible, vomité todo lo que comí —respondió Ava con un gesto de desagrado.El médico, que conocía a Dante desde hacía años, esbozó una sonrisa y dirigió una mirada significativa a su amigo antes de responder.—No te preocupes, Dante, tu esposa no tiene nada malo —aseguró, rebuscando en su maletín. Sacó una pequeña caja y se la extendió a Ava—. Anda al baño y hazte esta prueba de embarazo. Es posible que tus síntomas sean motivo de alegría. Será mejor confirmarlo para indicarte los suplementos que debes tomar.Ava abrió los ojos como platos. Su período siempre había sido irregular, pero su cue
Estas dos semanas habían sido un tormento para Dafne. Benjamín la llevaba de vez en cuando a la empresa para recoger documentos y luego la regresaba al departamento. Ella estaba ansiosa de que atraparan al lunático de su primo y poder recuperar su libertad y tranquilidad.Era domingo cuando Benjamín le propuso ver una película y luego pedir comida de afuera. Dafne aceptó sin pensarlo demasiado. Mientras conversaban, él preparó palomitas y ella arregló la sala. No entendía por qué se sentía ilusionada con ese momento, deseaba que fuera algo más que una simple película.Dafne escogió "Siempre el mismo día", entre las películas románticas era una de sus favoritas. Siempre que la veía, terminaba llorando, no podía evitarlo. Para Benjamín, la película era aburrida, pero verla con ella le resultaba relajante. Se sentaron en extremos opuestos del sofá, pero eran pocos los sentimientos que los separaban.A mitad de la película, el teléfono de Benjamín sonó. Lo tenía sobre la mesita. Estiró la
Dafne estaba harta de los insultos de Alexa, del descaro de Benjamín y de su estúpido juego de manipulación. Si él creía que tenía el control, estaba muy equivocado. Ya no iba a quedarse callada, ya no iba a permitir que la tratara como una segunda opción. Esta vez, ella movería las piezas a su favor.—Alexa, mi chocolatico y yo estamos viviendo juntos —soltó con una dulzura empalagosa, bajando la mirada como si estuviera avergonzada—. No me digas que no te ha contado —Alzó la vista con fingida inocencia—. ¿Ya sé por qué? Me ha dicho tantas veces que solo siente lástima por ti.Alexa se quedó inmóvil al escuchar esas palabras. El aire pareció volverse denso a su alrededor. Sus mejillas se tornaron rojas y sus labios temblaron, no de miedo, sino de rabia. Sus puños se cerraron con tanta fuerza que las uñas se clavaron en sus palmas.—¡No te creo! ¡Él no pudo decir eso! Él me ama, solo a mí —espetó con desprecio, fulminando con la mirada a Dafne—. Tú solo eres una arribista, como todas
El abuelo se mudó a la casa donde había instalado a Marcela y a Hermes, quería darle espacio a Dexter. La residencia quedaba cerca de la mansión y se encontraba en una zona con máxima seguridad.Sofía permanecía en su habitación, sintiéndose cada vez más frustrada por su situación. Los días transcurridos la habían desgastado emocionalmente. La monotonía de su rutina la asfixiaba: salía solo para ir a la cocina y luego volver a encerrarse en su habitación a trabajar con su laptop. La falta de libertad comenzaba a afectarla.Decidió que necesitaba distraerse y salir de esa habitación. Bajó las escaleras, notando lo silenciosa que era la casa. La servidumbre, después de terminar sus labores, apenas rondaba por allí, y los guardias de seguridad permanecían siempre vigilando afuera. Mientras caminaba por el pasillo, entró en una habitación cuya puerta estaba entreabierta. Sus ojos se iluminaron al descubrir estantes repletos de libros. Sonrió, divertida.—Al menos el macho alfa tiene buen
Sofía luchó con todas sus fuerzas, empujándolo con las manos. Pero, algo dentro de ella la obligo a ceder. Poco a poco, sus defensas se desmoronaron mientras una corriente cálida recorría su cuerpo, llenándola de sensaciones nuevas y desconocidas. Por primera vez en su vida, se sintió vulnerable y un deseo dentro de ella despertó, algo que la hizo querer rendirse a ese hombre.Dexter se dio cuenta de que los besos de Sofía eran torpes e inexpertos; no tenía experiencia con los hombres. Su corazón dio un brinco de alegría al comprender que era el primero en tocarla. Se dejó llevar por la emoción y profundizó el beso, explorando con fervor la calidez de su boca. Buscó su lengua y comenzó a succionarla suavemente. Sofía, impulsivamente, levantó los brazos y los rodeó en el cuello de él. A pesar de su falta de experiencia, no podía negar que le gustaba cómo la besaba, y su cuerpo, sin poder evitarlo, no quería separarse de el de él.Con una facilidad, Dexter la levantó entre sus brazos, h
Dafne no comprendía cómo esa mujer había llegado al extremo de intentar quitarse la vida por un hombre. Tampoco entendía cómo Benjamín, siendo consciente del estado emocional de Alexa, no había buscado ayuda para ella. La situación le resultaba desconcertante y preocupante. Ella permanecía sentada, con la mirada fija al piso, esperando noticias. La voz del doctor hizo que levantara la cabeza.—¿Familiares de la señorita Alexa Rossi?—Soy amigo de su familia —respondió Benjamín, sin levantarse de su asiento.—Ella se encuentra estable, está fuera de peligro. Al reaccionar, empezó a llorar y a llamar a un tal Ben, también hablaba cosas sin coherencia. Decidimos aplicarle un sedante para dormirla.—Gracias, doctor. Su hermano está por llegar. Nosotros nos retiramos —dijo Benjamín, con la mirada neutral mientras se levantaba de la silla.El doctor asintió con la cabeza y se retiró.—¿Por qué tuviste que ser tan despectivo? Pensé que al menos te ibas a quedar hasta que despertara. ¿Te esta
Las lágrimas rodaron por las mejillas de Dafne. Se sintió profundamente conmovida por la historia que acababa de escuchar. Extendió las manos y lo abrazó, apoyando su cabeza cerca de su oído mientras le susurraba con ternura.—Siento mucho lo de tu mamá y que hayas pasado penurias en tu vida.—¡Pequeña! No tienes por qué sentir pena por mí. Eso está en mi pasado.—Pero no deberías estar con Alexa por obligación. Ese señor vio lo mejor de ti y por eso te ayudó a ser una mejor persona —ella se separó de él, mirándolo a los ojos.—Conozco a Alexa desde hace 10 años y debo admitir que desde el primer momento en que la vi me cautivó. Con el paso del tiempo, nuestra relación comenzó a desarrollarse, pero siempre he tratado de ayudarla de la misma manera en que su padre me ayudó a mí. Aunque su madre y su hermano regresaron a Italia, ella decidió quedarse a mi lado. —explicó Benjamín, mientras nuevas lágrimas aparecían en su rostro —. En algún momento, sentí amor por ella, pero con el tiempo