Las lágrimas rodaron por las mejillas de Dafne. Se sintió profundamente conmovida por la historia que acababa de escuchar. Extendió las manos y lo abrazó, apoyando su cabeza cerca de su oído mientras le susurraba con ternura.—Siento mucho lo de tu mamá y que hayas pasado penurias en tu vida.—¡Pequeña! No tienes por qué sentir pena por mí. Eso está en mi pasado.—Pero no deberías estar con Alexa por obligación. Ese señor vio lo mejor de ti y por eso te ayudó a ser una mejor persona —ella se separó de él, mirándolo a los ojos.—Conozco a Alexa desde hace 10 años y debo admitir que desde el primer momento en que la vi me cautivó. Con el paso del tiempo, nuestra relación comenzó a desarrollarse, pero siempre he tratado de ayudarla de la misma manera en que su padre me ayudó a mí. Aunque su madre y su hermano regresaron a Italia, ella decidió quedarse a mi lado. —explicó Benjamín, mientras nuevas lágrimas aparecían en su rostro —. En algún momento, sentí amor por ella, pero con el tiempo
Olivia estaba molesta. Gerson le había contado lo que ocurrió con la joven que entregó las flores. Le confesó que le gustaba, pero no quería meterse en problemas con su familia. Ella nunca había estado en una relación de pareja y no entendía por qué debía dejar de hacer cosas propias de su edad. Para despejarse la mente, decidió salir con sus amigas al parque de diversiones. Antes de ir, le envió un mensaje a Gerson para avisarle que estaría allí.Minutos después, caminaba junto a Zoe cuando esta la tomó del brazo y señaló con discreción.—Mira quién está allá. Olivia siguió la dirección que le indicaba su amiga y soltó un suspiro resignado.—Le mandé un mensaje diciéndole que estaría aquí, pero no quiere acercarse. Por lo que paso con la chica de las flores.—Pero si él no hizo nada malo, no veo por qué no puede compartir con nosotras —respondió su amiga confunda.—Lo entiendo, a mí tampoco me gusta que me vigilen.—Si quieres hablar con él, puedo ayudarte a que nadie los interrumpa
Uno de los hombres vio a una chica recostada al pie de un árbol y notificó por el auricular: —Aquí está, la encontré.Todos salieron corriendo hacia donde Olivia estaba sentada, inconsciente. Alan llegó detrás de ellos y, al ver a la joven desmayada, sintió que algo dentro de él se estremecía. Apartó a sus hombres del camino y se agachó. Le tomó el pulso y luego le acarició la cara con las manos, moviéndola con cuidado.—Niña, despierta —su voz sonó ronca y fría.Olivia comenzó a recuperar la conciencia poco a poco. Parpadeó varias veces, sintiéndose mareada. Con una mueca de confusión, llevó la mano a su cabeza. El dolor palpitante la hizo fruncir el ceño. Trató de moverse, pero un hormigueo adormecía sus piernas. Alzó la vista y se encontró con un hombre de mandíbula tensa frente a ella. Nunca lo había visto.Volvió a cerrar los ojos, tratando de procesar lo sucedido. Su corazón dio un vuelco al recordar a Gerson. Lo último que recordaba era haber estado con él.—Tú… ¿Quién… eres? —
Alan cortó la llamada y suspiró pesadamente. Apoyó la espalda en la pared, cruzando los brazos sobre el pecho. Esa niña la conocía solo por fotos, videos, y por los informes que Ernesto le había entregado. Olivia era una pieza más en el rompecabezas de la vida de amigo. Nada más. O eso pensaba. Después de todo lo ocurrido, no entendía por qué diablos le importaba tanto.—¿Qué te pasa, Alan? —se preguntó en voz baja, frunciendo el ceño—. ¿Por qué estás molesto? Es solo la prima de tu mejor amigo. Deja de pensar estupideces.Suspiró con fastidio y se dirigió nuevamente a la habitación. Se sentó en un sillón frente a la cama, observando con paciencia el rostro dormido de Olivia. Dos horas después, ella comenzó a moverse.Olivia abrió los ojos lentamente, parpadeando varias veces hasta que su visión se ajustó a la tenue luz de la habitación. Su mente aún estaba aturdida, tratando de procesar todo lo que había sucedido. Bostezó y se estiró un poco, pero un escalofrío le recorrió la espalda
Esa misma noche, Sofía y Dexter estaban teniendo una fuerte discusión. Dexter le había negado la oportunidad de volver a trabajar directamente en la empresa y dejó claro que no sería la guardaespaldas de Ava. Sofía, molesta y confundida, no entendía por qué actuaba así. Aunque durante su recuperación él la había tratado con mucho cuidado y, aunque disfrutaba de sus besos y roces íntimos, ella estaba decidida a no dejarse dominar por ningún hombre.—Mira, macho alfa, eres igual que tu primo, un psicópata. ¿Quién, en su sano juicio, mantiene a una mujer encerrada y luego espera que haga lo que él quiera? Esta familia está loca. Déjame decirte algo, Dexter: no soy una mujer a la que cualquiera pueda controlar. — Sus palabras estaban llenas de rabia y frustración. Tenía los brazos cruzados, claramente mostrando que no iba a dejarse intimidar.Dexter, con la mandíbula tensa, respondió con una mezcla de desesperación y firmeza en su voz.—Sofía, eres mía, desde el momento en que llegaste a
El anciano estiró la mano y tomó una jarra que estaba cerca. Al ver su intención, Sofía tomó un vaso y lo levantó a la altura del anciano para que lo llenara.—Perdón, hija, a mi edad siempre se me reseca la garganta en las conversaciones largas.—No se preocupe, abuelo, tengo tiempo para escucharlo —balbuceó Sofía, entregándole el vaso. El anciano dio un sorbo de agua y continuó hablando.Al día siguiente, intentó llamarla, pero solo escuchó el tono de la contestadora. Preocupado, contactó a la madre de Adeleth, quien también estaba angustiada por no tener noticias de su hija. Salimos rápidamente hacia su casa y, al no encontrarla, decidimos acudir a la policía. Sin embargo, nos dijeron que debíamos esperar 48 horas para iniciar la búsqueda oficial. Justo al salir de la comisaría, recibimos una llamada que nos hizo apresurarnos al hospital. En una de sus habitaciones, nos encontramos con la amiga de Adeleth, quien presentaba golpes, llevaba un collarín y tenía una pierna rota, result
El camino transcurrió en silencio, y después de una hora de carretera, finalmente llegaron. El carro se estacionó frente a un imponente edificio, propiedad del señor John Johnson, donde Dexter desempeñaba su trabajo como CEO de la empresa.Con rapidez, Sofía salió del carro. Vestía una sencilla camisa blanca, pantalones clásicos de mezclilla y unos deportivos del mismo color.Al llegar a recepción, se presentó con una sonrisa amable.—Hola, buenos días. ¿Me permite pasar a Presidencia? Estoy buscando a Dexter Johnson.La recepcionista la miró con tranquilidad.—Buenos días, señorita. ¿Está citada por el Sr. Johnson? —Ella no tenía autorización para permitir el acceso a la oficina presidencial a menos que el visitante estuviera registrado. Sin embargo, justo cuando iba a preguntar su nombre para buscarla en el ordenador, escuchó a Sofía decir.—No me busque en la lista, no tengo cita. Pero llame directamente al CEO y dígale que Sofía, su guardaespaldas, lo busca.—Adela, deja pasar a l
Dacota palideció. No podía creer que esa mujer con cara dulce pudiera hacer algo así. Otro gesto de dolor apareció en su rostro mientras era levantada.Sofía dejó de mirar a la mujer y centró su atención en Dexter.—¿Te puedo hacer una pregunta?Dexter no aguanto más y soltó una carcajada. Le gustaba ver a su angelito en acción. Cruzando los brazos y respondió con tranquilidad.—Dime.—Un hombre tan frío y posesivo como tú, ¿qué hace con una secretaria superficial y maleducada? Creo que voy a darme unos paseítos por esta empresa.Dexter entrecerró los ojos y, entretenido, confesó.—Acepto. Estar todo el día contigo no es mala idea, mi angelito.Al ver la mirada pícara de Dexter, Sofía resopló queriendo retractarse.—Mejor no, menos trabajo con tu prima y descanso de ti cuando salga a trabajar.Dacota observó el rostro de su jefe mientras se sobaba el coxis. Se sorprendió al ver que era la primera vez que lo veía sonreír, con un brillo en los ojos. No podía creer que todo esto fuera gr