Esa misma noche, Sofía y Dexter estaban teniendo una fuerte discusión. Dexter le había negado la oportunidad de volver a trabajar directamente en la empresa y dejó claro que no sería la guardaespaldas de Ava. Sofía, molesta y confundida, no entendía por qué actuaba así. Aunque durante su recuperación él la había tratado con mucho cuidado y, aunque disfrutaba de sus besos y roces íntimos, ella estaba decidida a no dejarse dominar por ningún hombre.—Mira, macho alfa, eres igual que tu primo, un psicópata. ¿Quién, en su sano juicio, mantiene a una mujer encerrada y luego espera que haga lo que él quiera? Esta familia está loca. Déjame decirte algo, Dexter: no soy una mujer a la que cualquiera pueda controlar. — Sus palabras estaban llenas de rabia y frustración. Tenía los brazos cruzados, claramente mostrando que no iba a dejarse intimidar.Dexter, con la mandíbula tensa, respondió con una mezcla de desesperación y firmeza en su voz.—Sofía, eres mía, desde el momento en que llegaste a
El anciano estiró la mano y tomó una jarra que estaba cerca. Al ver su intención, Sofía tomó un vaso y lo levantó a la altura del anciano para que lo llenara.—Perdón, hija, a mi edad siempre se me reseca la garganta en las conversaciones largas.—No se preocupe, abuelo, tengo tiempo para escucharlo —balbuceó Sofía, entregándole el vaso. El anciano dio un sorbo de agua y continuó hablando.Al día siguiente, intentó llamarla, pero solo escuchó el tono de la contestadora. Preocupado, contactó a la madre de Adeleth, quien también estaba angustiada por no tener noticias de su hija. Salimos rápidamente hacia su casa y, al no encontrarla, decidimos acudir a la policía. Sin embargo, nos dijeron que debíamos esperar 48 horas para iniciar la búsqueda oficial. Justo al salir de la comisaría, recibimos una llamada que nos hizo apresurarnos al hospital. En una de sus habitaciones, nos encontramos con la amiga de Adeleth, quien presentaba golpes, llevaba un collarín y tenía una pierna rota, result
El camino transcurrió en silencio, y después de una hora de carretera, finalmente llegaron. El carro se estacionó frente a un imponente edificio, propiedad del señor John Johnson, donde Dexter desempeñaba su trabajo como CEO de la empresa.Con rapidez, Sofía salió del carro. Vestía una sencilla camisa blanca, pantalones clásicos de mezclilla y unos deportivos del mismo color.Al llegar a recepción, se presentó con una sonrisa amable.—Hola, buenos días. ¿Me permite pasar a Presidencia? Estoy buscando a Dexter Johnson.La recepcionista la miró con tranquilidad.—Buenos días, señorita. ¿Está citada por el Sr. Johnson? —Ella no tenía autorización para permitir el acceso a la oficina presidencial a menos que el visitante estuviera registrado. Sin embargo, justo cuando iba a preguntar su nombre para buscarla en el ordenador, escuchó a Sofía decir.—No me busque en la lista, no tengo cita. Pero llame directamente al CEO y dígale que Sofía, su guardaespaldas, lo busca.—Adela, deja pasar a l
Dacota palideció. No podía creer que esa mujer con cara dulce pudiera hacer algo así. Otro gesto de dolor apareció en su rostro mientras era levantada.Sofía dejó de mirar a la mujer y centró su atención en Dexter.—¿Te puedo hacer una pregunta?Dexter no aguanto más y soltó una carcajada. Le gustaba ver a su angelito en acción. Cruzando los brazos y respondió con tranquilidad.—Dime.—Un hombre tan frío y posesivo como tú, ¿qué hace con una secretaria superficial y maleducada? Creo que voy a darme unos paseítos por esta empresa.Dexter entrecerró los ojos y, entretenido, confesó.—Acepto. Estar todo el día contigo no es mala idea, mi angelito.Al ver la mirada pícara de Dexter, Sofía resopló queriendo retractarse.—Mejor no, menos trabajo con tu prima y descanso de ti cuando salga a trabajar.Dacota observó el rostro de su jefe mientras se sobaba el coxis. Se sorprendió al ver que era la primera vez que lo veía sonreír, con un brillo en los ojos. No podía creer que todo esto fuera gr
Sofía no se movió ni apartó la mirada. Observó cada una de sus facciones, su cuerpo rígido y la forma en que sus dedos se aferraban a los bordes de la mesa.—Necesitaba entenderte —dijo con sinceridad—. Quiero ayudarte a sobrellevar tu sufrimiento y hacerte ver que no tuviste la culpa de su muerte—. Sus palabras cargadas de comprensión y empatía, flotaron en el aire—. Tú no podías adivinar que ella se subiría a un auto con unos desconocidos. Fue injusto lo que le pasó, pero fue su decisión.Dexter cerró los ojos por un momento, inhalando profundamente.—Dexter —dijo con voz baja—. Yo... yo quiero estar a tu lado, pero necesito que confíes en mí, como yo confiare en ti. No quiero que me apartes de tu vida cuando sientas miedo.Dexter abrió los ojos y la miró. Sus pupilas intensas y dilatadas se encontraron con las de ella.—No quería que me miraras como a un hombre roto. Pensé que, si te lo decía, Te perderías. Y no sé si podría soportarlo.Sofía se levantó y dio un paso hacia adelante
El sonido de la puerta cerrándose resonó suavemente detrás de ellos. Sofía sintió su respiración entrecortada, su corazón desbocado mientras sus dedos se aferraban a la nuca de él, buscando más.Dexter apoyó su frente contra la de ella, su pecho subiendo y bajando con rapidez.—No tienes idea de lo que provocas en mí —susurró, con su voz ronca, cargada de emoción y deseo.Sofía sonrió con dulzura, acariciando su rostro con la yema de los dedos.—Entonces, demuéstramelo.Dexter dio dos zancadas hacia la cama y acostó a Sofía con suavidad, separándose de sus labios para recuperar el aliento.Sofía, con el rostro encendido, sentía su piel arder por el deseo. Sus ojos brillaban al mirarlo. Sin darle tregua, Dexter deslizó su camisa por su cuello, revelando la suavidad de su piel. Sus ojos se iluminaron al ver esos perfectos y redondos senos que resaltan sobre su brasier. Él se posicionó en la punta de la cama y le quitó sus zapatos. Luego la ayudó a quitarse el pantalón sin dejar de perde
El tiempo pasó, y Lorena seguía buscando la manera de acercarse a Dante, pero siempre fracasaba en sus intentos. Una tarde, mientras almorzaba con una amiga, sus ojos se posaron en una mesa cercana. Allí estaba Greta, conversando con una mujer embarazada. Lorena la reconoció de inmediato. Sabía que en el pasado esa mujer la había tratado con cortesía por respeto a su hijo, aunque nunca la había aceptado como nuera. Vio en ese momento la oportunidad de ver de frente a la esposa de Dante.—Amiga, mira quién está allá, esa vieja metiche —murmuró con desdén entrecerrando los ojos—. ¿Crees que debería ir a saludarla? Necesito acercarme a su hijo como sea.Su amiga, volteo la cabeza hacia donde Lorena miraba, observó la escena y notó que Greta parecía animada conversando con una mujer embarazada, respondió con cautela:—Greta es una mujer educada, dudo que te falte el respeto en un lugar como este, Pero está con alguien. ¿Será la esposa de Dante?Lorena chasqueó la lengua con desprecio.—No
Con la mirada fija en el techo, Dante dejó escapar un suspiro pesado antes de comenzar a relatar:—Lorena es modelo. Hace cinco años tuvimos una relación, No voy a mentirte, fue mi primer amor. Pero todo cambió cuando descubrió que estaba embarazada. Para ella, la noticia llegó en el peor momento de su vida. Su carrera estaba despegando, tenía que asistir a una pasarela en París y quería alcanzar su sueño de ser una modelo reconocida en el mundo de la moda.Recuerdo el día en que me lo dijo. Fui al departamento que compartíamos juntos y la encontré bebiendo, visiblemente alterada, entre tragos, me confesó que esperaba embarazada. Yo me paralicé, algo en mi se activó y mil emociones de felicidad recorrieron mi cuerpo. pero al verla empinando la botella de alcohol en su boca, supe que algo no estaba bien y le pregunté qué sucedía.—No quiero estar embarazada. No quiero a este bebé. Eso es lo que pasa —me escupió con frustración—. Si tengo este bebé, mi carrera se acabó.Yo quería a ese