Con dedos temblorosos, Ava marcó el número de Dante. Cada timbre le parecía eterno. Al tercer tono, él contestó.—¡Amor! ¿Estás saliendo para la casa? —preguntó con ternura, estirándose placenteramente en su sillón.El corazón de Ava se encogió. Ojalá estuviera en casa con él, segura. Pero no lo estaba.—Dan… nos están siguiendo —su voz salió entrecortada, apenas un susurro tembloroso—. Solo contamos con tres guardaespaldas y les están disparando.—¡Maldición! —espetó Dante, su voz transformándose en puro acero—. ¿Dónde están los demás guardaespaldas? ¡Hazle caso a Sofía y no te alejes de ella! ¡Ya vamos con refuerzos!Ava respiró hondo, intentando contener el pánico que le nublaba la mente.—Frank y Danny están en la estación de policía. Los otros venían detrás, pero… —tragó saliva— les están disparando. Eduardo salió de la autopista para perderlos. Con nosotras también está Dafne.Dante ya cruzaba la oficina a grandes zancadas, hasta llegar a la puerta de Benjamín empujándola con ta
Sofía, Ava y Dafne corrían sin detenerse, con el miedo latiendo en sus pechos. Los disparos habían cesado, pero el sonido de los pasos de sus perseguidores resonaba en el aire. Estaban agotadas, pero no podían detenerse.Sofía escaneó el terreno con desesperación, buscando dónde esconderse. Sus pulmones ardían, sus piernas temblaban, pero su mente se mantenía alerta. Entonces, entre la maleza, divisó un barranco de poca profundidad.—¡Por aquí! —susurró con urgencia, guiándolas hacia el borde. Sabía que no era el escondite perfecto, pero en ese momento era la única opción que tenía.Las tres mujeres descendieron con cuidado por el barranco, agachándose lo más que podían para no ser vistas. El suelo estaba resbaloso. Sofía, con el arma en las manos, miró a Ava y Dafne con una calma que decía que todo iba a estar bien, aunque por dentro su corazón latiera desbocado.—Manténganse calladas —susurró con voz tensa—. Buscare la manera de protegerlas, lo prometo. No les pasará nada.Dafne y Av
Dante, al escuchar la palabra "herida", supo que se trataba de su esposa. Sus ojos se abrieron con sorpresa y una profunda preocupación. Sin pensarlo, le arrebató el teléfono a Alan y, mirándolo fijamente, gruñó:—Me debes una explicación —Luego, se llevó el teléfono a su oreja y, con urgencia, preguntó—: Dime, ¿mi esposa está bien?Dexter, al darse cuenta de que la voz al otro lado del teléfono no pertenecía a su amigo, supo quién era.—Dante, Ava está bien.Dante suspiró aliviado, sintiendo cómo su cuerpo se relajaba momentáneamente. Pero no dejó de indagar.—¿Y Dafne y Sofía? ¿Cómo están?—La de cara angelical tiene una herida en el hombro, pero Dafne solo está asustada.—¿Quién eres tú y por qué las tienes? —preguntó ahora con una voz tensa, buscando respuestas.—Ya le mandé la ubicación a Alan para que conversemos personalmente —colgó la llamada sin darle oportunidad a más preguntas. Miró a Sofía, que aún estaba en sus brazos, y agregó—: Ya vamos a llegar para que te atiendan.Da
El anciano tomó varias bocanadas de aire y, con voz firme, decidió comenzar su relato.—Todos los que estamos aquí somos como familia. Les voy a contar desde el principio de dónde comenzó el odio. Tómenlo con calma.Hace 45 años, Frederick Koch era el dueño de Condextec, una empresa de producción y distribución de equipos tecnológicos. Era una de las primeras empresas posicionadas en el mercado y gozaba de un estatus económico privilegiado. Frederick estaba casado con Elba Jones y tenían tres hijos: Roger, de 25 años, un joven que se la pasaba de fiesta, entre borracheras, mujeres y malos pasos. A pesar de sus errores, era el hijo destinado a ejercer la presidencia de la empresa, siguiendo la tradición familiar de generaciones pasadas. Hermes, de 22 años, se destacaba como un joven inteligente; ya se había graduado con honores y poseía una mente brillante. Por último, estaba Cecilia, una niña dulce de 18 años.Frederick no estaba satisfecho con los rumores y chismes que circulaban sob
Ava sollozaba desconsolada, las lágrimas caían sin control al comprender la maldad del hombre que había destrozado la vida de su familia. El peso de la traición le apretaba el pecho, mientras su mente no lograba procesar la magnitud de lo que acababa de descubrir. Sin embargo, el abrazo cálido de su esposo le brindaba una sensación de seguridad.—Ya no llores, cariño —susurró Dante, acariciándole el hombro con ternura—. No sigas llorando.—Es monstruoso, lo que ese hombre le hizo a un bebé inocente —respondió Ava, con la voz rota.—Sí, querida —dijo el anciano, con el rostro marcado por el peso de los recuerdos—. Eso es solo una muestra de la crueldad que Roger fue capaz de cometer. Pero lo peor estaba por llegar. —Exhaló profundamente antes de continuar—. Cinco meses después, mi buen amigo Hermes salía de la empresa y decidió detenerse a comprar flores para su esposa en un puesto ambulante. Al girarse para regresar a su carro, un vehículo en movimiento lo alcanzó y disparó varias vec
—Tu madre siempre fue ingenua. Nunca investigó su pasado ni supo que tenía un hermano. Esa ignorancia la mantuvo a salvo durante muchos años. Además, mantenerme alejado de ustedes las protegía.El anciano hizo una pausa para tomar aire. Sentía el peso de las miradas expectantes sobre él. Después de exhalar profundamente una última vez, continuó.—En cuanto a Olivia, al principio pensé que era como tu madre, de carácter débil. Pero después de su muerte, me ha demostrado que es tan fuerte como tú. Como te conté, a tu tío lo mantuve fuera de la familia Koch; nunca llevó nuestro apellido. Tu primo, a quien todos creían muerto en el accidente, ha seguido su propio camino y se ha dedicado a la búsqueda de Roger y su hijo. Y en cuanto a ti, ese carácter que tienes, sumado a un esposo que no se deja intimidar y que está dispuesto a protegerte, me llevó a la conclusión de que eras la indicada para retomar las riendas de Condextec.Ava estaba asombrada por todas las revelaciones que acababa de
El impacto de descubrir la verdadera naturaleza de su padre dejó a Dafne en estado de shock. Necesitaría tiempo para procesar y aceptar la cruda realidad que acababa de escuchar. No quería llorar, no quería sentir la rabia y la tristeza que la inundaban, pero las lágrimas fluían sin control, como un río desbocado. Se sentía completamente aturdida por las revelaciones que había escuchado. Ahora tenía primos y un asesino persiguiéndolos.Las emociones la abrumaban: incredulidad, decepción y, sobre todo, una profunda tristeza al saber que su padre murió víctima de los engaños y manipulaciones de su propio tío. No podía evitar pensar en el dolor y la confusión que su hermano sintió al presenciar a su padre quitarse la vida. Ahora tendría que encontrar la forma de contarle todo a su madre y, sobre todo, a Hermes.Benjamín sintió cómo su corazón se encogía al ver a su pequeña en ese estado. En ese preciso momento, se prometió a sí mismo que sería él quien la protegería, incluso si ella no q
Benjamín abrió la puerta de un golpe y la cerró rápidamente una vez que entraron. Luego, con la maleta en la mano, subió las escaleras al segundo piso, entro en la habitación de invitados y la dejo sobre la cama. Dafne lo seguía en silencio.—Puedes dormir aquí. Si tienes miedo, puedes llamarme ¡A mí no me molestaría dormir contigo! —esbozó una sonrisa descarada y arrogante.—¡Ni en tus sueños! Mejor sal, quiero descansar —exclamó Dafne con una mezcla de enojo y desaliento. Recordó la última vez que estuvo en ese edificio y lo vio con su novia, lo que avivó la rabia en su interior. Cuando llamó a Ava y le propuso irse a trabajar con ella, sintió que era lo mejor que podía hacer para alejarse de él, y ahora, irónicamente, estaban bajo el mismo techo.Benjamín, divertido por su actitud, se dio media vuelta y se marchó a su habitación.A la mañana siguiente, Sofía abrió los ojos con pereza. Su cuerpo se sentía pesado y le costaba reaccionar. Parpadeó varias veces hasta recuperar la conci