Unas cuantas semanas después Elena se encontró a sí misma trabajando nuevamente en el bar que tanto le había dado en el inicio de su embarazo, estaba cansada, con sueño, eran las siete de la tarde y su turno termina a las nueve, pero de alguna forma estaba feliz de poder volver al mismo ambiente húmedo que la había hecho sentir tan segura. A pesar de los problemas con Peter. Ahora Peter era de hecho la mejor parte. Elena se acercó a la barra del bar por los tragos de la mesa siete, unos que Noah ya tenía preparados para ella, mientras ponía su mirada directo en los bailarines haciendo sus acrobacias. Ella miró sobre sus hombros, levantando una ceja al ver una pareja simulando el sexo. —Nos hemos vuelto más explícitos con los meses —Noah se inclinó sobre la mesa con una sonrisa enamorada—. U la la, ¿A quien estamos mirando? —A nadie —respondió, pero tampoco apartó la mirada del escenario—. ¿Es tu lado convervador de princesa de pueblo el que se asusta ante el sexo? —No me alarma
Rich freno ligeramente en la calle frente a la casa de Elena, mientras ella sentía el nerviosismo dentro de su corazón gritar obscenidades con el nombre de Peter. La cena había sido adorable, ella había logrado controlar parte de la rabia, sin embargo, de todas maneras tenia esta sensacion de fuego en el lugar más profundo de su estomago, asi que, a diferencia de otros días, lo que hizo fue quedarse un momento más en el auto, algo que llamó la atención de Richards. Normalmente Elena corría en búsqueda del otro alfa, ese día, se quedó a su lado. —¿Todo está bien? —Elena se giró a mirarlo con una sonrisa—. Te acompañare a tu puerta. —¿Podemos quedarnos un momento aquí? Rich alzó una ceja, sonriendo. —Claro que sí. Elena puso una mano sobre el hombro del alfa, acariciando la superficie de su chaqueta con un cuidado que jamás le mostraba. Él notó inmediatamente el cambio en el ambiente. —Me divertí mucho hoy, Rich —el hombre asintió ante esto, pero en sus ojos se notaba la sospecha
Elena Moonflower se prometió a sí misma que el día en que cayeran pétalos de rosas del cielo purpura sería el día en el que se entregaría a otro alfa. Antes había sido la luna prometida para un poderoso alfa, también había dejado que otro de esos se metiera entre sus piernas y la embarazara, aunque no juzgaba muy duro ese pequeño detalle, porque le había dado la cosa que más amaba en la vida; su hijo. Aun así, no quería nada que ver con otro alfa, no importaba de qué manada fuera, ni del sol, ni oscura, ni de nada, los quería lejos, los necesitaba lejos, lejos de ella y de su hijo. Ni siquiera aunque no supiera exactamente cómo vivir sin dinero, sin amigos y por otra persona. Sin embargo, luego de un tiempo, sabía que se le haría imposible evitarlos, de manera que la forma en la que conoció a Peter Bluenight fue justo cuando todo se le iba de las manos. Peter era un alfa dueño del bar cabaret más famoso de la ciudad, usualmente se enfocaban en el arte detrás de la sensualidad, pero a
Elena había llorado tanto que casi no podía sentir las mejillas mientras el frío del otoño la golpeaba repentinamente mientras corría por las calles de su pueblo hacia su escondite especial. Lo había llamado hace horas, de manera que sabía que él tenía que estarla esperando en su lugar, su pequeño nido de amor. Tenían que ser rápidos, era por eso que ella había corrido en su encuentro, todo el mundo estaba celebrando que era su cumpleaños en unos días, lo que quería decir que cumplía los dieciocho años necesarios para por fin lograr comprometerse con el sol de su manada, con su alfa. Eso quería decir, por supuesto, que todo el mundo estaba como loco en casa, buscando medidas, haciendo vestidos, comida, decoraciones, todo lo que se requería para un cumpleaños y eventualmente al casamiento que les habían prometido hace años.Ella había creído para convertirse en la esposa del líder, sin embargo, mientras llegaba por fin al bosque y entraba apuradamente, temblando como un animal, no se
Realmente hasta la llegada de su bebe, iba a pasar toda la vida junto a él, en un matrimonio donde no habían sentimientos y lo mejor que se iban a dar entre ellos eran hijos que no querían tener. Richard sonrió ante su respuesta, alejándose en completo satisfecho y sin haberla tocado en lo más mínimo. Ellos tampoco pasaban tanto tiempo juntos y no pensaba que eso fuera a cambiar si se casaban. Le esperaba una vida de soledad, de engendrar hijos y ser la bonita esposa “líder” del alfa de la manada. —Nos vemos en tu fiesta, querida florecilla —murmuró el hombre, haciendo una pequeña reverencia antes de caminar a la puerta.—Si, nos vemos. Elena se quedó sentada un momento, viendo la pequeña joya entre sus dedos, que sin dudar tenía que ser tan cara como lo parecía, sino es que más. Él había elegido un collar porque quería que todos supieran que él lo había comprado para ella en su fiesta de cumpleaños. Eso a pesar de que ella tendría que asistir con el vestido plateado que habían ele
Elena abrió los ojos como platos al sentir su cercanía, porque realmente la había tomado por sorpresa, de manera que se demoró un poco antes de alejarse, poner una mano entre ellos y mirarlo a los ojos como si recién la hubiera abofeteado en el rostro. Sin embargo, era Fred quien parecía más afectado, quitando toda la calidez de sus ojos, pero manteniendo una intensidad que ella no terminaba de comprender. Lo único que sabía, era que, esto era lo que se suponía que tenía que ocurrir, porque Fred le acababa decir que trabajaba con intercambio y él había intercambiado sus recursos por su cuerpo. Ella se dio cuenta de que eso iba a pasar, le gustara o no. —¿Qué haces? —le preguntó ella, frunciendo el ceño a pesar de que sentía que no debería hacerlo. Debería estar triste, no molesta. —Vamos, sabes que quieres un poco de amor —Fred intentó acercarse nuevamente a ella, solo para que Elena terminara alejándose, incluso levantándose más rápido de lo que debería, por lo que sintiendo un re
Lo que sí sabía era que ella haría todo por proteger a su hijo. No importaba que tan crudo fuera el invierno y que tan mal estuviera el mundo, Elena de alguna manera encontraba fuerza en la idea de utilizarse como escudo para que todas las balas que el universo quería enviarle a su hijo, le llegaran a ella, pero ella era solo una niña, que al parecer, jamás había logrado desarrollar esa pequeña habilidad que le decía cuando una decisión era buena o mala. De esa manera, todo lo bueno que le pasaba parecía como buena suerte y todo lo malo, seguía siendo su culpa. Ese día, luego de siete meses de embarazo, siete meses sin familia, sin alfa, sin manada y sin apellido, la buena suerte le volvió a dar un respiro.Lo siguiente para que siguiera adelante. Se le habían perdido las llaves de su departamento.—Jodeme —murmuró para sí misma, mientras se dejaba caer al suelo. Junto a su departamento, estaba la escalera para subir a los siguientes, de manera que con complejidad se sentó en el p
—¿Qué es esto? —Esto es tu nueva maquilladora profesional —respondió Noah, asintiendo como si hubiera dicho la única verdad absoluta en el mundo—. Esta lista para empezar enseguida. Peter entrecerró los ojos y le giró a ver. —Luces joven —mencionò. —Gracias —Elena tragó en seco—, Aunque tengo 25 años, seguro es la buena luz que tiene este lugar. Peter alzó la vista para ver a su alrededor, a la nula luz que los dejaba ver a sí mismos. Ella apretó los labios, sintiéndose un poco enferma por la mentira que le había salido tan fácil de los labios. —¿Tiene experiencia? —Noah asintió enseguida—. ¿Sabe qué clase de establecimiento somos? —Un prostíbulo —respondió ella. Peter giró a verla, como si estuviera indignado. —¿Disculpa? —preguntó. —No, no, ella no quiere decir eso —Noah se movió enseguida, llamando su atención—, Solo es una bromista, ella en realidad sabe que esto es Burlesque, no un prostíbulo. —Aquí no promovemos la prostitucion —aclaro Peter—. A no ser que e