51. No Subestimes al Enemigo

—Veo que has encontrado una mujer que finalmente te ha movido los cimientos de tus pies, Heinst —comentó Elisa con una voz cargada de ironía, como si se deleitara en la idea de que el imperturbable Heinst hubiera caído en las trampas del amor. La sonrisa en su rostro se ensanchó, disfrutando del evidente malestar que sus palabras causaban en él.

Heinst no tardó en reaccionar, su expresión endureciéndose aún más. Sabía que no podía permitirse mostrar debilidad ante Elisa, no cuando ella ya había descubierto lo que más le importaba en el mundo. Su respuesta fue rápida y cortante, un intento de reafirmar su posición y de recuperar el control de la situación.

—Lo que siento por ella no es de tu incumbencia. Solo trata de no poner mi paciencia a prueba, Elisa —su voz salió fría y autoritaria, con una dureza que buscaba imponer límites claros. Sabía que Elisa no era alguien con quien se pudiera jugar, y que cada palabra que saliera de su boca debía ser calculada con precisión.

Elisa, sin em
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