La rabia me carcomía por dentro, entré a mi despacho y comencé a tirar todo, estaba ciego del enojo, lo veía todo rojo, otra vez había sido engañado por una mujer. Y aún sabiendo que ninguna era confiable, intenté creer en Sophía, pensé que esta vez sí era la indicada, me dejé llevar por su apariencia de chica buena e inocente, pero no era más que la peor zorra de todas.
—Maldita, ¿cómo se atreve a siquiera pensar en hacer pasar por mío un bastardo que no lo es?—Expresé en voz alta, mientras caminaba como un animal enjaulado en mi despacho y en algunos momentos golpeaba con fuerza la pared.
Hice bien en no contarle esos detalles de mi vida, porque seguro nunca habría descubierto sus artimañas, porque ella se hubiese cuidado de preñarse de otro hombre.
El dolor en mi cabez
Subí a la habitación que me habían asignado, me desvestí y me puse un pijama, no podía dormir, me sentía quebrantada de salud, aparte de que mi estado de ánimo no era el mejor, por más que trataba de que no me afectara por deferencia a mi bebé.Acaricié mi vientre con emoción, porque ese pedacito de vida que estaba allí lo había amado desde que supe de su llegada. Comencé a estornudar y minutos después me sentí afectada por fuertes temblores que hicieron castañar mis dientes, también creía que me había dado fiebre porque tenía la sensación de que estaba hirviendo, gemidos comenzaron a salir de mi boca y me fui engullendo en una tenebrosa oscuridad.**********************Sophía estaba hospedada en una habitación contigua a la mía, estaba preocupado
Al ver a mi primo besando a Sophía la rabia me inundó, no sé por qué me sentía así, tenía ganas de brincarle arriba y romperle la cara por descarado y abusador ¿Cómo se atrevía a aprovechar que ella estaba dormida para besarla?—Dime: ¡¿Qué carajo crees que estás haciendo?! —Espeté muy enfadado.—Siento mucho molestarte, pero Sophía me gusta y, ya que su marido la desdeñó y no fue capaz de apreciarla, yo estoy dispuesta a conquistarla —declaró con firmeza.—Te estás aprovechando de todo y pretendes pescar en río revuelto, pero no lo voy a permitir. Nick cometió un error, pero cuando piense todo en frío se dará cuenta de su equivocación y de la gran mujer que perdió al echar a Sophía y cuando haga eso volver
Llegamos al Aeropuerto Barcelona-El Prat Josep Tarradellas ubicado a doce kilómetros al suroeste de la ciudad, luego de aterrizar fuimos a la zona de taxis y en media hora ya estábamos llegando a casa de mis padres.Al entrar a la casa estaban reunidos mis hermanos Enrique, Juan y mis padres, quienes al verme, no pudieron ocultar su rostro de tristeza. A mi mamá se le salieron unas lágrimas que se las limpió con premura, pensando que no me había dado cuenta.Ninguno saludó y nosotros tampoco lo hicimos, porque en el ambiente reinaba una desolación y una tensión que no nos pasó desapercibida.Mauro fue el primero en hablar — ¿Qué está pasando? ¿Por qué esas caras?— El día de ayer Nick tomó posesión de nuestra constructora —comenzó a hablar Enrique mien
¡Por Dios! No podía creer que me hubiese equivocado de esa manera, sentí mi sangre helarse en mis venas cuando vi el tercer nombre —¡No puede ser! —Exclamé con desesperación.Revisé los informes posteriores, las fotografías, mi corazón se estrujó cuando vi la verdad expuesta ante mí. Estaba sorprendido, aterrado, continué leyendo el archivo que me habían enviado el día que corrí a Sophía de mi casa donde mencionaban a Mauro Madrid.En ese entonces no leí, porque cuando apenas vi las fotos, me dejé cegar por la rabia y el día de la discusión ella me lo iba a decir, pero no quise escucharla, ¡No podía ser! Mauro no era su amante sino su hermano Andrecito.¡Por Dios! ¿Qué había hecho? Destruí a mi esposa, a la mujer que amaba a su
Cuando la vi convulsionando la cargué inmediatamente y la llevé al sofá, mientras Dante llamaba a un número de emergencia para pedir una ambulancia. Once minutos más tarde ya estaba el equipo de emergencia llegando al edificio. Pedí que la trasladaran al Hospital Privado de Salud de Barcelona. Mauro se fue en la ambulancia mientras los demás nos fuimos en nuestros respectivos autos.Al llegar al hospital ya Sophía había sido ingresada. Todos permanecimos sentados en la sala de espera, aguardando impacientes que algún médico saliera y nos diera el diagnóstico. Un rato más tarde, que a decir verdad habían parecido horas, un hombre cubierto por una bata blanca apareció frente a nosotros.—¿Familiares de la señorita Sophia Madrid? —Tras indicarle que éramos sus familiares, el doc
Cuando caí al suelo llorando por los remordimientos, poco me importaba que todos me vieran; quienes dicen que los hombres no lloran, tal vez no han amado, no han sentido ni padecido el peso de la culpa. El guardia de seguridad se me acercó y me ayudó a levantarme.—Tranquilo señor, vaya a la clínica donde le dije y tenga fe de que todo estará muy bien.Le di las gracias en un tono apenas perceptible, tenía miedo, dolor, eran tantas las emociones que por primera vez me dejé dominar de ellas; amablemente el guardia de seguridad me acompañó hasta fuera, no quise movilizarme en mi auto porque me sentía demasiado afectado y podía provocar un accidente, así que tomé un taxi y le di el nombre de la clínica donde me llevó con rapidez.Tenía la terrible sensación de que la angustia atenazaba mi pecho, al llegar al centro hospit
Me quedé sentado en el piso pensando en que estaba recogiendo lo que había sembrado, como pude haberme comportado de esa manera. Estaba en esas cavilaciones cuando salió el médico.— ¿Dónde están los Familiares de la paciente Sophía Madrid? —preguntó.Cuando hicimos señas el médico se acercó y nos informó: —. No podemos hacerle la cesárea, porque los pulmones del bebé no han madurado del todo, solo tiene treinta y dos semanas. Aparte, la madre presenta una anemia con un nivel de hemoglobina de cinco, por lo cual no podría soportar la operación. Estamos dándole un tratamiento de antibióticos intravenoso y medicación de cortisona, aparte le hemos suministrado hierro y ácido fólico Las próximas veinticuatro horas son cruciales para Sophía y su bebé.Aún sentado en el p
Vi a la mujer retirarse contoneando sus caderas, pensaba que con eso iba a provocarme, no sé por qué le costaba entender que no tenía interés en ella, ni en ninguna otra, solo en Sophía; me causó tristeza su actitud, para mi era digna de lástima.Me quedé sentado en la misma posición que estaba desde antes de que el médico apareciera, sentía como si un camión me hubiese pasado por encima y prácticamente había sido así, me dolían huesos en mi cuerpo que ni siquiera sabía que tenía.Ellos se habían ensañado en mi contra y por poco me mataron, mi rostro estaba hinchado y me dolía demasiado el estómago, las costillas, no podía moverme porque el dolor era descomunal, uno de los médicos me vio y me reprendió.—Es necesario revisarlo, no pude seguir