Kenneth.Tratarla como terminaba tratando a las demás, era lo único que venía a mi mente para poder quitarme ese sensación de ansias en el estómago y el anhelo de tenerla incluso cuando ya estaba cerca de mí.Pero entonces había dolor al verla ir, y tampoco quise sentir eso. La estaba hiriendo con mi forma seca de hablarle. No tenía que importarme, pero lo hacía, por eso es que hice lo posible por conseguir la pastilla. Había caminado varias cuadras alrededor de Osprey y no podía creer que no hubiera una jodida farmacia. Entonces, una idea amarga llegó. Tuve que doblegar mi orgullo ante Christian pidiéndole el jodido helicóptero para ir a Miami y comprar los anticonceptivos.Luego, preocupándome demasiado por cómo entregarle todo así de forma seca, compré algunas cosas para ella e incluso una estúpida cajita rosa para meter los anticonceptivos. Ver la caja en mis manos me hizo sentir de nuevo aterrado, entonces mis impulsos me llevaron a llamar a Sasha, la rubia del hipódromo, así que
Lauren.—¿Está bien, señor Sinclair? —cuestioné mientras lo acomodaba en la silla bajo el toldo.Mi jefe suspiró.—No te preocupes Lauren, es mi culpa. Dejé pasar todo por mucho tiempo. Pensé que algún día le darían una oportunidad, pero me equivoqué.—Me parece que Christian y su amigo Connor son racistas —expresé, todavía con rabia.Estaba decepcionada de Christian. Pensé que el otro día solo me estaba defendiendo de Kenneth, pero esta vez había sentido el odio y veneno en sus palabras, queriendo hacer sentir mal a Kenneth por ser adoptado y su color de piel.Me hubiera gustado restregarle en la cara que estaba siendo follada con gusto por Kenneth todos los días, algo que a él nunca le permitiría.—Debí suponer eso desde hace mucho tiempo —murmuró, con pena.Pero yo todavía tenía tanta rabia. Realmente quería hacerle algo malo a Christian y Connor.—Nadie merece ser juzgado por su origen o color de piel. Además, el color de Kenneth es… bonito.Sentí que me ruborizaba tras decirlo. M
Lauren.Me sentí abrumada cuando él me metió a la bañera después de ponerla a llenar con agua fría. Casi grité por el ardor, pero luego me relajé. Kenneth me sugirió que no usara jabón, y mi corazón saltó desbocado cuando me ayudó a lavar mi cabello. Por un momento pensé que pasaría algo sexual porque podía ver lo dura que estaba su polla, así que mis manos quisieron tocarlo para que lo solucionáramos, pero él no me dejó.Cuando regresamos a la habitación vi sus intenciones de quedarse, pero se notaba demasiado tenso, así que mencionó esperarme con los demás abajo. Me senté en la cama pensando qué carajos estaba pasando, si no estaba cansado de mí, ¿por qué se había rehusado a tener sexo cuando evidentemente lo quería?La idea de que de verdad estuviera preocupado por mí pasó por mi cabeza, y una chispa de emoción revoloteó en mi interior.Unas tres horas después llegamos a Miami. Boris y Carter se despidieron de nosotros.Al llegar a la mansión mi jefe me pidió que tomara mucha agua
Lauren Mitchell.Una vida tranquila, un empleo con buena paga, apoyar a mi madre, ahorrar para pagar mi carrera universitaria… Eso era todo lo que deseaba; pero hay cosas en la vida que pasan sin planearlas.Como un fuerte huracán que arrasa con la más estable de las estructuras, así era él para mí. Destruyendo cada línea que jamás le hubiese permitido si quiera ver a otros hombres; pisando mis terrenos sombríos, y apropiándose de ellos, para plantar fuertes árboles coloridos; con raíces que ni siquiera su mismo huracán tenía la fuerza de arrancar.—Lauren, dime la hora.Tomé el teléfono en mi bolsillo, y al verificar, suspiré.—Solo diez minutos para que su familia llegue, señor Sinclair —avisé, subiéndolo con cautela a su silla de ruedas—. ¿Qué va a pensar su familia cuando vea que es medio día y ni siquiera ha desayunado?El señor Sinclair soltó una áspera risa mientras lo llevaba hacia el ascensor de su mansión para bajar a la primera planta.—No te echarán la culpa a ti, cariño.
Lauren.—He terminado, Lauren.Apenas escuché el grito del señor Sinclair en el baño, me levanté de la cama rápidamente. Sin embargo, antes de que pudiera abrir la puerta, su nieto apareció, inundando mis fosas nasales con su encantador perfume. Me dejó sorprendida su rapidez y la forma en que me vio, para decir:—De ahora en adelante yo me encargo de atenderlo en el baño, y cambiarlo.Quise abrir la boca para refutar, pero el moreno simplemente se adentró, dejándome paralizada. Luego escuché al señor Sinclair preguntar por mí, y respiré profundo.No iba a dejar que me dominara.Él no había cumplido un jodido día en la mansión y quería quitarme mi empleo. Mi sangre hervía cada que lo veía por allí, cazándome como una presa, receloso, como si yo quisiera hacerle algún daño a su abuelo.¿Acaso era idiota? Tenía muchas cosas para decirle.Me había dado cuenta que frente a su abuelo, era cortes, amable, conmigo, pero cuando no, en tan solo pocas horas, me hablaba con ese tono demandante, u
Kenneth Sinclair.Desperté muy temprano para salir a trotar. Me aseguré de ir por el camino principal, evitando el atajo que de adolescente solía tomar, pues solía vivir en la mansión Sinclair con mis padres.Ya estaba lo suficientemente claro cuando llevaba medio kilómetro recorrido. Mis airpoids reproducían música de Artic Monkeys, que me hacía el camino ligero. Y pronto algunas mujeres que seguramente no tenía tiempo de ir al gimnasio por ser amas de casa, se unieron detrás de mí, por lo que troté hacia atrás para hacer saber que me gustaría ir a su ritmo. Y una vez que me encontré con ellas, las detallé.Pude darme cuenta que tres de ellas eran madres, e incluso había una adolescente de al menos quince años que debería estar preparándose para la escuela.Conocía a una de esas tres mujeres del vecindario, así que no tardé en entablar conversación a medias, intentando descifrar cuál de las tres tenía más problemas con su marido y así poderla llevar a mi cama en el futuro.Debía ser
Lauren.La mirada del moreno no se apartaba de mí mientras íbamos en la limusina. El señor Sinclair estaba conversando de forma amena con su chofer de confianza, Dick, mientras su nieto fingía estar concentrado en su teléfono, pero lo sentía, simplemente me estaba mirando.Podía darme cuenta que no me miraba porque tuviera interés en mí, sino porque intentaba hacerme sentir incomoda. Y estaba frustrada por mantener el control. De no ser el nieto de mi jefe lo habría sacado por la ventana. Aunque sacar su enorme cuerpo sería difícil para mí.Me sentí nerviosa cuando se arrimó un poco al medio del largo asiento y se inclinó para hablar.—Abuelo, ¿de qué amigos hablas? ¿Nuestros socios en Miami o tus amigos de la universidad?—Los de la universidad —respondió, y luego mi jefe giró un poco la cabeza para verme desde su asiento—. Por cierto, cariño. ¿A qué no adivinas quién me dijo Sebastian que iría?Sentí mi estómago revolverse.—No hace falta que me lo diga —respondí para rodar los ojos
Lauren.—¿Estás bien, Lauren?Giré mi rostro hacia Christian para darle un asentimiento con una pequeña sonrisa. Antes se había comportado como un idiota, pero me había defendido, aunque no de la mejor manera posible; me sentía culpable porque Kenneth se hubiese sentido expuesto ante todos después de que lo estuvieran ignorando.Ya había pasado dos horas de lo acontecido. Estábamos viendo algunos informes sobre las carreras de caballos pasadas, comíamos algunos bocadillos, y me aseguraba cada media hora de tomar la tensión del señor Sinclair; porque había notado que le afectó la acción de su nieto y la verdad es que su tensión había subido un poco más de lo normal después de lo sucedido.Christian se mantuvo al margen después de preguntarme si estaba bien. Agradecí eso. Me concentré en conversar con Boris y su esposo Carter. Boris me dijo que realmente tenía mucha ropa de algunas pasarelas en su estudio, que jamás volvería a usar en sus modelos, y que estaría encantado de dármelas, ase