El sabor de la inocencia

—¿Qué clase de propuesta? —inquiero con cautela mientras observo a ambos sin perder de vista a Noah.

—Es sencillo. —responde la mujer con esa larga sonrisa. —Nos hemos dado cuenta de que tu hermano y tu no tienen donde pasar la noche. Nosotros no tenemos hijos, algunas veces la soledad nos inquita… y podríamos llegar a algún acuerdo, nuestra propuesta es sencilla. Queremos que tu hermano y tu vengan a vivir con nosotros, a cambio puedes trabajar aquí en la panadería, en casa ayudándome con la limpieza y esa clase de cosas, de esta manera tu hermano y tu tendrán donde vivir, comida caliente, todo lo que necesiten. —finaliza con los ojos chispeantes de un brillo especial.

—Agradezco su amabilidad, pero… no los conozco, tengo que cuidar de mi hermano, pero gracias por todo. —respondo intentando girarme, la mujer me toma del antebrazo haciéndome girar hacia ella de nuevo.

—Dentro de poco tiempo la lluvia caerá y ustedes no tienen donde pasar la noche. Permítenos ayudarlos por lo menos solo por esta noche, después podrás tomar una decisión. — tiro de mi brazo al mismo tiempo que doy algunos pasos hacia atrás, ahora solo deseaba salir corriendo.

—Mi hermano me llama. —Finalizo corriendo en dirección a Noah quien me hace un par de señas, solo entonces dejo salir el aire del que no me di cuenta retenía.

Tal y como la mujer lo dijo, a los pocos minutos gotas de lluvia comenzaron a caer lentamente, pero sabía que aquello solo era el principio de un fuerte diluvio ¿Ahora que haría con Noah? No tenía un lugar donde llevarlo para resguárdalo.

El sonido de un claxon frente a nosotros me saca de mi burbuja de tormenta personal al no tener ni la más remota idea de que hacer. Observo a la pareja dentro de un auto familiar, demasiado grande para dos personas sin familia.

—Dos camas calientes los esperan ¡!Vamos!! —ahora habla el señor de la panadería en dirección a nosotros con esas peculiares sonrisas que demostraban.

—¿No te gustaría una cena caliente junto a una suave cama para dormir pequeño? — inquiere la mujer en dirección a Noah, quien rápidamente tira de mi brazo con emoción. —Jovencita, pronto la verdadera tormenta caerá, y durará algunos días, no puedes ser egoísta, piensa en el niño, necesita de ti. — fuertes y ensordecedores relámpagos golpearon una y otra vez, la mujer tenía razón.

—Anne, hermanita ¿podemos ir? Hace mucho que no duermo en una cama y tengo frio — responde cerca de mi oído observándome a los ojos con esa mirada cautivadora que siempre lograba sus cometidos. —por favor. — suplica con ambas manos.

—Está bien. — respondo para mi hermano y la pareja al mismo tiempo que abordamos su auto.

—Sera maravilloso…— responden ambos en dirección hacia nosotros.

Unas horas más tarde…

Nos encontrábamos en el hogar de la pareja. Durante el trayecto intentaron animarnos con su conversación y alguna clase de extrañas bromas a las que solo asentía mientras abrazaba a Noah, cuando finalmente llegamos nos encontramos con una pequeña casa en un suburbio de clase trabajadora, un hogar de dos plantas y un porche. Nos asignaron una habitación con dos camas individuales, además de ropa limpia y una ducha reconfortante, había perdido la noción del tiempo bajo el agua caliente, algunas veces valoramos lo que creemos insignificante cuando lo carecemos.

Me resultaba extraño como era posible que esta pareja tuviese juguetes, ropa, de personas de nuestra edad, si ellos dijeron que no tenían hijos, al entrar a la habitación me encuentro con la mujer sentada junto a Noah mientras le hace comer una sopa caliente, la cual devora.

—¿Mejor? —pregunta mientras en su rostro se dibuja una sonrisa.

—Sí gracias… Tengo una duda, espero no ser inoportuna. — respondo intentando buscar las palabras correctas.

—Puedes preguntar lo que sea jovencita, estamos en confianza, por cierto ¿cuál es tu nombre? —Ignoro su última pregunta por alguna razón.

—Si no tienen hijos ¿Cómo es que tienen estas cosas? —inquiero mientras señalo alrededor.

—Hemos intentado adoptar, nuestro sueño es tener una familia grande, pero al parecer para el gobierno no somos suficiente como para merecer la oportunidad de ser padres. —expresa con un toque de decepción al mismo tiempo que las comisuras de su boca dejan desvanecer su habitual sonrisa.

—Yo… Lo lamento, no debí preguntar. —Respondo arrepintiéndome al instante por ser inoportuna. Comienzo a imaginar si preguntaran sobre mis padres y no puedo evitar sentir un nudo en la garganta junto a un hueco en el pecho.

—Descuida, con el paso del tiempo nos hemos resignado. Por cierto, te espero abajo para cenar. —vuelve a su sonrisa mientras sale de la habitación sin esperar alguna respuesta, dándolo por hecho.

Después de todo es lo mínimo que podía hacer después de que no han acogido en su casa ¿será este nuestro nuevo hogar? ¿el refugio y oportunidad que le he suplicado a dios y a mis padres? Mie miente comienza a llenarse de mil ideas revoloteando alrededor de mi mente logrando que la gran nube de pensamientos me nuble el razonamiento.

Cuando Noah se ha quedado dormido bajo hasta la cocina usando simplemente el camisón blanco que me han entregado, mis pies descalzos hacen contacto con el frío suelo, realmente la tormenta trajo consigo cambios drásticos en el clima. Finalmente, al llegar escucho voces sin poder entender lo que dicen, pero en cuanto se percatan de mi presencia permanecen en silencio.

—Ven cariño cenemos juntos… solo te esperábamos a ti. —Habla nuevamente la mujer curvando sus labios en esa sonrisa sin apartar sus ojos de mí.

—No deseo ser inoportuna, después de todo esta es su casa. — contradigo de inmediato, ya que no deseaba dejar a mi pequeño hermano a solas en una casa desconocida, pero algunas veces la necesidad te a horilla a aceptar ayuda de desconocidos. — Con el chocolate caliente han sido más que generosos. Hace tanto tiempo que no duermo en una cama y no quiero desaprovechar la oportunidad, no se sabe cuándo se podrá repetir. — intento causar algo de lastima como último recurso para que no insistan con la cena.

—En ese caso solo toma asiento a nuestro lado… tenemos una propuesta. — Ahora es el hombre quien habla, dejando de lado la dulzura de la panadería mostrándose diferente.

Mi mente intenta buscar alguna excusa, algo que me permita marcharme. Estaba consciente de que no sería posible, su insistencia no me lo permitiría. No respondo nada simplemente asiento en silencio tomando asiento en el comedor, justo en la zona más alejada.

—Mi esposa y yo hemos hablado de ustedes y creemos que necesitan con desesperación quien responda por ustedes, un techo, comida, una vida digna ambos. — Levanto la vista para analizar cada una de las palabras que acaba de mencionar, tenía que ver sus ojos con el brillo de la perversidad, todo mi cuerpo se tensó, mis instintos gritaban una y otra vez desesperadamente que tomara a mi hermano y corriera.

—Agradezco su preocupación, pero…— intento continuar, pero ellos no me lo permiten ambos se colocan de pie.

—Piensa en tu hermano, ese pequeño necesita alimentarse, una cama donde dormir, una escuela a la cual asistir, ropa. Es un niño que requiere una inversión… y tu estas sola, sin nadie a quien recurrir… siendo tan joven y hermosa… perfecta para nosotros. — me quedo paralizada cuando ambos se detienen en cada lado.

La mujer acaricia un mechón de mi cabello aspirando su aroma de manera un tanto exagerada, su fuerte respiración es lo único que logra escucharse. Mientras que las manos del hombre deciden aventurarse en un recorrido sobre mi piel, sus ásperos dedos se deslizan sobre mi clavícula. Las delgadas tiras del camisón caen desde mis hombros. ¡Deseo gritar! Patear o lo que fuera para alejarlos de mí, la tela de satín en tono crema cae justo a la altura de mis pezones, donde afortunadamente el borde los cubre de los ojos de ambos.

Su respiración entre cortada me produce nauseas, ambos en cada mejilla comienzan a besar, no puedo moverme ¡el miedo me domina!, pronto sus regordetas y desapacibles manos intentan estrujar mis senos, ese fue el detonante, mi cuerpo parece salir del trance ya que de inmediato me coloco de pie, alejándome dos metros de ellos.

Dos pares de perversos ojos me observan detenidamente, coloco las tiras del camisón en su sitio, las náuseas en mi interior crecían. El hombre intenta dar un paso al frente, mi mirada observa el bulto que ha aparecido en sus pantalones, una arcada me sacude.

—No seas tonta niña, tu hermano podría tenerlo ¡todo! Al igual que tú. — refunfuña la mujer sin esa sonrisa espeluznante, mientras se relame los labios.

—¡A mi hermano no lo van a tocar! Primero me tendrán que matar. — rujo como una fiera de inmediato.

—¡No seas tonta! —expresa exasperada la mujer. —El no sabrá nada, crecerá ajeno a todo, creerá que realmente está en una familia… tu a cambio de nuestra generosidad tienes que convertirte en nuestro juguete, nuestra amante, te compartiremos en nuestra cama cada noche, algunas veces por el día tendrías que incentivarnos por separado. — mi mandíbula se desencaja ante las palabras de la mujer. El hombre da un paso al frente liberando lo que sea que sus pantalones retenían dentro.

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