La desesperación y la algarabía llenaron los pasillos del palacio Alfa de la manada Luna Sangrienta. Su Alfa había sido gravemente envenenado. Los curanderos de palacio llegaron al salón, cargados de sus bolsos con remedios y aparatos. Namar y los presentes fueron despedidos del lugar. Kerim llegó rápidamente junto a ella. La abrazó, intentando calmar su desesperación. La joven reunió fortaleza en su interior, para pensar en lo que debía hacer: Como única hija del Alfa de la manada, estaba en su deber, encontrar al responsable de aquel suceso.Antes de que los criados que allí se encontraban, se dispersaran, gritó con gran autoridad.- ¡Detengan a todos los criados encargados de servir la mesa y preparar los alimentos! - ¿Namar? - Se atrevió a decir el joven Beta. - Nuestro Alfa fue envenenado. Tenemos un traidor en palacio. La algarabía se congeló, dando paso a un inmenso silencio y temor en el ambiente. - ¡¿Qué esperan?! - Ordenó Beta Kerim - Vuestra princesa ha hablado. ¡Guard
- Por favor, informen a Alfa Caleb que he regresado - Astrid, a dos días del equinoccio de primavera, se presentó nuevamente en el palacio de la manada Luna Cristal.Cuando la joven loba partió en su misión, recopilando información sobre la verdadera identidad del padre de Alfa Caleb. Su plan de partir de manera silenciosa, como era de esperarse, fue un completo fracaso. Cuando los guardias la vieron partir, en silencio y sin una escolta, ni un destino claro, pensaron que la joven loba se encontraba en rebeldía e intentando huir, por lo que la intentaron retener. - Alto ahí, Astrid… ¿Dónde crees que vas?- Tengo asuntos importantes que no son de vuestra incumbencia. Nuestro Alfa me ha enviado.- ¿Dónde está tu escolta?- No tengo escolta.- Pues… ¿A dónde te diriges?- No es vuestro asunto.- ¿Quieres que creamos que nuestro Alfa te ha enviado, sin escolta, a una misión secreta? ¿Acaso crees que somos idiotas?- Prefiero no responder a tu pregunta… - dijo Astrid, con superioridad - S
- Alfa Caleb- AstridLa joven se presentó en los aposentos de Alfa Caleb. Cuando sus ojos se encontraron con los de Emir, su corazón se encendió y también el del joven Beta. - Sabía que volverías, Astrid - Dijo Alfa Caleb. La joven intentó despegar la mirada del joven Beta, sin éxito, sintiéndose como una lobezna tonta e inexperta. - Sí Alfa… - se limitó a decir. - Astrid - Dijo Emir, sin poderlo evitar. Luego miró hacia el suelo - Yo… saldré un momento. Esperaré afuera - Volvió a mirar fijamente a Astrid y luego salió. Alfa Caleb observó el extraño momento con curiosidad. - Curioso… - comentó el joven Alfa - Bien… vamos a lo importante ¿Encontraste a Vera?- Ella falleció hace poco tiempo, Alfa.Los ojos de Alfa se entristecieron con gran frustración. Sentía que para ese momento, todas sus esperanzas de saber si Namar y él compartían lazos de sangre, se extinguían por completo. - En efecto, llegué hasta donde ella vivía. Era una pequeña cabaña cerca de las montañas frías, tal
Aquella tarde, la princesa Radha se presentó en el palacio del joven Alfa Caleb. El joven lobo le recibió, intentando disimular el desagrado que le producía aquella situación. La joven princesa tomó su mano con una gran sonrisa en los labios, satisfecha de ver que su plan al fin tenía éxito, transformándose prontamente en la Luna de su tan anhelado Alfa.Había llegado a oidos de la joven princesa, la noticia de que Namar había regresado a casa de su padre, abandonando a Caleb. Con estas circunstancias a su favor, ya nada ni nadie le arrebataría la oportunidad de ser la Luna y futura Luna Madre de la manada Luna Cristal. Caminó en compañía de su futuro esposo, hasta su oficina.- Alfa Caleb, esta espera se hizo interminable. Sin embargo, finalmente la hora ha llegado. El día de mañana finalmente seremos pareja. - … - Alfa Caleb asintió en silencio. - Ha llegado a mis oídos, la noticia de que la princesa Namar ha regresado junto a su padre. - Así es… veo que tus informantes se mueven
- ¡Mátenla ahora! – Dijo el Alfa - Pero, Alfa, es su hija - ¡Ese demonio jamás será mi hija! No quiero ver su rostro… ¡Llévensela y mátenla ya! Tírenla al río. Su nombre era Namar. En aquel tiempo las cosas no eran como lo son ahora. Ella nació en un fastuoso palacio rodeada de lujos, cuando los Alfas tenían el control sobre esclavos, concubinas y cortesanas; servidos y venerados como reyes. Se diría que su destino era ser la hija predilecta del Alfa, al haber sido gestada en el vientre de la concubina favorita de su padre; sin embargo, el Alfa Drago engendró a una cachorra fuerte como él, y su madre era muy frágil y pequeña, lo que no le permitió sobrevivir al cansado nacimiento de Namar. Su padre la culpó eternamente y la maldijo por haber sido la causante de la muerte de su amada concubina y ordenó que terminaran con su vida. La partera, con la cachorra en brazos, no fue capaz de acatar tan terrible orden, por lo que buscó entre los rincones de palacio, a una esclava y le e
El encargado se dirigió hasta la celda donde dormía Namar, muy preocupado. - Namar… - dijo muy serio – ¿Qué has hecho? - ¿De qué hablas? Yo no he hecho nada – intentó mentir - Has cometido el peor error de todos… te has dejado ver por el Alfa. - Debía ver a madre Tabita… ese Alfa es un despiadado animal. - Ese Alfa es tu padre, Namar… ¿No comprendes aun la gravedad de la situación, verdad? Alfa Drago ha ordenado que preparemos a la nueva esclava para servirlo en sus aposentos… él desea acostarse contigo. - ¿Qué? Pero Argos, yo no puedo acostarme con él… ¡Él es mi padre! - Pero eso, nuestro Alfa no lo sabe. Le has dicho que has llegado en el último barco de esclavos… él ni siquiera sospecha que tu sigues con vida, Namar.- Por la diosa ¿Qué haré? - Ay, pequeña… mejor hubiese sido tu muerte. Terminar como la concubina de tu propio padre… - No, Argos… no lo haré.Namar habló decidida, caminó fuera de las mazmorras, pero los guardias la detuvieron. - Alfa Drago ha ordenado que v
El viaje duró dos días, en los que permaneció la mayor parte del tiempo recostada en la carreta inmóvil, con la certeza que al llegar la noche, el mercader se acercaría nuevamente a ella a poner sus manos sobre su cuerpo, recorrerla por completo y lamer sus pechos. Hoy podía comprender porque su madre decía que, en ocasiones, la esclavitud era peor que la muerte ¿Qué podía esperar ahora que ocurriera con su vida? Tal vez lo mejor sería que llegara a manos de algún lobo suicida que acabara con esa horrible existencia que tendría que vivir en adelante. Bajo la pesada manta que cubría la carga de la carreta, Namar no podía ver como el mercader entró a un pueblo correspondiente a la manada Luna Cristal y que se dirigía con la firme intención de hablar directamente con el encargado de los esclavos de palacio. Llegó a las puertas de la fastuosa casa de la manada y habló a los guardias. - Necesito hablar con el encargado de los esclavos – dijo el mercader.- ¿Quién eres tú? – le dijo un
Llevaba un par de días encerrada en la habitación; realmente las comodidades eran pocas, únicamente una cama, sin más muebles, o un espejo.La luz entraba únicamente por una pequeña ventana con gruesos barrotes, por donde se podía observar lo que ocurría frente a palacio; aquello se convirtió en la única entretención para Namar. Una tarde de aquellos días, que para ella transcurrían de la misma manera, vio como la gente frente a palacio se agolpaba y, a lo lejos, un séquito se acercaba. Al entrar en la ciudad, sonaron trompetas y los lobos recibieron con vítores al grupo de recién llegados. Namar desconocía el motivo de tal agitación, podía escuchar cómo, dentro de palacio, los lobos también corrían, sin embargo, un sentimiento de temor llenó su corazón… Caía ya la noche, cuando el grupo de lobos entró a Palacio y el encargado de los esclavos irrumpió de golpe en la habitación. - Muévete – dijo sin dar más explicaciones. Namar no comprendió la orden y lo observó con rostro de dud