Lylo emergió de su refugio nocturno, la puerta se cerró tras ella con un estruendo que parecía sacudir los mismos cimientos de la realidad. Se apoyó contra la madera fría, su cuerpo vibrando con una energía frenética, casi eléctrica.—Calma, mi fiera, calma —se murmuraba con una voz que tejía seda y acero, intentando aplacar la tempestad que se desataba en su interior. ¿No era acaso una ironía del destino? Una criatura de la noche, un híbrido de sombras y salvajismo, atrapada en las garras de un terror tan mundano—. Respira, Lylo, no dejes que el terror te consuma.Pero sus palabras se disolvieron en la nada cuando sus rodillas flaquearon y su figura se desmoronó al suelo, un lamento sordo escapó de sus labios al contacto con la dura realidad. Aunque su sangre estuviera entintada con la oscuridad de vampiros y la ferocidad de lobos, el dolor aún podía danzar sobre su piel.—¡Condenación! —exclamó, sus dedos se enredaron en su cabello como si pudieran arrancar el tumulto de su mente—.
Bastian ladeó un poco la cabeza mientras recogía el largo cabello rubio de Lylo del suelo. Sus dedos jugaban con los mechones, como si estuviera hipnotizado por su textura.—¿Sabes algo? —murmuró, casi como si hablara consigo mismo—. Eres una verdadera rareza, Lylo.Lylo lo observó, con una ceja levantada y una expresión que oscilaba entre la curiosidad y la desconfianza.—¿A qué te refieres exactamente, Bastian?Él sonrió, pero era una sonrisa cargada de un significado que ella no alcanzaba a comprender del todo.—Cada vez que te veo, más confirmo que eres un enigma. Algo fuera de lo común.—¿Y qué quieres decir con eso? —Lylo dejó que Bastian continuara jugando con su cabello, aunque su corazón latía más rápido de lo que quería admitir.Bastian se inclinó más cerca, sus ojos centelleaban con una mezcla de curiosidad y otra emoción indefinida.—Cuando estás herida o cansada, siempre vienes aquí —dijo, su voz apenas un susurro—. No usas tu poder para curarte, no vuelves a Unirx. Simpl
—¡Abre la boca!—Lylo sonaba muy histérica—. ¡Detente! ¿Qué estás haciendo? Uuff—siseó en cuanto sintió la mordida dura de Bastian en la mano que intentaba meter a la boca de él.Los ojos de Bastian estaban llenos de una mezcla de dolor y desafío mientras intentaba hablar, la sangre goteando de su boca y manchando su ropa.—Esto… —balbuceó con dificultad—, esto es tu prueba. Te importa… mucho más de lo que quieres admitir.Lylo sintió que sus manos temblaban mientras trataba de controlar la situación, su mente buscando frenéticamente una manera de detener la autodestructiva demostración de Bastian.—¡Bastian, por favor, para! —suplicó, su voz rota por la desesperación—. No tienes que hacer esto para probar nada. ¡No necesitas hacerlo!Con un último esfuerzo, Bastian dejó caer su mano, su respiración entrecortada y sus ojos aún fijos en los de Lylo.—Entonces, admítelo —dijo, cada palabra un susurro agonizante—. Dime la verdad, Lylo. ¿Te importo?Lylo sintió que una lágrima rodaba por s
—¡Ah, pero es que en aquel instante, tú también vacilabas! —exclamó una anciana desde el estrado, alzándose con ímpetu y asestando un golpe que resonó sobre la mesa. Los demás jueces, imperturbables, no mostraron reacción alguna ante su estallido de ira—. ¡Todo esto es por culpa de esos malditos sentimientos que te nublan el juicio!—¿Es que acaso anhelas revivir aquel tormento anterior? —inquirió el líder del consejo regulador de monstruos, su voz impregnada de un tono helado y desafiante. Se apropió de la conversación, arrebatándola de las manos de la anciana—. La única explicación lógica de que podamos penetrar en tu consciencia, como lo hacemos ahora, es porque te encuentras menguando, ¡debilitándote!Lylo observaba, con una mezcla de horror y fascinación, cómo los líderes de las criaturas infernales descendían de la mesa, abandonaban el estrado y se dirigían hacia ella. Sus sonrisas eran retorcidas, sus garras destellaban amenazantes, los colmillos se descubrían ansiosos y las pú
El timbre insistía con su canto metálico, una cacofonía que se clavaba en la quietud de la noche como una espina. Beltaine sentía cómo el sonido se enredaba en sus oídos, una melodía que no tenía cabida en el silencio sagrado de la madrugada.—¡Ya voy, por las barbas de Merlín!—exclamó con un gruñido que brotaba de lo más profundo de su ser, mientras se debatía en un mar de sábanas que parecían querer retenerla en su lecho—. ¿Quién se atreve a perturbar mi descanso?La respuesta fue un vacío absoluto. Ninguna voz se atrevió a desafiar el silencio que ahora se había apoderado del espacio tras la puerta. Se levantó con lentitud, como si cada movimiento fuera un ritual en sí mismo, y su ceño se frunció aún más—. ¿Qué clase de juego es este? ¿Acaso los fantasmas han decidido hacerme una visita nocturna?Un breve instante de silencio se extendió, un tiempo en el que su mente comenzó a despertar y a tejer posibilidades.—¡Ah!—sus ojos se abrieron de par en par, iluminados por un destello de
La pelirroja, Beltaine, se encontraba en el umbral de su hogar, cuando la realidad se torció ante sus ojos. Una niña, Seraphina, emergió de la nada, como un fantasma que decide hacerse visible solo a voluntad propia. Con la gracia de un felino, saltó hacia Beltaine y se acomodó en su regazo, sus mejillas aún vibrantes por la emoción del momento.—¡Melissa! ¡Contempla esta criatura de llamas en su cabello!—¿Qué? ¿Qué está pasando?—Beltaine retrocedió, desequilibrada por la súbita aparición y el peso de la pequeña—. ¿Y tú quién...?Antes de que pudiera terminar, Seraphina se deslizó de su regazo y comenzó a empujarla hacia atrás, su rostro a escasos centímetros del de Beltaine, sus ojos brillando con un fulgor sobrenatural.—Espera... ¡un momento!—protestó Beltaine, sintiendo cómo la invasión de su espacio personal se convertía en una danza macabra—. ¿Podrías... alejarte un poco?Pero Seraphina parecía ajena a sus palabras, su mirada perdida en algún punto entre la admiración y la obse
Con un estallido de carcajadas salvajes, Seraphina lanzó su cabeza hacia atrás, sus ojos brillando con un fuego maníaco al descubrir la marca de lazos, resplandeciente y real, adornando el cuello de la pelirroja. La marca, un símbolo de unión eterna, emitía un brillo que rivalizaba con el de las estrellas, envolviendo a la engañosa Seraphina en un aura celestial.—¡Qué sencillo es hallar la marca de mates cuando conoces sus secretos! —exclamó Seraphina, su voz temblorosa por la excitación desbordante. El artefacto, semejante a un pulpo mecánico, zumbaba en sintonía con su frenesí—. Estoy ansiosa por abrir el portal hacia Unirx. ¡Qué impaciencia me consume por descubrir si los licántropos del otro lado percibirán que se ha utilizado la mate de alguien para desgarrar el velo hacia Unirx!Los tentáculos metálicos, afilados como cuchillas, se deslizaron hacia el cuello de Beltaine, emitiendo un coro de chasquidos mecánicos y zumbidos giratorios. La marca, en un intento desesperado por def
—¿Y si cambiamos el plan?—Melissa sonrió ante las facciones confusas de Beltaine por las palabras que pronunció adrede para confundirla. La susodicha no pudo preguntar a qué se refería la mujer ya que comenzó a cuchichear y a murmurar con Seraphina.La tensión en el aire era palpable mientras Beltaine, con su cabello rojo como el fuego, enfrentaba a sus captores. La confusión se reflejaba en sus ojos esmeralda, mientras Melissa, con una sonrisa astuta, proponía un cambio de planes que solo servía para desorientarla más.—¿Cambiar el plan?—Beltaine murmuró para sí misma, su mente girando en un torbellino de pensamientos. Las dos mujeres frente a ella, ¿eran amigas o enemigas? ¿Qué querían de ella? ¿Y qué papel jugaba Kyrios en todo esto?El silencio se rompió con el susurro de Seraphina, su voz era como el roce de la seda, pero Beltaine no se dejó engañar por su tono suave. Había algo siniestro en la forma en que sus palabras se entrelazaban con las de Melissa, como serpientes en un ba