El cuerpo dolorido de Bastián Christopoulos es depositado en la cama de su habitación en su ático por sus guardias que detuvieron la brutal pelea de la cual formó parte en contra de tres sujetos y uno de ellos le sacaba una cabeza y era un gigante de ciento sesenta kilos. Borracho y casi inconsciente les grita mil insolencias amenazando con despedirlos a todos porque necesitaba quedarse acabar con el “Godzila” para recibir los aplausos – los cuales recibió cuando dejó noqueados a dos de los tres – ya que estaba fuera de forma teniendo más de cinco años sin incursionar en el mundo de las peleas callejeras. — ¡César estás despedido! – le grita a su Jefe de seguridad casi en un gemido —. Pude haberlo noqueado también – sus manos tiemblan al querer levantarse y su costado lastimado le pasa factura. — Debemos llamar a alguien – expresa uno de los esbirros. — ¿Crees que no lo sé? – responde César con agresividad ante la preocupación que siente —. Debo salir a hacer unas llamadas – info
Amelia queda impresionada con lo que ve en el instante en que la puerta del ático se abre, Bastián, se encuentra luchando con tres hombres que son de su tamaño aunque hay uno de ellos que casi le saca una cabeza y es un verdadero gigante. Los mueve más no puede sacárselos de encima. Lo detalla y encuentra que tienen la cara golpeada, los moratones son inmensos y sus ojos comienzan a picar sin poder dejar de pensar que cualquier cosa que haya sucedido es su culpa. Arístides la tapa con su cuerpo en el momento que su hermano se percata de su presencia. Se estremece ante la mirada gélida que le dedica sabiendo lo que viene a continuación. — ¡Vete, fuera! – Amelia siente temor ante el grito. — Deberías calmarte Bastián pareces una m*****a bestia – se carcajea escupiendo sangre coagulada de la boca. — ¿Y no es lo que soy? – su voz rota destroza el corazón de Amelia — ¿cómo lo dijo madre? ¡ah ya recuerdo! – trata infructuosamente de soltarse — Un alma perdida en el infierno de mi pr
El pitido de la máquina destroza los oídos de Amelia que se encuentra hecha un manojo de nervios ante la discusión que tuvo con la madre de Bastián hace ya día y medio, en este momento se percata de que no conoce ni un ápice de su persona y teme – luego de los hechos – que esa mujer cuente con la razón de que su cultura es prioritaria y ella quede a la deriva porque ya no puede esconderlo más. — Estoy enamorada de ti Bastián Christopoulos y no me importa que tu madre sea una perra hiriente de clase tan alta que llegue al cielo porque confío en que tú seas diferente aunque sus egos sean del igual tamaño – expresa en voz alta para que el inconsciente de él lo capte. — Perra hiriente de clase alta ¿eh? – salta de la silla para ver recostado al marco de la puerta a Arístides con los brazos cruzados — fuiste muy valiente ahí fuera chica lista – lo observa con detenimiento y nota que sus ojos son color café y que su cabello es castaño rojizo. — ¡Lo siento! Tengo una enorme boca que to
Capítulo 35. El pulso de Bastián se acelera ante la aseveración de Amelia, no quiere tocar puntos sensibles ya que duda sentirse preparado aun para ello, pero no puede ocultarle verdades que lo puedan exponer más adelante y corra el riesgo de que lo abandone aunque ni siquiera esté seguro de por qué quiere casarse con él. , piensa con emoción. Aun cuando la duda baila haciendo un ruido estrepitoso en su cabeza considerando que hace más o menos dos días ella misma dudaba de su honestidad al pretender tener algo serio que los llevara a un matrimonio feliz. , se reprocha el hecho de que sepa hacer las cosas de otro modo. — ¿Todo en orden vaquero? – la voz de Amelia lo saca de sus cavilaciones que destrozan sus nervios —. Espero regreses pronto de donde te hayas ido ya que quiero escuchar tu historia – dice en tono jocoso y él sonríe tenso —, no quiero obligarte a nada Bastián solo necesi
La negativa a coro le hace gracia a la mujer embutida en el traje blanco, expresión que a Amelia no le hace ninguna gracia ya que mira con interés a su novio y eso no es una opción para ella. — ¡Por favor, el paciente debe descansar! – ahora su tono era alto, chillón y enojado. — Quizás si no parecieras una actriz porno te dejara sola con él, pero lo lamento cariño es mi novio y no pienso irme a ningún lugar – advierte con los brazos en jarra —, te aconsejo que dejes la charola sobre la mesita y te largues por favor – se escucha de fondo la risa ahogada de Bastián. Ambas mujeres giran la cabeza hacia Bastián que se encoge de hombros ante la escena, no se burla de ellas sino de la insistencia de su madre ante la necesidad de controlar su vida. — ¿Qué, qué sucede? – pregunta disimulando la risa que pugna por salir de su boca —. Mi madre no se cansa de querer controlarme ¿cierto Lera? – se refiere a la chica. — Ella dijo que necesitabas una enfermera porque no tenías a nadie q
Amelia respira profundo mientras camina hacia la puerta de la Mansión más escandalosamente elegante que haya visto en su vida, piensa que Bastián tiene toda la razón en decir que su familia es algo así como de la realeza de Grecia ya que solo tiene que fijarse en la vestimenta del personal asistente para darse perfecta cuenta de ello ya que su madre fue mucama por mucho tiempo y ni cerca le llegan a la elegancia de los uniformes de las personas que tiene enfrente y que le hacen reverencias tal como si fuesen celebridades de alguna alfombra roja. — ¡El Sr. Bastián Christopoulos junto a la Srta. Blackstone! – anuncian los recién llegados en el rellano llamando totalmente la atención de todos. , piensa Amelia con todas las alarmas encendidas. — ¡Querido hijo, al fin llegas bienvenido! – saluda Selene Christopoulos ignorando completamente la presencia de Amelia. La sonrisa de la madre de Bastián casi le parte la cara en dos, estira la mano derecha h
La cachetada que recibe Segda - la mayor de las gemelas hermanas de Bastián - cortesía de Amelia la hace dar un paso atrás buscando equilibrio dado que el factor sorpresa la deja sin aliento. — ¡Maldita! – responde como la fiera que es una ofendida Segda — ¿Quién demonio te crees estúpida? — ¿Yo? – forcejea entre los brazos de Bastián quien no sale del asombro — ah pues, nadie – intenta zafarse sin éxito — solo alguien que no reacciona bien a los insultos querida cuñada – la aludida la mira con odio. — ¡Vas a pagarlo caro! – expresa con los dientes apretados. — Si bueno, ya había escuchado eso – informa con una sonrisa falsa — sin embargo creo que una mordida pido haber sido más efectiva ¿Cierto? — ¡Está bien fieras! Se acabó el espectáculo por ahora, no necesito más esto – se escucha la voz de Bastián con un dejo de molestia. — ¡Pero ella me golpeó! – grita enfadada — ¿Acaso estás ciego? – chilla mirándolo mal. — ¡No lo estoy, Vi lo que pasó y no me mires de ese
En el momento que llega al rellano que se encuentra justo enfrente de la puerta de entrada de la casa tropieza con un cuerpo duro y de no ser porque unos brazos fuertes la sostienen habría caído sentada en el piso, levanta la cabeza y el dueño de dicho cuerpo le sonríe cortés. Amelia arruga el entrecejo al percatarse de que la cara le es muy familiar, sus rasgos son similares a las de Bastián de hecho; si no le hubiese dicho que de su primer matrimonio no tuvo hijos creería que este joven lo es a excepción del color de sus ojos que son verdes. Puede que sea algún primo cercano o alguien más allegado, el joven debe tener algunos dieciocho años, pero ella no lo puede deducir ya que se ve muy joven. — ¡Eh, lo siento mucho señorita! – se disculpa por el tropiezo de lo que es ella culpable. Siendo él la segunda persona en esa misma noche que la trata con respeto. — No te preocupes el error fue mío, debí mantener la vista en el frente y no mirar atrás como una tonta – Amelia le sonrí