POV CLARASiento el calor antes de abrir los ojos. Una calidez reconfortante y envolvente me hace querer quedarme en este estado entre el sueño y la vigilia, pero algo dentro de mí me empuja a despertar.Escucho un murmullo suave, palabras que no alcanzo a comprender del todo, y luego… una sensación. Algo distinto. Algo nuevo.Mi respiración se agita levemente, y mis párpados comienzan a separarse con lentitud. La luz es tenue, pero suficiente para hacerme parpadear un par de veces antes de enfocarme en el techo de madera sobre mí.No estoy en la camioneta. No estoy en la manada de Hernán.El recuerdo me golpea de lleno: mis padres. La manada Sombra de Luna. El desmayo.Parpadeo varias veces, tratando de aclarar mi mente, y entonces noto la presencia a mi lado. Giro el rostro y me encuentro con Hernán. Está sentado en una silla junto a la cama, con los codos apoyados en sus rodillas y la mirada fija en mí.Sus ojos verdes están más oscuros de lo normal, y su rostro muestra una mezcla
POV CLARAMi madre me observa con paciencia, con la ternura de quien ha esperado mucho tiempo para este momento. Su expresión es serena, pero sus ojos brillan con emoción.—Entonces dime, ¿qué tengo que hacer? —le pregunto con curiosidad.Ella sonríe, con algo de orgullo reflejado en su mirada.—Primero, descansar —responde.Frunzo el ceño, pero antes de que pueda protestar, mi padre, que había estado observando todo con una expresión seria, finalmente habla.—Tienes que recuperar fuerzas, Clara —contesta con una pequeña sonrisa—. No hay prisa.No puedo evitar mirarlo con fascinación. Nunca pensé que podría conocer a un padre diferente al que me crio, y ahora está aquí, diciéndome que descanse como si hubiera estado cuidándome toda la vida en silencio.Hernán resopla y me aprieta más contra él.—Me gusta ese plan —dice con una sonrisa de satisfacción.Mi madre suelta una risa suave.—Me imaginé que lo harías.Bruno, por su parte, solo observa con una media sonrisa.—¿Y después? —pregu
POV CLARAEl aire está cargado de energía. Puedo sentirlo en mi piel, en la ligera vibración que recorre mis brazos mientras observo a mi madre con atención. Estamos en un claro detrás de la casa, rodeadas por árboles altos cuyas hojas se mecen con el viento. La luz del sol se filtra entre las ramas, creando destellos dorados en la hierba.—Lo primero que debes entender es que la magia es parte de ti —dice mi madre con voz pausada—. No es algo que puedas forzar o manipular sin consecuencias. Es una extensión de tu energía, de tu voluntad.Asiento, aunque por dentro siento un poco de escepticismo.—¿Y cómo… se supone que la use? —pregunto.Ella sonríe y extiende una mano hacia un pequeño montículo de piedras.—La magia responde a las emociones, a la intención. Quiero que te concentres en esas piedras. No pienses en moverlas con la mente, piensa en lo que quieres que hagan. Imagínalo, siéntelo.Frunzo el ceño y miro las piedras, sintiéndome un poco ridícula. Respiro hondo y trato de hac
POV HERNÁNDesde que llegamos a la manada Sombra de Luna, todo ha sido un torbellino de emociones, descubrimientos y sorpresas, pero entre toda la intensidad de conocer a los padres de Clara, el embarazo y la revelación de su magia, me doy cuenta de algo: Augusto y Marina han estado más callados de lo normal.Eso no es algo fácil de ignorar, sobre todo viniendo de Augusto. Mi hermano siempre tiene algo que decir, una broma que hacer, una sonrisa burlona en el rostro, pero ahora… está más serio, más analítico, como si estuviera observando todo con detenimiento. Marina, en cambio, ha estado más retraída, con la mirada perdida en sus propios pensamientos.Decido que es hora de averiguar qué pasa.—Voy a salir un rato —le digo a Clara con tono tranquilo mientras la observo cómodamente instalada en la sala junto a su madre. Parece que se acomodó bien a ella.—¿A dónde vas? —pregunta con el ceño fruncido, lanzándome una mirada curiosa.—Voy a buscar a Augusto y Marina —respondo con segurida
POV HERNÁNNo me gusta la idea de esta conversación. No porque no valore la información, sino porque la idea de sentarme con el padre de Clara, con su mirada severa y su presencia imponente, me incomoda más de lo que me gustaría admitir, pero no puedo postergarlo más.Las noticias de los ataques a otras manadas no son una coincidencia, y todos lo sabemos. Están buscando algo… o mejor dicho, a alguien. Y no soy idiota; sé que ese alguien es Clara.Con pasos firmes, camino hasta la casa principal. El interior es cálido y acogedor, pero la tensión en el aire es imposible de ignorar. Encuentro a Sebastián, el padre de Clara, en su estudio. Está de pie junto a una estantería, hojeando un viejo libro con expresión pensativa. Cuando me ve, cierra el libro y lo deja sobre la mesa con calma, como si hubiera estado esperando esta conversación.—Hernán —dice, sin rastro de sorpresa en su voz.—Sebastián —respondo, más por cortesía que por comodidad.Él me hace un gesto para que tome asiento fren
POV HERNÁNSus zapatos hacen eco en la oficina ni bien entra. Sus labios, pintados de un rojo intenso bastante llamativo, tiemblan un poco en cuanto me ve. Su cabello oscuro, largo hasta la cintura, hace contraste con su tez pálida y sus ojos, de color pardo, me miran con una mezcla de interés y temor.Le hago un gesto con la mano para que tome asiento frente a mí y alisa su camisa color verde agua antes de sentarse.Me aclaro la voz antes de hablar.—Bien, soy Hernán Selton, dueño de la compañía Wolf y asociados —me presento. Ella asiente con la cabeza—. Usted es Clara Rojas, ¿verdad?—Así es —responde en un murmullo apenas audible.Estiro mi mano para estrechársela y, en cuanto tengo contacto con su piel, una corriente eléctrica me invade de pies a cabeza, provocando que retire mi brazo con rapidez y brusquedad. Trago saliva con fuerza.—¿Está bien, señor? —me pregunta, notando que quedé paralizado.—Sí, perdón, voy a buscar algo de agua… —respondo levantándome con torpeza.Me dirij
POV CLARA—“Ricirsis himinis li istiri llimindi piri ivisirli si quidi in il pisti” —digo con tono burlón, cerrando la puerta del refrigerador con fuerza—. Todo el mundo sabe que eso significa que no te van a contratar.Marina suelta una carcajada y toma la cerveza que acaba de abrir, y me siento a su lado en el sillón.—Brindemos por tu no trabajo —expresa, chocando nuestras pequeñas botellas de vidrio. Esbozo una sonrisa.Marina es mi prima y mi mejor amiga. Literalmente, la única vida social que tengo, ya que mi familia falleció en el accidente de auto que tuvimos y por el cual casi no sobrevivo. A causa de eso, me quedó una enorme cicatriz en mi baja espalda, la cual tapé con un tatuaje de un gran ramo de flores, para recordarme que los momentos difíciles son los que más nos hacen florecer.—Me hubiera gustado trabajar ahí, de todos modos —respondo con tono derrotado.—Eso es solo porque el jefe es un bombonazo —comenta guiñándome un ojo.Suelto una risa por lo bajo y asiento con
POV HERNÁNDespués del encuentro que tuve con Clara en el camino hacia mi oficina, sigo confundido acerca de ella.Siento cierta conexión, pero es que ella es muy atractiva. Me sigo convenciendo a mí mismo de que es imposible que mi pareja destinada sea humana, jamás se vio un caso así en la historia licántropa en siglos. No puedo ser la excepción.Entro a mi oficina con algo de vagancia, debo admitir que hoy no tenía muchas ganas de venir. Pasé la noche pensando en toda esta situación y creo que estoy al borde de volverme loco. Puede que esté exagerando, pero así me siento.El camino más fácil sería preguntarle a mi padre si puede ser posible lo que estoy sintiendo con una humana, pero estoy seguro de que él se moriría si supiera eso y, por otro lado, me obligaría a buscar a mi verdadera pareja, y no estoy listo para enfrentar aquello.El día se desliza lentamente en la oficina, con cada minuto pareciendo una eternidad mientras lucho por mantenerme concentrado en mi trabajo.Finalmen