Soy una mala persona

Andrea

Abrió los ojos y la intensa luz la encandiló de inmediato. El sonido monótono del goteo de la intravenosa rompía el silencio de la habitación, mientras ella observaba a su alrededor sin atreverse a moverse.

—¿Qué pasó? —preguntó con la voz rasposa.

Su madre, que hasta ese momento permanecía inmóvil en un rincón, corrió hacia ella con lágrimas en los ojos.

—¡Hija! Despertaste.

Un dolor punzante recorrió su cuerpo, como si hubiera estado inmóvil durante demasiado tiempo. Intentó enderezarse, pero un agudo pinchazo en el vientre la detuvo. Fue esa punzada la que desató una avalancha de recuerdos que la golpearon con la fuerza de una tormenta.

Como si de una película se tratara, cada momento vivido desde su reencuentro con Nel comenzó a reproducirse en su mente. La furia cedió paso al dolor y, en un instante, a la desesperación absoluta.

—¡¡Mamá!! —El grito escapó de su boca, primitivo, desgarrador, casi animal. La sensación de pérdida era insoportable. —¡Dime que todo fue una pesa
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