AndreaDespués que la chica sale, espera un momento para hacer lo mismo. Debe ser más inteligente y sabe que por ahora no puede hacer nada más.Se moja las manos y se toca las sienes que comienzan a punzarle. Aunque ya tenía ciertas dudas, ahora está más convencida de que todo eso de la fundación es una gran pantalla, donde Nel oculta lo que verdaderamente hace: reclutar mujeres para ser vendidas como mercancía. Se supone que también hay niños, así que se siente asqueada de solo pensar que también pudieran estar siendo utilizados de alguna manera.Tocan a la puerta y el sonido la saca de sus pensamientos.—¿Está bien señorita? —La voz del hombre que la acompañó la saca de sus pensamientos.Seca sus manos y sale de ahí.—Estoy bien. Solo que tomé mucho alcohol. Creo que voy a retirarme. —El hombre solo asiente sin decir una palabra y se asoma dentro del baño, asegurándose de que no hay nadie.Ese gesto, le provoca un escalofrío. Si la chica siguiera ahí, tal vez se hubiera metido en un
Edward—Muy bien, gracias por avisarme.Edward colgó la llamada y levantó la vista para encontrarse con la mirada curiosa de Karen, quien lo observaba con una mezcla de expectativa y diversión.—¿Qué pasa? —preguntó ella con impaciencia.Él soltó un suspiro, sintiendo que ya había perdido la batalla antes siquiera de haberla librado.—Ya llegó. Le pidieron que subiera a hablar conmigo y viene hacia acá.Karen soltó una carcajada al notar su nerviosismo.—Vamos, no seas cobarde. Ha llegado el momento de que sepa todo lo que pasó en aquel entonces —dijo con un brillo travieso en los ojos—. Pero antes, veamos qué tan indiferente eres para ella.Le guiñó un ojo y Edward solo asintió, resignado.Unos minutos después, unos suaves golpes resonaron en la puerta, y cuando se abrió, Andrea apareció frente a ellos. Su tez ligeramente ruborizada indicaba que había notado la tensión en la sala y había interpretado la escena a su manera.Con una seguridad envidiable, Karen se adelantó y sonrió con
EdwardEdward la esperaba. Después de tantos años, por fin había llegado el momento de enfrentar el episodio más doloroso de su vida.—Estamos aquí —la voz de Karen lo sacó de sus pensamientos. No la miró, su atención estaba fija en la persona detrás de ella.Andrea lucía desconcertada y molesta.—Gracias. Pídele a Nelson que leve anclas. —Karen asintió y se dirigió a la cabina del capitán.Andrea apretó los puños y dio un paso adelante, su mirada cargada de reproche.—¿Por qué haces todo esto, Edward? ¿No fue suficiente con romperme el corazón cuando me engañaste y te fuiste con Nel? Sabes cuánto sufrí con la muerte de mi esposo, y todo es culpa de esa maldita. Va a pagar. Aunque tengan una hija juntos, no voy a detenerme. ¡Ella tiene que pagar!Edward la observó con una media sonrisa y negó con la cabeza.—No sabes nada, ratoncita. Esa mujer nos destruyó la vida a todos, no solo a ti. También a mí, a Evelyn, a tu esposo y a sus padres.Es como una maldición para quien se cruza en su
AndreaDespués de la confesión inesperada, Andrea se queda en silencio. No sabe qué decir. Su corazón late con fuerza, pero su mente se encuentra enredada en un torbellino de emociones. Edward, sin obtener una negativa directa, se acerca lentamente hasta quedar frente a ella.—No sabes cuánto deseo poder regresar el tiempo atrás —susurra con la voz cargada de anhelo—. Volver a esos días antes de tu viaje. No imaginas cómo he soñado con tus besos, con tus caricias, con tus palabras de amor.Las emociones, reprimidas por tanto tiempo, se abren paso en su voz. Poco a poco, el valor se apodera de él y toma suavemente una de las manos de Andrea, como si quisiera retener aquel momento, hacerla sentir lo que su corazón aún guarda. Sin embargo, ella la retira de inmediato.—Lo siento… yo… —su voz apenas es un murmullo antes de girar sobre sus talones y alejarse sin mirar atrás.Se detiene en la barandilla del barco y clava la mirada en el vasto océano. La brisa nocturna acaricia su rostro mie
AndreaComo Edward había dicho, al día siguiente se desató una tormenta, aunque no se comparaba con la que se agitaba en su interior. Había demasiadas cosas que asimilar. Descubrir que todo ese tiempo había vivido engañada, odiando al hombre que tenía frente a ella y que, en realidad, había extrañado durante tanto tiempo, era un golpe difícil de sobrellevar. Sin embargo, cuando Edward la recibió con una sonrisa, supo que para él, el tiempo había retrocedido.—De seguro no dormiste nada —la voz de Karen la sacó de sus pensamientos, obligándola a mirarla. —Pude dormir algo, no se preocupen —respondió Andrea mientras el chef comenzaba a servir la comida, a pesar del vaivén del barco—. Espero poder conservar esto en mi estómago el tiempo suficiente.Edward sonrió y trató de tranquilizarla.—Pronto saldremos de la zona de la tormenta, no te preocupes. Además, el capitán no permitiría que naufragáramos llevando a bordo una carga tan preciada.Andrea guardó silencio, sin entender la referenc
NelAl despertar, se sintió mareada y desorientada en la habitación del hospital. La sensación era como si un tren la hubiera arrollado. Sus ojos recorrieron el lugar hasta detenerse en la figura de Olsen, quien cabeceaba en el sofá de la habitación, sumido en un sueño intermitente. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde que la cirugía había terminado, pero debía haber transcurrido bastante.—A-agua… —murmuró con voz débil.Su asistente se sobresaltó de inmediato y, sin dudarlo, se apresuró hacia la mesita para tomar una de las botellas.—Aquí está, madame —dijo con respeto mientras le ofrecía el agua—. Me dijeron que con el suero no sentiría sed.Ella negó suavemente con la cabeza.—Tengo la boca muy seca… ¿Dijeron algo sobre cómo salió todo?Olsen destapó la botella y colocó un popote en ella antes de acercársela. Ella bebió apenas lo suficiente para humedecer los labios y aliviar un poco la sequedad.—La doctora mencionó que hablaría con usted en cuanto despertara —infor
AndreaLos días en altamar habían terminado. Mientras acomodaba sus cosas en la maleta para regresar a la realidad, Andrea escuchó que llamaban a la puerta. Al abrirla, la sonriente cara de luna de su nueva amiga la recibió con una expresión cálida y comprensiva.—¿Lista para volver a la realidad? —preguntó Karen con dulzura.Andrea soltó un suspiro. No, no estaba lista. La idea de regresar la llenaba de pánico, porque sabía todo lo que se avecinaba. No tenía dudas de que, con la ayuda de Edward, la batalla contra Nel y Nolan sería encarnizada. Ambos eran personas mezquinas y despiadadas, dispuestas a hacer lo que fuera necesario para defender lo suyo. Y lo que tenían que perder era mucho.—Tengo miedo —murmuró Andrea. Sus ojos se nublaron y, por primera vez en meses, se permitió sentirse vulnerable ante alguien.Karen apretó su mano con firmeza y le dedicó una mirada cargada de convicción.—Lo sé, nena, lo sé. Ed me ha contado algo, aunque no fue muy específico. Lo que sí entiendo es
EdwardMientras estaba en su oficina, sentado despreocupadamente y jugando con un bolígrafo entre sus dedos, una sonrisa involuntaria apareció en su rostro. Había pasado una semana desde su regreso, y lo que nunca pensó que podría suceder, estaba ocurriendo.Si bien Andrea aún no lo aceptaba completamente en su vida, tampoco lo alejaba. Se había convertido en una costumbre enviarse mensajes de texto, como si fueran dos adolescentes coqueteando con inocencia. Sin embargo, sólo él sabía que en sus miradas furtivas, aquellas que le dirigía cuando ella no se daba cuenta, había de todo menos inocencia. La deseaba.Cada vez le resultaba más difícil permanecer impasible ante todo lo que ella le provocaba. Tanto así que, para su vergüenza, había vuelto a tener sueños húmedos, como en los tiempos en que aún era virgen.Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos. Al ver quién entraba, el nerviosismo se apoderó de él. Era ella, la dueña de sus pensamientos.—¡Hola, Ed! ¿Estás ocupad