41. Confesión inesperada I

Alexander

Me dirigía a la habitación de Emma, cuando la noche ya estaba cubierta con un manto de estrellas. Había estado ocupado todo el día y solo pude comunicarme con ella una sola vez, sin poder verla.

Dago y yo habíamos pasado el día con los nervios a mil. Cada nueva información se convertía en una señal más del peligro en el que se encuentra Emma, y eso nos volvía locos de preocupación. Dago no paró de gruñir en todo el día, por momentos, su gruñido era tan agudo que parecía rasgar mi cerebro con sus garras.

Ahora, solo podía pensar en hundir mi nariz en el cuello de Emma y perderme en su aroma. Era lo único que podía traernos calma. Anhelaba tocarla y sentirla a salvo en mis brazos.

Al entrar, vi a Emma dormir plácidamente. Me di una ducha rápida y, al terminar, me acosté a su lado, con solo un boxer negro puesto. Abracé su diminuto cuerpo contra el mío y hundí mi rostro en su cuello. ¡Huele tan bien! Sentía una necesidad urgente de dejar mi marca en ella.

Comienzo a besar su
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