Narrador(Dentro en una cueva oculta en el bosque petrificado.)Morgan, el brujo oscuro, se apoyaba con desdén en una gran roca, los brazos cruzados y la mirada fija en el rey del norte, que estaba encadenado al otro extremo de la cueva. La luz tenue apenas lo iluminaba mientras comenzaba a recobrar la conciencia.Confusión y rabia se reflejaron en los ojos del rey al percatarse de su situación. Forcejeó con desesperación, tratando de liberarse de las cadenas que lo mantenían inmovil, pero sus esfuerzos fueron inútiles.Entonces, una risa macabra rompió el silencio en la cueva, resonando en cada rincón como un eco siniestro.-No te esfuerces.- Dijo Morgan, acercándose con pasos pausados y una sonrisa satisfecha -Esas cadenas son de plata, y no hay fuerza en ti que pueda romperlas.-El rey lo miró con una mezcla de furia y confusión -¿Qué carajos estás haciendo, Morgan?.- Luego exigió: ¡Suéltame ahora!-Morgan se detuvo frente a él, su sonrisa burlona ampliándose mientras sus ojos oscu
EmmaCuando volví a abrir los ojos, lo primero que vi fueron los rostros preocupados de Miller y Ethan. Sus expresiones estaban cargadas de alivio, pero también de inquietud.-¿Cómo te sientes?- Preguntó Miller con voz suave mientras me ayudaba a incorporarme.-Estoy bien.- Respondí, aunque mi mano se dirigió instintivamente a mi rostro húmedo.*¿Estás bien? ¿De verdad? ¿Por qué lloras? ¿Sabías que hasta hace un momento brillabas? ¿Te duele algo? ¡Dime la verdad!* La voz de Bran resonaba en mi cabeza.Fruncí el ceño y miré a Miller con exasperación. Mientras me frotaba la sien, me quejé: -¿Tu lobo nunca se calla?-Miller antes de que pudiera responder, Ethan soltó una carcajada.-Parece que Bran sigue siendo tan ruidoso como siempre.- Comentó con una sonrisa divertida.Pero Bran seguía parloteando en mi mente como si no hubiera escuchado nada.En ese momento, el brujo mayor entró a la habitación. Antes de que pudiera decir una palabra, lo enfrenté directamente:-¿Por qué él quiere a Al
NarradorEl caos se desató en la manada.Los lobos oscuros avanzaban con ferocidad, destruyendo todo a su paso. Los alfas, antes reunidos, no estaban preparados para un ataque sorpresa. Niños, ancianos y omegas, inmersos en sus actividades, fueron tomados completamente desprevenidos por la brutal invasión.Morgan avanzaba con calma en medio de la oscuridad, lanzando bolas de fuego ocasionales para avivar aún más el caos. La batalla rugía en el corazón de la manada, mientras que en el dispensario, la sombra se abalanzaba con furia contra la barrera mágica. Las brujas, concentradas y al límite de sus fuerzas, sostenían el hechizo protector que mantenía a Alexander a salvo, resistiendo el ataque desesperado de la entidad oscura.Morgan para este momento, había llegado a la puerta del dispensario, observando con evidente frustración cómo la sombra seguía forcejeando sin éxito por entrar.-Estoy rodeado de inútiles.- Bufó, su tono cargado de desdén.Con un movimiento rápido, alzó ambas ma
Emma Acostada en la fría y húmeda hierba del bosque, con los ojos cerrados y sintiendo la brisa acariciar mi pelaje blanco, me encuentro abrazando un sentimiento que había perdido: la felicidad. Todo esto era nuevo para mí. Hasta hace unas horas, era simplemente una humana, aunque sabía que no lo era realmente. Cuando cumplí los 16 años y mi loba no se manifestó, dudé durante mucho tiempo de mi verdadera naturaleza como mujer lobo. No sé cuánto tiempo pasó desde que entré al bosque, ni cuánto corrí ni si me están buscando. Me perdí en las sensaciones nuevas, eufórica disfrutando este leve momento de libertad. Quizás, con suerte, mi ausencia pasó desapercibida. Aunque desearía que este momento no acabara, sé que debo regresar. Me pongo de pie, retomando mi forma humana, me visto y me encamino de vuelta a la cabaña. En ese instante, siento a Kira, mi loba, intranquila en mi mente, estando alerta y expectante. Antes de poder preguntarle qué sucede, un aroma llega a mí, provocando un
Emma (Presente) Estoy arrodillada en el suelo, inmersa en el caos de gritos a mi alrededor. Mis padres están encadenados a pocos metros de distancia, observo a mi madre mover los labios intentando decir algo que no alcanzo a comprender. Mis lágrimas distorsionan mi visión y al intentar gritar, mi voz se desvanece en la oscuridad que me rodea, solo para despertar sobresaltada y empapada en sudor, la misma pesadilla que me atormenta sin piedad. Decido levantarme. Tomé una ducha apresurada, al terminar, un grito tras la puerta anuncia el inicio de la rutina. -¡En 5 minutos te quiero en la cocina!- Resuena la voz de Kate, la líder de mi grupo. Vivo en una modesta cabaña en el extremo del territorio, aunque llamarla "cabaña" es un modo amable de referirse a mi hogar. En realidad, es más bien una choza de madera descuidada, pero no me quejo. Es preferible a estar en la mazmorra. Los omegas sin pareja viven en grupos en estas cabañas. Cada grupo tiene un líder que organiza las tareas y
Emma (5 años antes) Un día después del decimosexto cumpleaños de Briana, me escapé de casa para ir a verla. Mi padre me había pedido que no saliera ese día, ya que estaba previsto la llegada de los líderes de la manada Luna Menguante. Mi padre era Gamma y mi madre una guerrera, ambos encargados de la seguridad de Luna Misere, la madre de Alex. No creí que fuera tan peligroso como lo planteaba. El territorio era muy seguro. Así que, como toda adolescente rebelde, decidí tomar mi chaqueta y dirigirme al parque, nuestro lugar de encuentro. Pasamos la tarde charlando, riendo y soñando juntas. Briana me presentó a su loba Dana, su pelaje era rubio con algunas manchas mas oscuras y sus ojos de color marrón, me dejaron fascinada por su belleza. El propósito de nuestro encuentro era que Briana pudiera ver a Alex y así confirmar si él era su compañero predestinado, pero nuestro plan se vino abajo al enterarnos de que él se encontraba en el territorio de Black Moon. -Vayamos a la gr
Emma Hace dos años que me encuentro atrapada en esta mazmorra, un auténtico infierno día tras día. A pesar de todo, siento una fuerza interior que me une a la vida, una chispa de esperanza que se niega a apagarse.Sin embargo, últimamente me resulta difícil mantener esa fuerza. Mi cuerpo duele, mi espíritu está abatido y mi loba permanece dormida, sin mostrar signos de despertar.La soledad me envuelve, convirtiéndose en una compañera constante. Las noches se vuelven largas y solitarias, la oscuridad se convierte en un enemigo implacable.Los recuerdos de mis padres son mi mayor fuente de resistencia contra la desesperación y el miedo. A veces siento su presencia cerca de mí, escuchando en mi mente las palabras de mi madre: Sé fuerte. A pesar del dolor que me embarga después de la ira del alfa, intento aferrarme a los momentos felices para no perder la cordura.Los golpes y el maltrato por parte del alfa Alejandro eran constantes y la única música que oía, eran los sonidos sordos de
Alexander Dos años pasaron desde que la oscuridad de la muerte envolvió a mi madre y una semana desde que lo hizo con mi padre. El día que mi madre murió, me encontraba inmerso en un intenso entrenamiento en la manada Black Moon con otros futuros Alfas. Cada cinco años, la manada organizaba un evento extraordinario para los futuros Alfas que tenían a sus lobos despiertos. Era una prueba agotadora y despiadada, solo se podía participar una vez y era un entrenamiento muy exhaustivo. Yo tenía entonces 17 años, pero Dago, mi lobo, había despertado cuando cumplí los 14, dos años antes que cualquier lobo. Su presencia prematura en mi era debido a la sangre de los primeros licántropos que corría por mis venas, impartiendo la fuerza necesaria para soportar su presencia en mi ser. Al finalizar el entrenamiento y regresar a la manada, me encontré con un panorama desolador. Kaled, el beta de mi padre, me informó sobre el inesperado ataque perpetrado por la manada Luna Menguante, aquella que