Simone.Su risa, retorcida, ha horrorizado mis pesadillas por meses; disfrutó ver cómo me arrastraba sobre el pavimento; cómo la vida escapaba de mis manos. Es una asesina, su postura lo demuestra, el gesto de repulsión en su rostro; como si yo fuera la cucaracha más asquerosa que ha visto en la vida. No me tiene miedo, lo percibo, una sonrisa burlona se alza en la comisura de sus labios. Voy hacia ella, quedamos a corta distancia. Nuestros ojos colisionan, se dicen todo sin necesidad de palabras; ambas sabemos que el apocalipsis se desatará y ninguna está dispuesta a renunciar. Sin muchos preámbulos, le doy la bofetada que el odio me exige; ella gime en sorpresa, el eco de la piel golpeada resuena contra las paredes del baño.—¡Eres una hija de perra! —grito, mi respiración bufa con violencia. Ella vuelve a encararme.—Y tú una campesina; una burra inútil. Tú y el teatro absurdo que has montado; me das asco —su escupida cae en mi cachete, ella se rie mientras me limpio—. Estamos a ma
Edmond.Escucho su historia, cada palabra comienza a taladrarme dentro. Un sentimiento extraño, como la primera vez que la vi. Detallo su perfil, los gestos sutiles maquillan el sentir de cada sílaba saliendo de su boca. Quedo perdido en sus ojos, en el brillo fiero que hay en ellos, percibo odio, dolor, desesperación. La conozco, tan bien, que la duda me cala dentro, estoy seguro, esta leyenda no es tan leyenda; tiene que ver con ella, ¿pero cómo? El fulgor en su mirada recae en Karine, se intensifica como si quisiera tragársela viva. Entonces abre la caja, mi curiosidad se sacia al ver lo que lleva dentro, saca una corona hecha de esas flores del demonio; la coloca en su cabeza; un latido osco sacude mi pecho a la vez que los invitados aplauden. El cabello corto, los jazmines sobre su cabeza... "Reina de flores blancas" —¡Simone! La llamo, pero ha salido prácticamente corriendo. Quiero ir detrás de ella, pedir explicaciones; imágenes raras me invaden, parecen ser recuerdos; mas, d
Edmond.—¡Ya suéltame, Jerome, carajos! Le exijo, pero hasta que no me hace entrar en el auto a empujones limpios no para. Cierra la puerta y entra al lado del conductor, nuestras respiraciones jadeantes se toman el lugar. Nos observamos por un momento, mi mente es un desastre estoy desorientado y todo lo que quisiera hacer ahora mismo es totalmente ilegal. Jerome refleja incógnita, espera que hable, pero apenas puedo juntar toda la información pasando a enormes velocidades por mi cabeza. El móvil vuelve a sonar, mi vista recae en él, es el detective.—¡¿Puedes atender el jodido teléfono aunque sea?! —asiento, inhalo profundo antes de contestar.—Esteban...—Señor Edmond, necesitamos vernos, no me dejó terminar de decirle lo que he encontrado.—Ya sé que Éline es la hija de Simone y mía que estuve casado con una asesina y una secuestradora todo este tiempo. La voy a meter a la cárcel.—No es solo eso, señor, hay más... y acusar a su esposa no le convendría en estos momentos. Aún no l
Edmond."El apellido Arnaud ha llevado por más de dos siglos el título de Rey de Perfume en Francia y el mundo. Somos una dinastía, los emperadores de los aromas, de las fragancias caras, los más respetados en esta galaxia, y si llegara a existir otra lo seríamos también, por nuestra sangre corre el éxito; el dinero y el poder. Nunca verás a un Arnaud deshonrando el apellido, el legado que nos ha costado pulir y mantener. Ser rey no es fácil, hay que hacer sacrificios, hay que aplastar a los de abajo. Confío que cuando te veas en una situación engorrosa sepas más allá de hacer lo correcto; lo que sea mejor para la familia, para los Arnaud."Una vergüenza profunda invade mi pecho, a la vez que las palabras dichas por mi abuelo se repiten constantemente en mi cabeza. He querido llorar, pero he aguantado cada lágrima, sería una desfachatez de mi parte, cuando todo esto ha pasado por mi maldita culpa, me niego a creer, pero las evidencias son más fuertes. Hemos dejado la casa de esa mujer
Edmond.Un escalofrío cargado de miedo recorre mi cuerpo. Mi garganta se seca; la preocupación evoluciona a incertidumbre. Mi vista se nubla, el teléfono cae al suelo. Escucho las voces como un eco lejano. La sangre pasea helada por mis adentros, percibo el frío en la yema de mis dedos. Me guían al auto, intentan que reaccione, pero por más fuerte que sean las sacudidas no pueden sacarme de este estado de shock donde el hermoso rostro de mi pequeña es protagonista. Entonces las siento caer; las lágrimas, una detrás de otra. Desconozco el tiempo transcurrido, o si aún estoy respirando; lo próximo que siento es un puñetazo atravesando mi barbilla.—¡Que te centres carajo! El grito de Jerome hace que parpadee, el pánico afianza, entonces lo noto, estamos frente a mi casa, hay autos de policía, y demasiadas personas para mi gusto, incluso reporteros.—Esto es un desastre, una maldita desgracia —paso las manos por mi rostro, y el dolor del golpe que acabo de recibir se agudiza.—Disculpa,
Simone. Mis puños repican contra la madera de la puerta con desespero. Tardan demasiado en abrir, miro a Richard a mis espaldas; su porte firme esta vez se ha resquebrajado, he balbuceado todo el camino la historia del secuestro de Éline. Me pidió que no actuara de forma impulsiva, más, no se detuvo cuando le dije que me trajera aquí.—Calma, señorita Simone; le aseguro que la niña está bien.—Necesito verla, solo eso —sus labios se funden en una mueca, delatando no creerme una palabra; yo tampoco lo hago. Abren la puerta, es la sirvienta, apenas la escucho saludar; paso por su lado, corro escaleras arriba sin mirar atrás. Entro al cuarto de Éline, a media luz se ilumina un panorama con rasgos lúgubres. Voy hacia su cama; está plácidamente dormida, no quiero asustarla, la llamo en un susurro, pero ella no se mueve. La toco, sacudo su hombro, primero de forma delicada, luego con un poco más de fuerza. Mi corazón tiembla con miedo; ella no reacciona. La siento en la cama, la estremezc
Simone.Intento gritar, mientras él me arrastra hasta la sala. Karine se pasea por el lugar con asco, detalla cada rincón. Toma un portaretrato de una de las mesitas, uno en el que estamos mi madre y yo, apenas era una bebé, luego lo deja caer, el cristal roto resuena contra el piso. Me remuevo, quiero safarme del agarre, nada bueno puede salir de esta situación; ellos dos juntos, ¿por qué? —Deja de sacudirte como un gusano o lo vas a empeorar —dice ella. —Si prometes no gritar y estar tranquila, te dejaré ir, Simone —el aliento de Kemish sobre mi oreja me asquea—. No tienes más opciones, piénsalo. —Eso o despertaré a Éline y le contaré que la secuestraste y querías matarla. Cualquier cosa cabe en esta situación. El chantaje de Karine hace que me quede quieta; él retira su agarre de mi cuerpo, corro hacia mi hija, me paro frente al sofá lista para enfrentarme al que quiera acercarse a hacerle daño. —¿Qué hacen aquí? ¿En verdad, mi padre...? —No —responde él—. Tu padre no fu
Simone.La saliva se escurre de mi boca cuando mi estómago vacía lo último que había en él. Estoy derrumbada en el suelo; por mi cuerpo pasean espasmos debido al miedo. Mi mente se ha quedado estancada en la inminente posibilidad de que la vida vuelva a practicar sus injusticias conmigo. ¿Qué debo hacer? ¿Acaso debo rendirme ante el terror y dejar que vuelvan a acabar conmigo? ¿Permitiré que me alejen de mi pequeña otra vez? ¡No! No puedo permitirlo. Mi vista recae en Éline que se remueve sobre el sofá; leves quejidos escapan de ella. Instintivamente intento moverme hacia su sitio.—¡No te le acerques! —exclama Karine interponiéndose en mi camino—. Eres más estúpida de lo que pensaba, entiende que ya perdiste; ella es mía, siempre lo fue; desde el primer momento que te cruzaste con Edmond, yo estaba allí, tuve que esperar a que la hicieran, luego a que la gestaras y parieras, ¿crees que la mereces más que yo? ¡Yo la crié! Yo le di lo mejor que tú nunca le hubieras dado. Mira este luga