La desesperación invadía a Marbella, Bryce quiso consolarla, intentó abrazarla, pero ella lo rechazó.
—Espera… —intentó entrar, pero él la detuvo.
—¡No le ruegues más! No sé porque actúa así, pero sé algo, ¡es el rey de los imbéciles!
Ella asintió.
—Me acusa de haber provocado el aborto de Vanessa, dice que un mesero dijo que le pedí que pusiera algo malo en su bebida, ¡yo no lo hice!
Bryce acunó su rostro.
—¡Claro que no! Yo te creo, te conozco, Marbella, esa es la diferencia entre Lugh y yo, él te conoce, pero no cree en ti, ¡él no te ama! ¿No lo puedes ver?
—¡No lo entiendes! Debo demostrar mi inocencia, entonces, él me creerá.
Marbella se alejó de él, fue a la habitación, la puerta estaba entreabierta, podría escuchar las voces adentro.
Al asomarse, Lugh estaba sentado a un lado de la camilla, frente a Vanessa, dándole la espalda a la puerta, no podía verla.
—Lo siento tanto, ¡Has sufrido mucho, Vanessa! Defendí a alguien malo, y te dañe a ti.
—Lugh, promete que tendremos a otro bebé, por favor, por la memoria de nuestro hijo muerto —dijo la mujer con voz entrecortada—. ¿Lo prometes?
Lugh miró sus ojos, se sentía culpable, asintió despacio.
—Sí, voy a recompensarte por la muerte de nuestro bebé.
La mujer acunó su rostro, besó sus labios, y él no se negó, fue un ligero roce, pero Marbella lo vio todo.
Cuando Vanesa abrió los ojos, se alejó, y Lugh miró atrás porque la mujer lo hacía, encontró a Marbella, sintió un peso en su corazón.
—¿Qué haces aquí? ¿Acaso debo enviarte a la cárcel para que me dejes en paz?
—¡Me traicionaste! —dijo con la voz débil—. Todo pude perdonarte, incluso está absurda acusación, pero la besaste cuando ya dijiste que eras mío, ahora puedo ver que nunca lo fuiste.
Marbella se quitó el anillo de bodas, lo lanzó contra el suelo, rebotó justo a sus pies.
—¡Lárgate! Debiste morir tú, y no un pequeño ser inocente —dijo Lugh con rabia
Los ojos de Marbella se ensancharon, segundos después se volvieron pequeños, oscurecidos como la noche.
—Ahora para ti ya estoy muerta, y te odio, más de lo que te amé, ahora te odio, esperaré a ver que la venda de tus ojos caiga, ten por seguro que estaré feliz cuando suceda, lista para burlarme de ti.
La mujer salió a toda prisa, sin mirar atrás.
Lugh se quedó estático, con un nudo en la garganta.
—¿Lugh? No me dejes por ella, otra vez, por favor, amor…
Lugh levantó el anillo, salió de la habitación, cuando buscó afuera del hospital no la encontró.
Marbella caminaba sin rumbo, Bryce la seguía, ella no parecía dispuesta a detenerse.
Se sentía perdida, los recuerdos de su infancia volvieron.
No tenía a nadie en el mundo que no fuera a los Ackerman, y a su prima Cordelia.
Era huérfana, sus padres, y casi toda su familia, a excepción de Cordelia habían muerto en un terremoto en su país, del cual ellas sobrevivieron.
Estaban solas en el mundo, hasta que la abuela Delia Ackerman se apiadó y las trajo a vivir con su familia, adoptándolas, las niñas se volvieron parte de los Ackerman.
Desde niña sintió ese amor por Lugh, el nieto mayor de los Ackerman, él la cuidaba y tenían un amor de niños, hasta que él fue enviado a estudiar al extranjero.
Al volver, hecho un hombre, ella siguió amándolo, pero él la despreció al ser obligado a casarse con ella por el deseo de su madre, que estaba muy enferma, luego de la muerte recién de la madre de Lugh, la relación mejoró, el amor entre los dos renació en esos tres meses, hasta ahora que todo parecía haberse marchitado.
—¡Todo lo que amo se destruye! —exclamó llorando.
Bryce bajó del auto, se acercó a ella.
—Marbella, odio que llores por quien no te valora.
—Ya no lloraré más por él, vamos por mis cosas, me iré, eso es lo que quiere, me iré de su vida para siempre.
Bryce la miró determinada, frunció el ceño.
—¿Y qué harás? ¿A dónde irás? ¿Con Los Ackerman?
—No, quizás también me odien, ya me cansé de ser la protegida de los Ackerman, me iré lejos, a comenzar de nuevo.
Ella subió al auto, Bryce condujo a casa.
Al llegar a casa, Marbella empacó todas sus pertenencias, quería irse, quería nunca volver, su corazón se sentía pesado. Bajó la escalera llevando sus pertenencias, cuando escuchó que abrieron la puerta de la mansión, era Lugh, sus ojos se encontraron, la miró severo. Llevaba un documento en las manos, cuando estuvieron frente a frente el hombre le dio los papeles. —Fírmalo, es nuestro divorcio, y no te daré ninguna compensación, te irás tal y como llegaste cuando eras huérfana; sin nada. Ella no podía creer lo que escuchaba, aquello parecía una cruel pesadilla de la que no despertaba, Marbella tomó el bolígrafo en la mesa, su mano temblaba, miró los papeles, firmó con debilidad, luego los lanzó al suelo por frustración. —Un día te arrepentirás, ya te lo he dicho. —Adiós, Marbella, ojalá que no te vuelva a ver en mi vida. Ella caminó, alejándose, sus piernas flaquearon, quiso retroceder, pero siguió su camino, hasta encontrarse con Bryce. —No quiere que te lleve a ningún lugar
—¡Es imposible! ¡Lugh no sería tan perverso para intentar matarme! —¡Escúchame, debes salir del maldito auto! Él quiere una vida por otra, ¡te matará, Marbella! Por favor, ¡sal de ahí! La llamada se cortó, Marbella intentó llamarlo de vuelta, su corazón latía con fuerza, tenía temor, ¿podría Lugh Ackerman, el hombre que tanto amaba desde niña, ser un hombre tan cruel, dispuesto a matarla? No lo creía, recordó cuando eran felices, ahora ese recuerdo estaba nublado en su mente. Escuchó al chofer maldecir y accionar el claxon, ella se distrajo dejó su móvil a un lado. Levantó la vista y vio un fuerte choque a unos metros de ellos, era una carambola de varios autos, que detenían el tráfico en el puente de Overwood, no había escapatoria, Marbella sintió náuseas súbitas, abrió la puerta, bajó del auto, el chofer la miró de reojo. Ella caminó hasta la orilla del puente a pocos pasos, vomitó, buscó un pañuelo en su bolsillo del vestido, limpió su boca, alzó la vista y miró a un pequeñ
—¿Qué ha dicho? —Lugh sintió un frío que lo congelaba desde la espina dorsal hasta sus pies—. No puede ser, ella… ¡estuvo ante mí, estaba… con vida! —Hubo una explosión, estamos determinando a que se debió, lo siento mucho, sería necesario que los familiares de Marbella Ronsard vinieran a la comisaria, tal vez haya que reconocer sus restos, si es que hay. «¿Cómo que si es que hay? ¡No puede ser! ¡No puede ser Marbella…!», pensó, el teléfono de Lugh cayó al suelo, él salió hasta el jardín. Vanessa dejó de fingir, caminó a toda prisa hasta la ventana y observó desde ahí a Lugh, su madre Pina se acercó a ella. —¿Crees que ya lo sepa? —exclamó la madre Vanessa sonrió. —Me apuesto a que ahora mismo ya se enteró, ojalá que haya sufrido mucho antes de morir. —¡Vanessa, no digas eso! Una cosa es que haya sido un accidente. Y… —Deja tus prejuicios, madre, estuviste de acuerdo en pagar todo nuestro dinero por esto, si no la hubiese mandado a matar, ¿Qué crees que hubiese pasado? Te lo d
Lugh entró en la casa, las mujeres retrocedieron, lo vieron entrar tan desesperado, el hombre no les hizo caso, fue hasta el despacho, entró y cerró la puerta de un fuerte azote. —Creo que esto te causará problemas, Vanessa, tal vez Marbella Ronsard está muerta, pero se ha convertido en un fantasma que te perseguirá. —¡Cállate, Pina! ¿Eres mi aliada o mi enemiga? —¡Hija! —exclamó su madre ante sus palabras —Aunque Marbella se convierta en un fantasma, ya he acabado con ella, nunca volverá, los fantasmas se pueden ir a la tumba. Vanessa subió la escalera, dispuesta a elegir su nueva habitación en la villa de Greenblue. Lugh estaba a oscuras en ese despacho, bebió varios tragos, luego llamó por teléfono. Su padre respondió. —¿Lugh? ¿Qué hora es esta para llamar? Dime, ¿Ha sucedido algo malo con Marbella? Te dije que la trajeras a la mansión, debemos hablar, no concibo que Marbella hubiese hecho algo tan cruel, ¡Es un error! Solo si ella lo dice, creeré en su culpabilidad —senten
Dylan Blyth miró a la mujer con estupor, luego asintió. —Te salvaré. El hombre le pidió que lo siguiera, caminaron, pero notó que ella estaba muy asustada. Al llegar al área de maternal, el señor Blyth exigió que su hijo fuera entregado a él. Los ojos de las enfermeras le miraron asustados. —Necesita una alta médica, señor, debe esperar al pediatra. —¡No necesito nada! Soy el padre del niño, puedo llevármelo si quiero, para eso tengo derechos. Las enfermeras se asustaron ante su tono de voz tan autoritario, incluso Marbella se sintió pequeña ante su voz. Las enfermeras vistieron al pequeño, y se lo entregaron en brazos. El hombre tomó la mano de Marbella. —¡No nos pueden ver! Los ojos de Marbella se abrieron enormes al ver a Lugh Ackerman muy cerca de ellos. Sintió que le daba terror, su corazón estaba roto, las lágrimas corrieron. Subieron al elevador, no había otra forma de escapar de ese lugar, pero Marbella se puso frente al hombre, dando la espalda, para que Lugh no la
Lugh y su padre volvieron a casa, junto a Bryce, pero se detuvieron un momento en el jardín, estaban desolados sin haber encontrado a Marbella, eso estaba matando a Lugh, pero también a Bryce, quien temía que ella hubiese muerto en esa m*****a explosión. La abuela Delia, y el abuelo Blard estaban en esa casa, esperaban a su nieto, aún no sabían lo que pasó con exactitud, intuían que el matrimonio de sus queridos nietos peligraba y se veían desesperados. La tía Amelie también estaba ahí junto a su esposo Orson. Cuando Vanessa bajó la escalera, aún tenía su rostro pálido como la nieve, un gesto enfermizo y débil. Los ojos de la abuela Delia se abrieron gigantes al ver a esa mujer, apretó los puños, golpeó su bastón contra el suelo. —¡Por todos los demonios del inframundo! ¿Qué haces aquí, m*****a mujer? —espetó con furia Los ojos de Vanesa estaban asustados al escuchar a la abuela. —¡Abuela Delia, yo no he tenido nada que ver! Delia no esperó un instante, dio una fuerte bofetada
Dos meses después. Nottingham, Londres. Marbella abrió los ojos, hacía frío, le molestaba el poco sol que había en esa ciudad, extrañaba su país, era verdad. Se levantó, tocó su pequeño vientre que amenazaba con pronto hacerse notar, tuvo algo de miedo, ¿Qué dirían el resto de los empleados? De por sí, muchos de ellos ya le tenían mala saña, sobre todo la señorita Kate, la ama de llaves de la mansión Blyth, era tan celosa de ella, que no había día en que no pelearan. Marbella tuvo que ir a vivir a Inglaterra con el señor Blyth y su hijo, no tenía dinero, ni nada más en Estados Unidos, era eso o quedarse sola ahí, sin ayuda, ahora todo lo que le interesaba era dar vida a su hijo. Se dio un baño caliente, se peinó y vistió. Miró su rostro, pensó en él, encendió su nuevo móvil y lo único que vio fue eso, sus ojos se abrieron enormes. «Se ha declarado a la señora Marbella Ronsard como desaparecida, pero no se le seguirá buscando, la familia Ackerman ha entendido que la mujer simpleme
—¿Qué pasó? —¿Cómo dices, amor? ¿No lo recuerdas? Hicimos el amor, como antes, como cuando me querías. Lugh enderezó su postura, tenía el pecho desnudo, no llevaba pantalones, pero su ropa interior estaba cubriéndolo. Tocó su cabeza, dolía, no tenía más recuerdos, solo llegar y caer en la cama, incluso recordó haber dicho el nombre de Marbella, tuvo nostalgia al recordarla. —No me acuerdo de nada. Vanessa se echó a llorar. —¡Estuvimos juntos! ¿Es que no me amas, Lugh? ¿Nunca volverás a amarme? Lugh la miró. —No te amo, Vanessa, entiéndelo, lo nuestro murió hace tiempo, esto fue un error. —¡Entonces! ¿Seguirás amando a la asesina de nuestro bebé? —exclamó Lugh hundió la mirada, Vanessa tomó su ropa, se metió en el cuarto de baño. Lugh se vistió a toda prisa, recibió una llamada, creyó que era de la empresa, pero no, en realidad era una llamada de la policía. —Señor Ackerman, ¿puede asistir a las oficinas de policía? Debemos hablar sobre nueva información de su exesposa. Lugh