Mia estaba de rodillas en el piso del baño, se había desmoronado cual castillo de naipes frente a un huracán, y no solo porque el vestido de novia la aprisionara cual serpiente atrapando una presa, no, no era eso, era algo aún peor, algo que en solo unas horas en las que dejo su mente libre y predispuesta a soñar, la habían consumido como la marea carcome un castillo de arena a la orilla del mar, la verdad de sus sentimientos, escaparon de sus labios, como si el alma saliera de ella con esa confesión, como si su energía vital la abandonase, porque malditamente sabía que no era correspondida, nunca lo seria, y la verdad de ello, la estaba matando, aunque ella creyera que había muerto años atrás, a tal punto que solo la palma de su mano, apoyada en la puerta de madera, era su único sostén, para no caer de cara al piso lustrado, demasiado hermoso, como para estropearlo con su atroz figura, se dijo la joven.Mientras Takashi estaba peor que un tigre enjaulado su instinto de lucha y poder,
Takashi sostenía a Mia con firmeza, sus manos grandes y cálidas sobre sus brazos, haciendo que Mia se sintiera amada y protegida, y no era solo las palabras del mayor, era ver el fervor y la devoción en su mirada, como si ella realmente fuese algo único y precioso.— Te amo, Mia — repitió, Takashi con su voz temblando de emoción. — Te he amado desde hace mucho tiempo, pero no sabía cómo decírtelo. — la sorpresa era más que clara en el rostro blanquecino de Mia, se veía tan tierna y Takashi se derretía un poco más frente a ella y cada uno de sus gestos. — Se que me comporté como un idiota, buscando en otras mujeres lo que sabía que solo tú podías darme. — Su voz se quebró y bajó la vista, avergonzado, incapaz de ver el fuego en la mirada de su... esposa, Mia era su esposa y eso no era lo mejor, lo que más le encantaba a Takashi, es que lo amaba y ahora por fin podía comprender esas miradas cargadas de asco y pena que le daba su empleada, cada vez que debía sacar a las mujeres de su hab
La luz de la luna se filtraba a través de las cortinas, bañando la habitación con un resplandor plateado y suave, como si la noche tejiera un manto de intimidad y serenidad para los recién casados, la brisa nocturna era la encargada de susurrar dulces canciones, acentuando el romanticismo del momento y Takashi estaba seguro de que eso era una señal de los espíritus del bosque, porque nunca había visto un anoche tan armoniosa, como tampoco había sentido lo que Mia le hacía sentir.Los rostros de Mia y Takashi se veían apenas iluminados, sus contornos apenas visibles en la penumbra, al menos para Mia, porque para Takashi otra era la situación, la pureza del sonrojo en las mejillas de Mia no escapó a sus ojos siempre atentos, convenciéndose aún más que su esposa, era pura y por ello debía ser cuidadoso, y no dejar salir en ese primer encuentro el tigre que rugía y pedía por ella.Mientras Mia creía que cada rayo de luna parecía ser cómplice de los sentimientos que florecían entre ellos a
Takashi despertó un poco más tarde de lo habitual, y apenas abrió los ojos, una ola de felicidad y euforia lo envolvió, recordando la maravillosa noche que había pasado con Mia, su Mia, pensó dándole las gracias a todos los espíritus.Nunca en su vida se había sentido tan pleno y lleno de esperanzas y casi con miedo de que nada sea real, por lo que giró su cabeza para ver a su esposa, y respiro con tranquilidad por solo observarla, dormida a su lado, mientras su corazón se llenó de ternura, Mia siempre le pareció más que tierna cuando dormía, Takashi era capaz de pasar horas solo viéndola, aunque ella no lo supiera, ahora al fin, despertaban en la misma cama, y observó con devoción su rostro tranquilo, la forma en que sus pestañas descansaban sobre sus mejillas y cómo su respiración era pausada y suave, perfecta se dijo el mayor.Sin hacer ruido, se deslizó fuera de la cama y cubrió con suavidad a Mia con las sábanas de seda, asegurándose de que estuviera cómoda y, se dio una ducha rá
Alguna vez Mia se sintió sucia, despreciada, usada y descartada, pero jamás se había sentido como ahora, para ella, el que Takashi reparara en que no era virgen, era lo mismo que la estuviera repudiando, menospreciando, haciéndole saber que tan poca cosa era y en su cabeza la voz de Mirko resonó, “No eres nada, mas que basura ya usada” “Nadie te querrá, será mejor que aceptes lo que la vida te ofrece, se buena niña y solo gime como la puta que eres, aunque solo eres menos que una perra”, ¿era así? ¿ella era menos que nada?— Yo… — las manitas se apresuraron a asistir a su señora, al ver como su rostro se cubría de lágrimas, mientras alguien, que Mia reconoció como Huang gritaba preguntando que clase de monstruo había criado, y que decir de las hermanas de Takashi, una incluso tenia un cuchillo en sus manos, y era sujetada por su esposo. — Yo… — no sabía que decir, no frente a tantas personas, si durante tantos años su pena y dolor fue solo suyo, ¿Por qué debía dejar al descubierto sus
Takashi se enfrentó a Naoki, mientras a su alrededor, la familia se dividía, entre los que deseaban que Naoki arrancara la cabeza de Takashi y los que querían que Takashi tuviera una posibilidad de explicar todo, pero para a Naoki ya nada le importaba, porque su corazón se había cubierto con una mezcla de dolor y furia, al sospechar que esa pequeña mujer había sido engañada con trucos por Takashi.Los ojos de Naoki llameaban al ver a su hermano, midiendo cada paso, ya que ambos eran maestros en las artes de su clan, desde pequeños siempre fueron los que más sobresalieron en diversas formas de combate y cuando su familia menos lo pensó, el ataque comenzó, sin ningún tipo de preámbulo o dialogo.Takashi lanzó un golpe directo con el puño, cerrado hacia el rostro de Naoki, pero ella lo esquivó con gracia, girando sobre su pie derecho y bloqueando el brazo de Takashi con su antebrazo. Sin perder tiempo, Naoki contraatacó con un barrido de pierna, tratando de desequilibrar a su hermano, pe
Mia se escabulló de la casa grande de los Zhao con el corazón latiendo desesperadamente, las palabras de Takashi resonaban en su mente, cada sílaba era un golpe al frágil cristal de su esperanza y una daga enterrada en su maltrecha alma, al suponer que Takashi la despreciaba por no ser virgen, y esa idea la atormentaba hasta el punto de no soportar quedarse ni un segundo más en esa casa.Su plan era claro, regresar a la villa donde había supuesto que viviría feliz con Takashi, recogería su maleta y documentación, y buscar la manera de abandonar las tierras del tigre blanco, porque prefería enfrentarse a un futuro incierto antes que soportar el desprecio de Takashi y el escrutinio de la familia Zhao.Corrió con desespero, reflejando su desolación, queriendo escapar de un pasado que ya estaba escrito, vivido y sufrido, la desesperación era tal que nublaba su juicio y, debido al desconocimiento del entorno, rápidamente se desvió de su camino, sin darse cuenta, se adentró en el denso y mi
Takashi depositó a Mia con cuidado en la cama, su pecho subiendo y bajando con rapidez, y la desesperación reflejada en cada fibra de su ser, no podía hacer nada en esas circunstancias, lo sabia, estaba preso del terror y pánico y eso lo convertía en un estorbo, entonces decidió dar un paso atrás, para que las manitas cumplieran con su deber, de cuidar a su señora, al menos hasta que los médicos llegaran.Las manitas, comenzaron la tarea de desvestir a Mia, sin demora, tratando de identificar de donde provenía tanta sangre y así poder detenerla, sus manos se movían sobre la joven con una eficiencia silenciosa y un cuidado extremo, bajo la atenta mirada de Takashi, retirando con delicadeza la ropa manchada de sangre y a cada prenda que quitaban, las marcas del pasado de Mia se volvían visibles bajo la luz tenue de la habitación. Cicatrices antiguas, testigos mudos de sufrimientos que Takashi desconocía, aparecieron ante sus ojos, arrancándole un suspiro de dolor y asombro. Aun así, las