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Capítulo 2— Mantener distancia

Capítulo 2— Mantener distancia

Narrador

Al llegar a casa tras abandonar la nefasta fiesta de aniversario, Eira cerró la puerta tras de sí y apoyó la cabeza en la fría madera.

El simple hecho de ver a Killian arrodillado frente a Sofía pidiéndole matrimonio le dolió, le quemó hasta el punto de sentir que su corazón sangraba. Tener a Alde de esa manera era lo que ella más anhelaba en la vida, y ahora, después de esto, de comprometerse oficialmente sería imposible.

Soltando un ligero sollozo, Eira se lo tragó casi de inmediato al ver que él no se lo merecía, y empezando a despojarse de los zapatos, los tomó entre sus manos antes de caminar al armario para deshacerse del vestido que empezaba a molestar.

Arrojándose sobre la cama una vez se metió en su vestido para dormir, Eira se mantuvo en silencio observando el techo mientras pensaba ¿Qué podría hacer de ahora en adelante? Lo mejor para los dos era mantener la distancia, destruir cualquier lazo que la atara a él, lo cual era casi imposible al trabajar juntos.

Cerrando sus ojos por un instante en el que planeaba relajarse, el cansancio y el dolor de la noche hicieron casi imposible abrirlos de nuevo, y cayendo en un sueño profundo, Eira intentó descansar hasta que un par de horas después llegó el ama de llaves, tocando la puerta con insistencia.

—¡Toc! ¡Toc!

Removiéndose un poco sobre la cama, cuando el incesante sonido de la madera siendo golpeada se coló en sus sueños, Eira supo que algo sucedía, y abriendo sus ojos con pesadez, tomó asiento en un intento por despertar.

—¡Señorita Drayton! ¡Señorita Drayton!

Colocándose de pie al ver que no se detendría, Eira se calzó las pantuflas, y caminando a la puerta la abrió, encontrando a la ama de llaves algo agitada del otro lado en su ropa de dormir.

—¿Qué sucede? ¿Por qué vienes a llamarme a estas horas?

Bajando su mirada avergonzada, sabiendo que este incidente le traería problemas al día siguiente, la mujer ante ella apretó sus labios, y armándose de valor alcanzó a decir.

—El señor Alde la busca... Dice que no se moverá de aquí hasta que usted no lo reciba.

Frunciendo el entrecejo de su frente aun medio dormida, Eira cerró la bata de dormir en un intento de ocultar la desnudez de su cuerpo que se notaba con claridad por la traslúcida tela de su vestido, y parpadeando un par de veces en un intento de adaptarse a la luz, solo respondió.

—Ve a descansar, yo me encargo de él.

Saliendo de la habitación con su corazón agitado por la extraña visita, Eira cerró la puerta tras de sí, y bajando por las amplias escaleras de mármol, al llegar a la enorme estancia, no encontró a nadie.

Todo lo contrario, la soledad del lugar fue quien le dio la bienvenida. Observando hacia los lados en busca de Killian, la luz del estudio de su padre captó su atención, y llegando a la puerta de este con sumo cuidado, al abrirla ligeramente, lo observó frente al escritorio con un portarretrato en sus manos.

—¡Este imbécil!

Soltando por lo bajo, Eira ingresó al lugar que desde hacía mucho no visitaba. El solo hecho de poner un pie allí adentro revivía el dolor de no tener a su padre, que de estar con vida seguramente ella y Killian jamás se hubieran involucrado sentimentalmente.

— Estoy aquí, Killian. ¿Puedo saber qué es tan importante que no puede esperar hasta mañana para hablarlo?

Notando cómo cada músculo de su cuerpo se tensaba al ser atrapado husmeando entre las cosas del difunto señor Drayton, Killian permaneció de la misma forma, de espaldas a la puerta contemplando el retrato en sus manos, y abriendo su boca un instante después, murmuró.

— Algunas personas decían que lucías espantosa con gafas... Pero para mí, lucías adorable.

Dando un par de pasos hasta Killian, el olor a alcohol y cigarrillos golpeó a Eira tan fuerte como para hacerle saber que se encontraba ebrio, y colocándose de pie a su lado insistió.

— ¿Qué es lo que quieres, Killian? ¿Qué haces aquí a estas horas, y en ese estado?

Dejando el portarretrato con sumo cuidado sobre el imponente escritorio, Killian desvió la mirada a Eira, quien se encontraba a escasos metros, y tragando el nudo que se formó en su garganta, preguntó, sabiendo que posiblemente su respuesta dolería.

— ¿Acaso pretendes retomar lo que dejaste años atrás con Iker, ahora que serás libre?

Apretando sus labios al ver el rostro de Killian tenso en espera de una respuesta, Eira supo que este no se encontraba en su mejor momento, y bajando su mirada, alcanzó a responder con voz temblorosa, sabiendo que lo mejor para los dos sería poner distancia entre ellos.

— Ese ya no es su problema, señor Alde. Usted ahora es un hombre comprometido, y lo que haga o no con mi vida de ahora en adelante no es asunto suyo.

Asintiendo con dificultad, sintiendo como un cuchillo se clavaba en su pecho, Killian desvió la mirada a un lado observando el imponente lugar en donde Drayton cerró importantes tratos, y regresándola a ella enseguida, respondió tratando de parecer imperturbable cuando en realidad algo dentro de él ardía en llamas.

— ¿Señor Alde? ¿Ahora me llamarás de esa manera? ¿Ya no es mi problema, Eira? ¿Desde cuándo? ¿Desde cuándo dejaste de ser mi asunto? ¿Se te olvida que Drayton nos dejó a mi padre y a mí al pendiente de ustedes dos? Todo Eira, todo lo que tenga que ver con Rosalía, o contigo, es de mi maldita incumbencia.

Viendo en sus ojos los destellos de la ira que lo azotaban, Eira bajó su mirada sabiendo que le había molestado su respuesta, y pasando por su lado rodeó el escritorio hasta quedar frente a él.

— Lamentablemente eso tendrá que dejar de ser así... Por el bien de su futuro matrimonio con la señorita Vael. No creo que ella esté de acuerdo en que usted esté pendiente de cada cosa que haga como si fuera mi niñera, por lo que tendré que pedirle amablemente que de ahora en adelante nuestro trato sea solo laboral.

Perdiendo los estribos por los intentos de Eira de sacarlo de su vida, Killian también rodeó el escritorio del estudio, y recostándola en la pared a sus espaldas, la inmovilizó.

— ¡No me jodas, Eira! ¿Solo lo laboral? ¿Acaso se te olvida que eres mía? Que desde aquella noche, tu primera vez en la cabaña accediste a ser mi propiedad... Ahora no pretendas alejarme de ti porque no lo permitiré.

Soltando en un siseo peligroso sobre sus labios, Eira tragó grueso al sentir su aliento quemar su piel. ¿Cómo podría ser alguien tan terco? negarse a dejarla ir cuando se acababa de comprometer con la mujer que amaba ¿Por qué carajos lo hacía? ¿Por orgullo, o por simple capricho?

Manteniendo su mentón elevado a pesar de que sus piernas temblaban por la cercanía, Eira no permitió que sus palabras la afectaran, aunque en el fondo su corazón se regocijó un poco al ver que por primera vez en años parecía ser importante para Alde, o al menos eso quería pensar.

— Le recuerdo que no soy un objeto que tiene dueño, señor Alde... Ahora si me disculpa debo regresar a mi cama, estoy muy cansada y deseo dormir, con permiso.

Manteniéndole la mirada, Eira soltó con un valor que no supo de dónde sacó, y tratando de zafarse de su agarre, se removió en su lugar pero no tuvo éxito alguno, todo lo opuesto, Killian aprovechó la oportunidad para unir sus labios en un beso tosco, demandante e intenso mientras que la apretaba con su cuerpo a la fría pared a sus espaldas negándose a dejarla ir.

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