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La amante rechazada del CEO
La amante rechazada del CEO
Por: Pamela A
Capítulo 1— Una más del montón

Capítulo 1— Una más del montón

Narrador

Con sus ojos cristalizados y su boca ligeramente abierta, Eira no podía creer lo que veía sus ojos en ese instante.

—Cásate conmigo.

Desviando la vista a la mujer ante ella, la misma que observaba a Killian con sus ojos repletos de amor, la realidad golpeó a Eira. Por más que ella hubiese deseado que este momento no llegara, lo hizo y de peor forma, cuando ella menos lo esperaba, frente a un montón de personas como testigos.

Bajando su mirada al suelo, mientras que por su mejilla rodaba una lágrima, Eira escuchó como Sofía accedió a unir su vida a la de Killian para siempre, y escuchando los gritos a su alrededor que celebraban tal unión, supo que lo perdió para siempre.

—Eira, ¿estás bien? Hija te juro que no sabía que esto pasaría.

Sintiendo la ligera opresión de la mano de su madre que reposaba sobre su hombro, regresó a la realidad. Ella mejor que nadie sabía que Killian y Sofía en algún momento tendrían que casarse, su unión estaba pactada, por lo que era imposible seguir postergando lo inevitable.

¿Quién se habría creído ella como para convencerlo de hacer lo opuesto? Ella, que solamente era su amante, una mujer que él no amaba, que solo usaba para satisfacer sus deseos más bajos y carnales.

Sonriendo forzadamente con un deje de tristeza mientras secaba las lágrimas que rodaron por sus mejillas, Eira no emitió palabra alguna, y viendo como las personas a su alrededor se acercaban a la feliz pareja para felicitarlos, aprovechó el momento para ir por algo de aire. Se suponía que ese evento era para celebrar el quincuagésimo aniversario de la compañía, no para que Killian hiciera su compromiso oficial ante todo el mundo.

Llegando al balcón que se encontraba a escasos metros de ella, Eira recargó sus manos sobre las barandas que la mantenían a salvo de lanzarse del tercer piso del edificio, y liberando el aire retenido, sollozó. De dolor, de tristeza, de decepción. ¿Cómo pudo creer en sus palabras, en sus promesas vacías las cuales decía solo para llevarla a la cama?

Derrumbándose, rompiendo en llanto, Eira sintió como una parte de su corazón se hacía añicos, mientras el aire escapaba de sus pulmones, y escuchando como un par de pasos se acercaban a ella, tan rápido como pudo recuperó la compostura, secando las lágrimas.

—Eira...

Escuchando su nombre a sus espaldas en la voz que la desarmaba, hasta el punto de hacerla perder la razón sobre lo que era moralmente correcto o no. Eira supo que se trataba de él, Killian Alde, el mismo hombre que amaba con locura, el mismo que acababa de comprometerse ante sus ojos con Sofía, una poderosa heredera.

—Sabíamos que este momento llegaría, no sé por qué te pones de esa manera, Eira.

Sin saber cómo culminar la frase, Killian tensó su mandíbula. Lo que había hecho no tenía perdón, había jugado con sus sentimientos, hasta el punto de ocultarle que se comprometería con su novia esa misma noche, a pesar de haber hablado con ella minutos atrás antes de que empezara el evento.

— Y lo sé, es solo que me tomó por sorpresa. Al menos me lo hubieras contado, creo que merecía saberlo de tu boca antes de que sucediera.

Murmurando sin siquiera voltear a verlo, Eira soltó con el poco aire que le quedaba, con las pocas fuerzas que tenía. Para ella, su prohibido y oculto romance había llegado a su fin en ese preciso instante. Por su parte, Killian solo sonrió de lado con esos aires de superioridad que lo caracterizaban, antes de colocarse a su lado y responder.

— ¿Y desde cuándo tengo que pedirte permiso para comprometerme con la mujer que amo? Soy un hombre libre, Eira, lo sabes, y haré lo que mejor me parezca.

Asintiendo sabiendo que había cometido un error al cruzar la delgada línea entre los dos, esa que mantenía claro que ella solo era una más del montón, Eira sonrió con amargura antes de decir caminando a la entrada en un intento de alejarse de él.

—Cierto. A ella sí la amas. Disculpa, Killian, si mi pregunta te incomodó. Ahora debo irme, mi madre me espera.

Empezando a caminar al interior del salón, Eira pretendía alejarse de él, de ese amor opresivo que la lastimaba hasta casi matarla de dolor, cuando de pronto, cuando menos lo esperaba, una mano se aferró a su muñeca impidiéndole dejarlo atrás.

— ¿Por qué haces todo tan complicado? ¿Por qué no solo seguimos como lo hemos hecho hasta ahora? ¿Por qué simplemente no sigues a mi lado?

La mirada de Eira que se encontraba fija en la mano que la sujetaba, pasó al rostro de Killian en cuestión de segundos, el cual se notaba tenso, y negando ante la propuesta que acababa de hacer, solo sonrió sin una pizca de gracia.

— ¿Has enloquecido? ¿Me propones seguir siendo tu amante de manera descarada y soy yo la que complica todo? Killian, cada día que pasa me sorprendes más, y no de la mejor manera.

Tirando de su mano, Eira se liberó de su agarre y retomó su marcha al salón repleto de personas, donde se seguía celebrando la enorme fiesta, para buscar a su madre quien se encontraba reunida con los demás socios de la compañía.

— Madre, temo que tendré que irme, no me siento nada bien y lo menos que deseo es arruinar tu velada.

Sonriendo de manera forzada, sabiendo perfectamente que esa no era la verdadera razón de su malestar, Rosalía accedió a que regresara a casa solo para no hacer más dolorosa esa noche, y caminando hasta el auto que la llevó hasta allí, antes de abordarlo, Eira escuchó cómo la llamaban a sus espaldas.

— ¡Eira! ¡Eira!

Al girarse para ver de quién se trataba, se encontró con Iker Vael, su ex novio, quien sonreía ampliamente, y observándolo desconcertada, Eira solo agitó la cabeza al no esperarlo allí esa noche.

— Iker, qué gusto volver a verte.

Acercándose a él para abrazarlo, Drayton sonrió con incredulidad y respondiendo con la misma intensidad. Una vez separados, él contestó.

— Lo mismo tengo que decir. Me llena de mucha alegría verte de nuevo. ¿Cuántos años han pasado desde la ultima vez que nos vimos? ¿5, 6 años?

Sosteniendo sus manos, ella negó, y sin poder dejar de sonreír, siguió hablando verdaderamente feliz de volver a verlo. Aunque su relación terminó en ese entonces, el cariño seguía intacto. Iker amaba con locura a Eira, mientras que ella solo lo veía como un amigo. Desde siempre, su corazón le había pertenecido a Killian, quien, por desgracia, no valoraba esto.

— Solo han sido 4 años. ¿Sabías que eres un exagerado? Pero dime, ¿Qué tal las rusas? Son tan hermosas en persona como decías.

Negando, notando que Eira no olvidaba nada de lo que le decía, Iker aferró su mano a la cintura de su ex novia, y reduciendo la distancia entre los dos, murmuró antes de depositar un casto beso en su mejilla.

— No tanto como pensaba, me gusta más lo que tengo frente a mí ahora.

Con una ligera mueca de burla en su rostro, Eira sabía que esto solo lo hacía para molestar. Y al escuchar cómo alguien aclaraba su garganta a escasos metros de ellos, tanto Iker como ella se volvieron hacia la fuente.

— Iker... Regresaste. Pensé que te quedarías en Rusia, me parecía fascinante la idea de tenerte a millones de kilómetros.

Acercándose a ellos, Killian Alde parecía tenso por la presencia de Iker, y sonriendo, apartándose de Eira, él respondió con aires despreocupados.

— Lamento decepcionarte cuñado, pero regresé para quedarme. Tengo un par de asuntos aquí que necesitan de mi atención, y no puedo hacerlos esperar.

Mencionando esto último observando a Eira, ésta tragó grueso al sentir la tensión en el aire. Killian era el hombre que amaba, con el cual tenía un romance oculto, y Iker, él, era su ex novio a quien dejó por estar con Alde, quien jamás tomó en serio su relación.

— Por cierto, Killian... ¡Felicidades! Les deseo a mi hermana y a ti una vida larga y un matrimonio feliz.

Tensando su mandíbula, Killian no dijo nada más, solo observó cómo Iker ayudaba a Eira a abordar el auto a su lado, y agitando su mano, se mantuvo en silencio mientras ella se marchaba.

— ¿Para qué mierdas has regresado, Iker? ¿Qué pretendes al perseguir a Eira ahora que mi compromiso con tu hermana es oficial?

Preguntando apenas estuvieron a solas, Iker, quien hasta ahora observaba el auto alejarse, se giró para verlo, y sonriendo de lado, respondió con tal sinceridad que Killian supo que no estaba vacilando en sus palabras.

— ¿No es evidente? Vengo a reconquistar a Eira.

Perdiendo los estribos por su maldito descaro, Killian tomó del cuello de su traje a Iker, y acercándolo a su rostro, soltó en un siseo peligroso, en una advertencia que le dejó claro que un movimiento en falso y lo acabaría.

— ¡No te atrevas a meterte con ella! Eira Drayton, es una mujer prohibida para ti.

Sonriendo de lado sin intimidarse por las palabras de Killian, Iker tiró de su saco para zafarse de él, y comenzando a arreglarse, respondió sin un ápice de miedo.

— ¿Quién me lo impedirá? ¿Tú, Killian? ¡Pffs! Eira es una mujer libre, y tú... te casarás con mi hermana, los dos sabemos las razones. Por lo que nadie se interpondrá en mi camino.

Tensando su mandíbula, sabiendo que era cierto, Killian se sintió tentado en golpearlo hasta hacerlo sangrar. Pero sabiendo que no era el lugar apropiado, se contuvo y solo respondió.

— Sabes que no lo permitiré.

Soltando un bufido, Iker empezó a caminar hacia el interior del salón en donde seguía la fiesta, y deteniendo su andar antes de alejarse demasiado, dijo claramente.

— Me gustaría verlo, Killiam. Hace 4 años la dejé porque ella no podía corresponderme por tu culpa, pero ahora estoy seguro de que podrá y me esforzaré hasta lograrlo.

Y sin más, se alejó, dejando a Killian Alde muerto de rabia al saber que la mujer que realmente amaba posiblemente terminaría en los brazos de su enemigo.

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