Capítulo254
Al salir, Isabella llevó a Raulito en el carruaje hacia la casa de los Conrado.

Ya era casi el anochecer, y los hombres de la familia Conrado seguramente ya habrían regresado de sus labores.

Dentro del carruaje, Raulito escribió en la palma de la mano de Isabella:

—¿Vamos a la casa de mis abuelos maternos?

Isabella asintió y dijo:

—Sí, vamos a la casa de tus abuelos. ¿No los extrañas?

Raulito asintió y escribió una sola palabra:

—¡Sí!

Sin embargo, su expresión mostraba preocupación.

Los niños son sensibles. Raulito había oído que los Conrado no creían que estuviera vivo y sentía que tal vez no querían verlo.

Isabella, al notar su inquietud le dijo a manera de consuelo:

—Raulito, no te preocupes. Tu abuelo, abuela y tíos te extrañan mucho. Solo que no creen que sigas vivo. Pero cuando te vean, estarán muy felices.

Raulito, recostado junto a su tía, levantó ligeramente su delgada barbilla y abrió la boca, intentando emitir algún sonido, pero no lo logró, lo que lo dejó algo desanimado.

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