Selene tenía un año viviendo en Alemania con su esposo. Los chicos no podía entrar a ese país por órdenes de la emperatriz, pero ellos sí podían vivir cómodamente porque no pertenecían al Sacerdocio. Selene vivía en unos de los apartamentos más altos de Berlín. Era una de las mejores zonas y la buena movida para los ricos.
Selene y Gabriel no se llevaban mal. Él estaba enamorado de ella y aunque el castaño sabía que no era para nada mutuo, eso no le impidió amarla mucho más. La chica terminó su relación con el piloto unos días antes del matrimonio arreglado y no supo más de él. Su carrera como chef estaba estancada y sus ganas de seguir corriendo también. La vida le había cambiado por completo a la griega. Ella no se imaginaba vivir así hasta que Gabriel deseará terminarlo todo. ¿Algo que le causaba dolor a Selene? Es que no importaba lo que ella hiciera, para Gabriel, todo estaría bien. —¿En serio quieres ir a ese crucero? Aquí lo tienes todo y hay más diversión —comentó su esposo, entrando a la habitación. —Tengo un año sin compartir con alguien, Gabriel. Me la paso siendo ama de casa y atendiendo las solicitudes tuyas como si fuera una secretaria. Quiero estar con mis amigos —dijo, abriendo la maleta—. Tengo una cantidad de ropa innecesaria y ni siquiera le doy uso —murmuró, y empezó a guardar los trajes de baños y conjuntos playeros. Gabriel se sintió culpable, pero es que así era la vida de las mujeres de su clan. Eran esposas trofeo que se veían cada mes, pero Selene era mucho ambiente para ellas. La inscribió en tenis y le daba dinero mensual. Uno que tampoco usaba porque todo se lo pagaba él. Selene a veces le cocinaba, hacia una comida increíble, pero él tampoco quería que ella viviera metida en la cocina y contrató un personal para que lo hiciera. Gabriel la tenía como una reina, pero al parecer, para ella no era suficiente. Él ya no sabía que más darle para que lo mirara con amor. El sexo era una agonía para los dos. Lo habían hecho tres veces como mucho en un año, pero es que después de hacerlo, Selene terminaba llorando o adolorida. Gabriel era muy tosco a la hora del sexo y aunque sabía que ella no lo disfrutaba, lo intentaban cada tres meses. —Compartes con la gente de mi clan, Selene. Eres muy buena y te adoran. Las chicas... —Son huecas, Gabriel. No tengo temas de conversación con ninguna. Cada vez que me veo con ellas me aburro y aquí no hago nada. Trabajo en un albergue porque es a lo único que me dejas ir —lo miró—. ¿En dónde está tu maleta? Quiero que vayamos con la ropa combinada —le guiñó un ojo. Y por esas pequeñas cosas, él se enamoró de ella. Lamentablemente, el corazón de Selene estaba en Grecia. Empezaron a combinar la vestimenta y la chica se dió cuenta de que solo tenían dos prendas iguales. —¿Todas tus camisas son rojas? Ay, Gabriel —negó con la cabeza—. Debes intentar cambiar el color. —Hace unos dos o tres meses recibí una solicitud de trabajo para ti —ella asintió, pero siguió metiendo la ropa en ambas maletas—. Pedían una chef internacional... te pedían a ti para ser chef personal en una casa con mucha gente. —¿En serio? —frunció el ceño, pero no lo miró. —Es para la mafia griega —el corazón le dió un latido con fuerza al escucharlo hablar, pero no lo demostró—. Quieren que seas la chef personal de Nikolas y cocines para algunos orfanatos en donde él suele ir algunas veces. —Vaya. ¿Y cuánto dinero me ofrecieron? —quiso minimizar los nervios que tenía, miró a su esposo mientras guardaba un par de calcetines. —Debías ir a la entrevista para hacerte la oferta laboral. La solicitud de trabajo caduca el mes que viene. La semana pasada te vi tan feliz en Rusia compartiendo con tus amigos y siendo tan tú, que tomé el trabajo para ti. Dos de mis hombres te acompañarán a Grecia y se quedarán contigo mientras estés allá. No confío en la pareja de Nikolas. —No sabía que tenía pareja —dijo con sinceridad, era la primera vez que Gabriel le notaba interés en el hombre—. Las chicas no han hablado de una nueva integrante al círculo. —Pues se presenta como la novia... aunque todos hemos visto como la trata y sabemos que sería imposible, pero quien sabe. Selene sintió algo pesado en su pecho. Sabía que llegaría el día en el que Nikolas volviera a tener a alguien, pero no esperaba que fuera tan pronto y mucho menos Karen. ☆☆☆ Todos los chicos y sus esposas estarían en el crucero por el Caribe con Selene y Gabriel. Ocho días en el mar recorriendo algunos países. Salieron desde Miami, luego irían a Jamaica, Islas Caiman, Mexico y Las Bahamas. Las parejas gastaron unos 10 mil dólares por ese pequeño viaje para compartir. Las habitaciones eran preciosas y estaban cerca unos de los otros. Selene había decidido dar un paseo sola para ver como era el barco. Desde que Gabriel le comentó sobre el pedido de Nikolas, nunca volvió a salir de su mente. Cada uno llegó por su cuenta, así que no sabía si estaba con Karen en el crucero. El mar era completamente relajante y era la primera vez que estaba en algo tan impresionante. No había tenido la oportunidad de hablar con las chicas, pero esperaba verlas en la cena después de que atendieran a sus esposos. Ella también debería, solo que las cosas con Gabriel no eran así. —¿Qué te tiene tan pensativa? —suspiró al escuchar a Nikolas. Realmente él no le hacía ningún bien y ahora estaba atrapada ocho días en su mismo espacio—. ¿Serás sincera y me dirás por qué te desagrado tanto? Aunque esperaría a que me dijeras por qué huyes de mí... Miró de reojos que se había puesto cerca de ella, pero no tanto. Echó un vistazo hacia el interior y no vió a nadie. Estaban en el salón de bufetes. —Antes eras más habladora y nos llevábamos bien. ¿Qué pasó? De un día para el otro empezaste a huir de mí y no me dejaste acercar más. —Karen se va a molestar si te ve conmigo —fue lo único que dijo, Nikolas sonrío, pero le dolió su indiferencia. —¿Qué demonios te pasa conmigo, Selene? —la acorraló—. ¿Te gusta que sea rudo contigo? ¿Quieres que te trate jodidamente mal para que me mires y me logres decir que te hice? —Trátame mal si te da la gana... las cosas entre nosotros no van a cambiar —intentó alejarse—. Suéltame, Nikolas. —¿Por qué? ¿Tienes miedo de tu esposo? Él no es nadie comparado conmigo... —Es lo suficientemente hombre para darme mi puesto —lo interrumpió. —Pues te está enviando a la boca de lobo, cariño —pasó su nariz sobre la de ella—. Por favor... háblame, dime que fue lo que hice mal... —¿Me creerías si te digo algo sobre Daphne? —lo miró esperanzada. —Ella fue mala con todos, pero contigo no. Me lo dijo mientras lloraba, Selene —y la esperanza se fue por el drenaje. —Siempre te manipuló con esas lágrimas de cocodrilo —suspiró y apartó la mirada—. ¿Puedes soltarme? —Puedo creer que Karen fue mala contigo, pero no ella. —Ya suéltame... —dijo con un nudo en la garganta. —Selene... —Nikolas puso sus manos en las mejillas de la chica—, ¿qué hice mal? Yo siempre estuve para ti y tú simplemente empezaste a escapar. ¿Por qué cambiaste tanto conmigo? —Porque Daphne me lo prohibió. El dolor en los ojos de Nikolas fue fugaz y ella logró verlo. Por eso él se apartó de su lado. —Está bien que no me lo quieras decir, pero no manches la memoria de alguien que te amaba y era tu mejor amiga —le pidió. —Entonces ya no tengo nada que decir por qué esa es mi verdad —y se fue. Nikolas vió al cielo que estaba tan azul y el sol brillaba de una manera preciosa. —Ni siquiera pude decirte que te veías preciosa con ese vestido turquesa, Selene —dijo Nikolas a la nada.—Le toqué el pene a Nikolas en un momento de rabia —dijo Selene, haciendo que Alice, se cubriera la boca, Nicole se riera y Aysel se ahogara con jugo.Las cuatro mujeres se encontraban compartiendo en la cubierta del crucero. El capitán había informado que en unas horas llegarían a Jamaica. El primer día se vieron muy poco porque cada una estaba metida en su mundo y Selene, trataba de permanecer alejada de Nikolas. Su habitación fue el escondite perfecto cuando veía que el mafioso estaba cerca.—Yo les dije que Nikolas iba a encontrar un hueco para buscar a Selene —habló Alice.—Nunca me comí ese cuento de que él te veía como una hermanita —dijo Nicole.—Aunque fuiste tú quien lo tocó, él te llevó a eso —carraspeó Aysel—. ¿Qué harás ahora? Estamos encerrados aquí por siete días y dudo mucho que tengas oportunidad de seguir corriendo.—Tengo oportunidad. He encontrado lugares en donde esconderme sin que nadie sepa de mí —sonrió la pelinegra—. Nikolas quiere saber por qué sigo huyendo y
Selene se había terminado de bañar cuando escuchó la puerta de su habitación cerrar con fuerza. Ella tenía una toalla en la cabeza cubriendo su cabello húmedo. Con una pijama de lunas salió del baño y miró a su esposo que estaba totalmente cabreado.Gabriel tenía treinta y ocho años, cabello negro y de tez bronceada. Era serio y bastante malo con las personas que se metían con él, pero tenía límites en cuanto poder. No era un gran mafioso, había dinero y era dueño de los suburbios en Alemania. A Selene le daba igual sus negocios y si se trataba del Sacerdocio, inmediatamente supo que su mujer no diría nada. El alemán no soportaba la manera en la que Nikolas acechaba lo que era suyo. Estaba cansado de ver como la deseaba y ni siquiera se molestaba en disimularlo.―¿Acaso no te das cuenta? ―le gritó cuando la vió, ella soltó la toalla de su cabello y la dejó en una silla―. Claro que no lo haces. A ellos les aceptas todo porque son tus amigos.―Si me dices que hice podré entenderte, Gabr
Llegaron a una habitación modesta en comparación con la belleza en la que todos se estaban hospedando. Selene miró a la ventana y tenía la misma vista que la de su habitación en el piso de arriba. La noche era calmada y muy diferente a lo que pasó hace casi media hora. Escuchó cuando la puerta se cerró, pero no le dió importancia.Estaba extremadamente segura con Nikolas.El mafioso le pasó seguro a la puerta y se quedó observándola desde donde estaba. Esa había sido su costumbre durante los últimos años. Verla a lo lejos, echarla de menos a la distancia y anhelar su contacto. Una de las cosas que más lamentaba con su cambio tan repentino era eso, la bonita relación que crearon juntos.Selene suspiró, eso lo alertó, caminó hacia ella y se puso a su lado. La mujer se tensó al inicio, pero estaba tratando con todas sus fuerzas quedarse en el mismo lugar que él.—La puerta está cerrada, pero puedes salir corriendo por la ventana y lanzarte al mar. Lo más probable es que algo ahí abajo te
Nikolas se sintió extraño, ya que era la primera vez que estaba en el interior de Selene. Solo que tuvo una especie de Déjà vu. Algo inexplicable e ilógico. Y no se movía mientras esperaba a que Selene se relajara. Sí nunca habían estado juntos, ¿por qué sintió que sí? Solo la besaba y acariciaba con ternura. Se sentía pleno y satisfecho. Si podía simplemente quedarse así, se daba por hecho. Nikolas era dominante en el sexo y le encantaba hacerlo duro, ya que siempre lo hacía con prostitutas caras o Karen, y nunca le importó si les dolía, pero con Selene, esperaba no lastimarla y no hacerlo tan fuerte para que ella disfrutara el momento.Que sería el inicio de todo un torbellino de problemas, pero no tendría final.Nunca.—Eres tan bonita —dijo ronco, al dejarla de besar, Selene hizo una mueca porque hace más de tres meses que no estaba con alguien—. ¿Te estoy lastimando? Puedo salir de ti...—No, es que es diferente... —claro que lo era. La primera vez que estuvieron juntos pudo má
Nikolas y Selene pasaron la mejor noche de su vida. Hubo mucho sexo y pocas palabras. Jugaron como niños y decidieron guardar el secreto de lo que habían hecho. Nikolas le dió un periodo de tiempo bastante limitado a Selene. Exactamente, una semana y anunciaría todo cuando llegaran a Grecia. Solo que la pelinegra tenía otros planes. Como por ejemplo, que el mafioso aceptara lo que Daphne le había hecho.La puerta de la habitación fue abierta, mostrando a Selene dormida y el lugar vacío. Gabriel abrió a patadas el restante de las puertas y el closet. La chica abrió los ojos y miró a su esposo como un ogro rabioso. Se estiró y sintió la tensión de su cuerpo.«Estúpido hombre que no se saciaba con nada», pensó, aguantando la sonrisa.—¡¿En dónde está?! —le gritaba, con acento alemán—. ¡¿En dónde demonios está, Selene?!Se frotó los ojos y lo siguió con la mirada.—¿De quién me estás hablando, Gabriel? —la inocencia en esa voz lo cabreó más.—No apareciste en nuestra habitación en toda l
El resto del viaje en el crucero fue sin inconveniente. Debido a la molestia que tenía Gabriel, pasó por alto el tener relaciones con Selene. Estaba buscando la manera de no tener que recibir al Sacerdocio o a sus esposas a su clan. El tiempo pasaba y más se frustraba en pensar en que su hermoso pajarito iba a volar lejos de su jaula de oro. ¿Qué pasaría si Nikolas y ella hablaban? Él no tenía el poder suficiente para enfrentar al mafioso, pero haría hasta lo imposible para que ellos no tuvieran el mínimo contacto. Sabía que Selene no lo amaba, pero tampoco iba a compartirla. Se la dió, así que ella le pertenecía y nadie se la tenía que quitar.—Selene, ¿por qué simplemente no te conocí antes? —se lamentó el alemán, mientras las esposas de los tres mafiosos se instalaban en la habitación con su esposa.Hasta al perro feo de Irlanda se habían traído a su casa.—Gabriel, voy a llevar a mis amigas a que conozcan el albergue en donde suelo trabajar. Ahí están las mujeres del clan, así qu
Selene estuvo serena durante todo el tiempo que estuvo con las chicas. No quería levantar sospechas y solo quería hablar con Nikolas sobre lo que estaba pasando con Gabriel. Nunca supo cuando fue el momento en el que el alemán cambió tanto. Un día estaban bien y de la noche a la mañana empezó a darle empujones o esos arrebatos extraños. La griega le tenía bastante miedo, pero más miedo le tenía a Nikolas y a lo que pudiera hacerle a Gabriel. Sabía que todavía no la había golpeado, pero después de pensarlo tanto, no quería que el hombre muriera por un empujón. Eso acabaría con la poca estabilidad mental que le había dejado Daphne.No sabía que el hombre al que le puso sus ojos aun siendo una niña, le traería tantas cosas de adulta.—¿Qué pasa, Selene? Tú no eres cobarde, así que puedes decirle las cosas a Nikolas. Le daré una oportunidad más a Gabriel y si la pierde, las consecuencias no dependerán de mí —susurró, viéndose al espejo. Tenía su pijama puesta, lista para dormir. Su perí
¿Cuánto tiempo tuvo que pasar para que Nikolas supiera que algo andaba mal? Serían unos minutos. Selene no se quitaba los pendientes que le habían regalado y que le servían de GPS al mafioso. Por eso le pareció extraño cuando era casi medianoche en Alemania y Selene estaba saliendo de su casa muy rápido.Era la una de la madrugada en Grecia y tenía entendido que ella solo salía si Gabriel se lo permitía. Las chicas habían comentado en el grupo que ya más bien se iban a acostar. Los empleados de la casa les estaban mostrando una sala de cine y Selene se había ido a bañar. —¿En cuánto tiempo se baña una mujer? —preguntó en voz alta, viendo su reloj, que ella iba cada vez más lejos de esa casa.Nikolas acababa de terminar un trabajo con un banquero. Ahora era accionista en un banco. Miró a Spencer que estaba extrañado con esa pregunta.—¿Lo preguntas por Selene? —se sintió idiota porque era más que obvio, pero bueno, tenía sus días—. Probablemente, una media hora. Si se lava el cabello